21/04/2016 | Ciencias Biológicas y de la Salud
Las vacunas de los vacunos
Los bovinos son susceptibles a distintas enfermedades infecciosas causadas por virus, bacterias y parásitos. Un equipo de investigadores del CONICET trabaja en el desarrollo de vacunas para tratarlas.
Ángel Cataldi, investigador principal del CONICET. Foto: gentileza investigador.

Tos persistente, fiebre y pérdida de apetito y peso, estos son tan solo algunos de los síntomas que provoca la tuberculosis en humanos. Esta enfermedad contagiosa es causada por Mycobacterium tuberculosis, una bacteria que generalmente afecta a los pulmones. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, en la Argentina se registra una tasa de 23,2 casos cada 100 mil habitantes. Sin embargo, el hombre no es el único afectado por la tuberculosis: el ganado vacuno también puede sufrir la tuberculosis bovina (TB) que es transmitida por una bacteria similar llamada Mycobacterium bovis. Su principal hospedador son las bovinos pero también puede infectar a un amplio rango de mamíferos como cabras, gatos o fauna salvaje. Asimismo, esta enfermedad puede ser transmitida al ser humano (zoonosis).

“Clínicamente es muy similar a la humana, afecta al aparato respiratorio y es de localización pulmonar. En Argentina aproximadamente entre un 0.5 y 2 por ciento de las tuberculosis humanas están causadas por Mycobacterium bovis, comúnmente son personas que trabajan en frigoríficos o tienen ocupaciones rurales en contacto directo con los bovinos tuberculosos. Son dos bacterias sumamente relacionadas a nivel genético y causan cuadros clínicos similares”, aclara Ángel Cataldi, investigador principal del CONICET en el Instituto de Biotecnología del Centro de Investigación en Ciencias Veterinarias y Agronómicas (CICVYA) del INTA.

A diferencia de los humanos, los síntomas que tienen los bovinos son muy moderados, tiene que estar muy avanzada la enfermedad para que haya adelgazamiento o caquexia – pérdida de la masa corporal que no se puede revertir desde la nutrición-. A pesar de ello, la bacteria afecta significativamente al ganado al reducir la producción de leche y carne. Además, estar libre de esta enfermedad es un requisito para la exportación de carne y es de importancia sanitaria por sus características zoonóticas.

“Hace tres años el 1 por ciento de los bovinos en frigoríficos eran decomisados total o parcialmente porque se encontraban lesiones compatibles con TB. Esa cifra es lo visible pero indica que también hay una infección no visible y se detecta porque da positivo el diagnóstico oficial que es el test de la tuberculina que es similar a nuestro método de Mantoux -técnica estándar para determinar si una persona está infectada con Mycobacterium tuberculosis-. Eso permite inferir que alrededor del 3 por ciento de los bovinos de Argentina están infectados y como pasa muchas veces en el ganado lechero, esas cifras suben porque están muy en contacto entre ellos, la densidad de animales es mucho mayor que en la ganadería de carne”, explica Cataldi.

En este sentido, advierte que el único diagnostico oficial es la reacción de la tuberculina, una inyección intradérmica con antígenos para comprobar si se ha producido contacto con Mycobacterium bovis. “Cuando se hace inspección en frigorífico, la lesión que se toma y se decomisa por parte del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) o del veterinario de la planta se tendría que mandar a cultivar pero pasa bastante poco”, dice.

A partir de un trabajo publicado por el equipo de Cataldi, en la revista internacional, Foodborne Pathogens and Disease, sobre una alternativa de diagnóstico de la enfermedad, se generó una normativa en la provincia de Santa Fe, cuenca lechera del país, que ya se está aplicando. De este estudio participaron investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL): Martín Zumárraga, Ana Canal y Adriana Soutullo, del INTA de Rafaela y del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias “Dr. Emilio Coni” (INER) dependiente de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud “Dr. Carlos G. Malbrán” (ANLIS).

“Cada tambo tiene un tanque de enfriamiento donde se deposita la leche que se juntó en el día. Se planteó un método muy sensible que permite detectar en todo el del tanque si hay un porcentaje de animales infectados en ese establecimiento, es un screening – estrategia aplicada para la identificación de patologías- que detecta la presencia del ADN del patógeno. Este método es mucho mejor que el cultivo porque este suele contaminarse. Mycobacterium bovis es una bacteria de crecimiento lento y por ello en los cultivos generalmente se desarrollan hongos u otros microbios pese a que se decontamina el material. Al detectar el ADN por la reacción en cadena de la polimerasa (PCR por sus siglas en inglés) es más eficiente que el cultivo tradicional”, asegura el investigador.

