SERIE DIDÁCTICAS

La biotecnología en el aula

La investigadora Maricel Occelli analiza y explica cómo esta disciplina se puede incorporar a las clases.


Un antecedente importante para definir a la biotecnología es el Convenio sobre la Biodiversidad de 1992 que establece: “Se entiende por biotecnología a toda aplicación tecnológica que utilice sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para crear o modificar productos o procesos para usos específicos”.  La biotecnología se puede entender como un trabajo colaborativo entre especialistas de diferentes áreas científicas y tecnológicas.

Maricel Occelli, doctora en ciencias de la educación, docente e investigadora CONICET en el Departamento de Enseñanza de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Córdoba (UNC-CONICET), sostiene que el estudio de la biotecnología resulta de vital importancia porque constituye la base de los desarrollos científico tecnológicos actuales: el mejoramiento de los cultivos, la conservación y la producción de nuevos alimentos, en el ámbito de la producción de energía, o en el cuidado medioambiental, por ejemplo.

 

¿Qué es la didáctica de la biotecnología?

La didáctica de la biotecnología toma aportes de la didáctica de las ciencias experimentales y de la tecnología, aún se encuentra en desarrollo, y estudia las prácticas de enseñanza de esta tecnociencia.

La biotecnología se puede abordar desde diferentes disciplinas como biología, formación ciudadana, tecnología, química y física haciendo hincapié en los aportes de cada una. Sin embargo, Occelli considera que también es importante trabajar por proyectos siendo esta una de las mejores estrategias didácticas. “Es un modo creativo de abordar estas temáticas, los estudiantes son los protagonistas en la construcción y gestión del conocimiento, brindándoles herramientas para su desarrollo autónomo”, explica la investigadora.

“La biotecnología se caracteriza por presentar debates en la sociedad que desde la didáctica de las ciencias entendemos como cuestiones socio-científicas que ponen en juego diferentes aspectos éticos, económicos, ambientales, culturales y sociales, entre otros”, aclara la investigadora y, reflexionando sobre el rol de esta ciencia en el desarrollo del pensamiento crítico, agrega: “En la actualidad leemos muchas noticias falsas que se refieren a cuestiones biotecnológicas, por ello es necesario trabajar en el desarrollo de criterios que permitan analizar, cuestionar, reflexionar y tomar una posición”.

 

¿Cómo trabajar esta disciplina en el aula?

“Una estrategia de gran interés es la visita a centros e instituciones de desarrollo biotecnológico como parte de un proyecto didáctico para aprovechar al máximo la experiencia educativa” explica. Dependiendo de los recursos con los que se cuente en el aula, la investigadora sugiere a los docentes desarrollar experimentos sencillos relacionados con procesos biotecnológicos como la producción de pan, fermentos o alimentos. También recomienda aprovechar los múltiples recursos digitales que proveen las tecnologías de la información y la comunicación para enseñar a través de simulaciones, laboratorios virtuales y videojuegos.

La investigadora considera que la biotecnología se caracteriza por relacionar los contenidos curriculares con las temáticas actuales de debate social y que es una oportunidad para despertar el interés de los jóvenes con casi cualquier contenido científico.

“Si fuéramos a enseñar acerca del ADN, un contenido clásico de biología, se puede abrir la temática y hablar sobre los múltiples desarrollos biotecnológicos de actualidad, por ejemplo analizando los protocolos de las vacunas actuales para el virus del COVID-19, la clonación humana, la resolución de casos policiales o la identificación de personas desaparecidas a partir de muestras biológicas”, ejemplifica la doctora que también es parte del grupo de trabajo EDUCEVA CienciaTIC conformado por docentes, investigadoras e investigadores y extensionistas que buscan integrar las tecnologías de la información en la educación de las ciencias naturales.

 

 

Por Camila Hroncich