25/10/2016 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
La inserción de la neurociencias en los estudios clínicos
El 28 y el 29 de octubre se realizarán en el Polo Tecnológico las IV Jornadas Síndrome X Frágil Argentina, con el auspicio del CONICET.
Agustín Ibáñez. Foto: CONICET Fotografía

El Síndrome de X Frágil (SXF) es una enfermedad genética del neurodesarrollo poco frecuente –aproximadamente una de cada 4 o 5 mil personas la tienen- cuyo efecto principal es el deterioro cognitivo. Se puede padecer total o parcialmente y es causada por mutaciones en un gen denominado FMR1, que tiene como función principal producir la proteína FMRP, esencial para el desarrollo cerebral.

El 28 y el 29 de octubre tendrán lugar en el Centro cultural de la Ciencia (C3) las IV Jornadas SXF Argentina organizadas por el Instituto de Ciencias Cognitivas y Traslacional (INCYT, CONICET-INECO-Fundación Favaloro), la Asociación de Padres de X-Fragil de Argentina y Patricia Cogram, investigadora de FRAXA -organización estadounidense dedicada al estudio del SXF- y co-directora de Neurología Traslacional en el INCYT.

“Por lo general, las familias con parientes con este tipo de enfermedades cerebrales poco comunes se encuentran bastante desamparadas porque las terapias para tratarlos resultan poco eficientes y no están demasiado difundidas. La idea principal del evento es juntar a expertos a nivel mundial con familiares de chicos con SXF para estos puedan tomar contacto con las investigaciones que se están desarrollando actualmente para tratar esta patologías y las complejidades que tienen que afrontar”, afirma Agustín Ibáñez, investigador independiente del CONICET y director del INCYT.

Aunque la forma que actúa el SXF se está empezando a entender, se sabe que produce atrofia de las regiones hipocampo. El hipocampo es un área particularmente crítica para el aprendizaje en general dado que está vinculada tanto la memoria como la cognición espacial. Se trata de chicos que sufren déficit intelectual, y más del 80 por ciento tiene además trastornos de atención e hiperactividad y alrededor de un 20 una patología epiléptica convulsiva.

De acuerdo con el investigador, al ser una enfermedad poco frecuente su detección es compleja. Aunque en la mayoría de los casos los chicos que la sufren tienen características faciales particulares que hace fácil se detección, muchas veces esos rasgos no están presentes y pueden padecer SXF total o parcialmente sin que sus familiares lo adviertan.

“Es importante que cualquier chico que tenga retraso madurativo o autismo, que son los dos trastornos típicamente asociados con el SXF, se haga los estudios correspondientes. Si bien el prediagnóstico es clínico, el diagnóstico definitivo requiere de un estudio genético”, afirma Ibáñez.

Una de las dificultades en el desarrollo de estrategias terapéuticas contra enfermedades neurodegenerativas como el SXF es el hiato que se produce entre los estudios experimentales con animales en el laboratorio y los que se realizan a nivel clínico con chicos que padecen estas patologías. Mientras los primeros se concentraran en los cambios a nivel molecular y poco en los conductuales, los segundos se focalizan casi exclusivamente en la conducta y no prestan atención a lo que ocurre a nivel cerebral.

“En animales no se puede reproducir la sintomatología cognitiva al nivel que ocurre en los humanos, con déficits intelectuales complejos. Y en los trabajos con pacientes los ensayos clínicos que se hacen en general son pobres, se hace poco seguimiento de los cambios a nivel cerebral por influencia de los fármacos, no solo en lo inmediato sino sostenidos en el tiempo”, comenta el investigador.

Un aspecto que se buscará discutir en las IV Jornadas SXF es justamente la posibilidad de valerse de las de las ciencias neurocognitivas para estudiar los efectos de los fármacos en el tratamiento de patologías del neurodesarrollo como el SXF. Se trata de distintas técnicas complejas que permiten analizar diferentes aspectos del cerebro, como el volumen de las paredes laterales, la comunicación entre sus partes o percibir cambios a nivel de los neurotrasmisores.

“Así es como las neurociencias cognitivas se pueden insertar en el estudio clínico de los test farmacológicos. Lo que se espera es que permitan detectar cambios sutiles –difíciles de percibir a nivel conductual- que abran caminos de intervención más específicos y así poder desarrollar estrategias que refuercen terapéuticamente los cambios positivos”, asegura Ibáñez. Bajo esta búsqueda es que el INCYT se apronta a realizar por primera vez en Argentina y en la región a realizar un estudio de SXF con medidas neurocientíficas.

Estas y otras cuestiones, vinculadas a los últimos avances en el estudio del SXF, serán puestas en discusión por especialistas en la materia durante las jornadas.

Miguel Faigón