El método clásico que se aplica a nivel mundial y en el país para la erradicación de la TB es la identificación del animal presuntamente infectado por Mycobacterium bovis y su eliminación. Sin embargo, Cataldi advierte que hay una tendencia que surge en investigaciones en Nueva Zelanda e Inglaterra que es la vacunación de los animales con BCG, la vacuna que se aplica en humanos para protegerlos de la tuberculosis.

Con el equipo de Fabiana Bigi, investigadora independiente del CONICET en el CICVYA, se logró mutar genes de la bacteria y esas cepas pasaron de ser patogénicas a ser atenuadas tanto en bovinos como en modelos de animales de laboratorio y esto podría servir para desarrollar otro tipo de vacuna. Hicieron una mutación racional porque analizaron el genoma y vieron qué gen podían mutar para que la bacteria pierda virulencia.

Uno de los objetivos del trabajo era ver si servían como vacuna, poniendo bovinos es establos de bioseguridad, vacunándolos primero y luego infectándolos con Mycobacterium bovis, con la cepa del patógeno virulento. Los resultados fueron alentadores, la próxima etapa es trasladar el experimento a campo en un establecimiento por ejemplo de tipo feed lot que tenga una alta incidencia de TB, vacunar a los animales y ver si en comparación con un grupo control no vacunado resultan protegidos.
“No pensamos que la vacunación vaya a sustituir la campaña de control y de erradicación pero sí pensamos que puede ser una alternativa para introducirlo en la campaña y erradicar la TB más rápidamente”, concluye Cataldi.

 

La bacteria bovina que más afecta al hombre

Escherichia coli enterohemorrágico es el patógeno causante del Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), una enfermedad que afecta principalmente a niños y genera trastornos renales severos que pueden incluso producir la muerte. Este Síndrome está asociado al consumo de alimentos, como carne mal cocida o vegetales contaminados con la bacteria.

Argentina presenta la mayor tasa de incidencia mundial de SUH en niños menores a 5 años de edad, según datos del Ministerio de Salud de la Nación y esto probablemente se deba al alto consumo de carne per capita sin tomar los recaudos necesarios, como una cocción adecuada.

“Hace doce años hicimos un trabajo de screening en frigoríficos para ver cuál era el estado de situación en nuestro país porque aparte de tener una aplicación concreta en afrontar este problema que en el país es muy grave, no se sabe por qué el país tiene la más alta incidencia de esta enfermedad en el mundo. Encontramos que en el ganado argentino, al menos en frigorífico, la res tiene una alta prevalencia de estas bacterias. Luego pasamos a una fase de investigación que era poder diseñar estrategias para impedir que el intestino del bovino sea colonizado por estas bacterias”, explica Cataldi.

El investigador advierte que en el bovino no causa enfermedad sino que es el reservorio para la infección en humanos. La bacteria queda en la carne porque cuando el animal está vivo en el campo, el cuero se contamina y esa es la principal fuente de contagio y no tanto sus vísceras.

“A través de lo que sabemos que es biotecnología y biología molecular, analizamos cómo hacer para disminuir la colonización de E. Coli enterohemorrágico en los intestinos de las vacas y pensamos en vacunas y en eso trabajamos junto a los Dres. Vilte y Mercado. En tuberculosis, la respuesta inmune que uno busca es celular o sea activar linfocitos y acá lo que se busca es crear anticuerpos, no buscamos mutar la bacteria sino inyectar antígenos y ver si se producen anticuerpos que lleguen al intestino y que bloquean la adherencia de la bacteria a un segmento específico que tiene el bovino que es la juntura recto-anal, donde las bacterias van y se amontonan. No quiero ser absolutista de la inmunología y las vacunas porque hay otros enfoques para combatirla como rociar la res con ácidos compatibles con los alimentos. Actualmente se han mejorado los procedimientos en el frigorífico y también hay otras cuestiones de manejo en el campo como darles probióticos para eliminar las bacterias del intestino”, aclara.

Por Cecilia Leone.