SERIE MI CAMINO A LA CIENCIA

“La ciencia es un legado que construímos entre todos”

Beatríz Aráoz es investigadora del CONICET y se especializa en el desarrollo de biomateriales para la regeneración de tejidos óseos. Un camino de vocación guiado por el deseo de salvar vidas.


“Esa fascinación por entender y transformar la materia, junto con el deseo de ayudar a los demás, fue el motor que me llevó a elegir la química como vocación”, cuenta Beatriz Aráoz,  doctora en Química e investigadora del CONICET en el Laboratorio de Biomateriales, Biomecánica y Bioinstrumentación (Lab3Bio) del Instituto de Tecnologías Emergentes y Ciencias Aplicadas (ITECA, CONICET-UNSAM).

Un laboratorio llamado naturaleza

“De chica no tenía un kit de química ni un microscopio, pero mi jardín era una especie de laboratorio”, afirma Aráoz cuando habla de su “infinita curiosidad” por observar insectos y plantas y ver cómo se movían y comportaban sus mascotas. Al momento de experimentar “construía casitas con ladrillos, maderas o barro para ver cuáles resistían más, y hacía ´mejunjes´ con hojas, flores o pasta dental, atenta a los resultados” relata la científica y sostiene: “Todo era parte del juego, mezclado con aprendizaje”.

“Crecí en una familia que siempre estimuló el saber y el cuestionamiento de todo”

Fue en su primera clase de Química en la Facultad de Ciencias Exactas (Universidad de Buenos Aires) que escuchó hablar por segunda vez sobre el movimiento browniano. En ese entonces Aráoz, como estudiante, atendía a una clase en que el profesor, con acento alemán, explicaba el movimiento de los átomos. “Me emocioné al recordar las tardes de primavera con mi papá mirando las mosquitas revolotear, mientras me explicaba el movimiento browniano”, rememora la investigadora.

A finales de los 80, junto a sus padres, participó de una de las primeras jornadas de “Puertas abiertas” en la Fundación Campomar (hoy Instituto Leloir). Allí, vió por primera vez plantas creciendo en tubos de ensayo bajo luz artificial y sin tierra y le pareció mágico. “Me atrapó ese universo de pasillos, frascos de vidrio y gente en guardapolvo blanco; no me fijé si eran hombres o mujeres, solo supe que, si quería, yo también podía estar ahí”, sentencia la científica. “Al volver a casa – cuenta – empecé a ‘investigar’ cómo evolucionaba el té con leche en mi habitación, observando día a día cómo se separaba en fases y crecían hongos”. En ese sentido, Aráoz remarca “crecí en una familia que siempre estimuló el saber y el cuestionamiento de todo”.

Mi camino a la ciencia en el CONICET

Sus primeros pasos hacia la investigación fueron como estudiante de la Licenciatura en Química, colaborando en un laboratorio de microbiología. “Buscábamos, junto a otros estudiantes e investigadores, cómo disminuir la contaminación en ríos y mares con bacterias que degradan contaminantes; queríamos ‘curar’ el medio ambiente”, afirma la especialista y agrega: “fue mi primer contacto con el impacto ambiental de la ciencia y donde descubrí la existencia del CONICET y cómo funciona el sistema científico argentino”.

Según Aráoz, “estar rodeada de estudiantes apasionados por las mismas preguntas, aportando ideas y construyendo en equipo, hizo que el trabajo diario fuera increíblemente motivador: fue descubrir el aspecto colaborativo de la ciencia”. Más tarde, tuvo la oportunidad de trabajar en una empresa farmacéutica que complementó su formación y reforzó sus ganas de generar conocimiento y aportar respuestas a la sociedad. “Así me postulé a una beca doctoral del CONICET en el Grupo de Fotoquímica de la UBA, donde aprendí a diseñar experimentos, ser crítica con los resultados y enfocarme en preguntas relevantes”, asegura.

Biomateriales e impresión 3D para regenerar el cuerpo

Como investigadora del CONICET estudia cómo los biomateriales y la impresión 3D pueden ayudar al cuerpo a regenerarse cuando ha sufrido un daño extenso, como en un trauma,  tras la remoción de un tumor o tras un ACV (accidente cerebro vascular). “Desarrollamos andamios personalizados que mimetizan el tejido natural del hueso para que el organismo lo reconstruya con sus propias células; mientras el tejido se sana, el biomaterial se degrada hasta desaparecer”, explica Aráoz.

Según detalla la especialista, estos dispositivos evitan complicaciones a largo plazo y reducen cirugías secundarias para removerlos, algo fundamental en niños en etapa de crecimiento; poniendo el énfasis en la diferencia sustancial con el titanio que acompaña al paciente toda la vida. Además, sostiene: “los biomateriales poliméricos con los que trabajamos están producidos por bacterias, con menor impacto en el medio ambiente ya que evitamos el uso de derivados del petróleo”.

La debilidad como oportunidad: la historia de Valentino

“Toda esta experiencia nos permitió dar respuesta a una enfermedad poco frecuente de las vías aéreas: la broncomalacia, una debilidad congénita en bronquios que afecta a 1 de cada 65 mil bebés y provoca colapsos respiratorios poniendo en riesgo la vida”, precisa Aráoz. Junto al  Dr. Gastón Bellía Munzón cirujano infantil de Valentino, un bebe de 7 meses que padecía broncomalacia, y colegas del Laboratorio de Biomateriales, Biomecánica y Bioinstrumentación (Lab3Bio)  desarrollaron un exoesqueleto impreso en 3D biocompatible, una estructura externa que abraza el bronquio por fuera para mantenerlo abierto. Esto permitió a Valentino respirar por sí mismo, sin necesidad de asistencia mecánica para la respiración, ni medicación especial, ni cirugías para retirar el exoesqueleto, ya que este desaparece al cabo de un tiempo tras cumplir su función. De esta manera, lograron adaptar una tecnología estadounidense creando una solución trescientas veces más económica y accesible a esta región.

“Ver a estos niños crecer y volver a respirar nos demuestra el inmenso valor de la ciencia en la Argentina: con excelencia académica, articulación y una inquebrantable voluntad de trabajo, demostramos que desde nuestro país podemos ponernos a la altura de las mayores exigencias y salvar vidas”, reflexiona la investigadora.

“El momento mágico, ese instante en que entendemos un poco más, es mi motor”

La ciencia la sigue sorprendiendo, como cuando era niña y buscaba entender la naturaleza, y hoy, por tener nuevos desafíos por delante. “El momento mágico, ese instante en el que entendemos un poco más cómo se comportan nuestros biomateriales y cómo podemos aplicarlos de una forma novedosa y útil, es mi motor”, confiesa la especialista.

“La ciencia es un legado que construimos entre todos, de forma colectiva”, sostiene y, en relación a ello, reconoce que la “motiva trabajar en un grupo interdisciplinario con gente que comparte esta pasión, y saber que lo que hacemos impacta en el conocimiento científico internacional y en la sociedad”. Además, en su rol de docente en la UNSAM plantea, “compartir esta pasión con jóvenes estudiantes y transmitirles todo lo aprendido, tras aciertos y errores, es un honor”.

Transformar el futuro formando el presente

Como egresada de la universidad pública e investigadora del CONICET, Aráoz considera que es un privilegio contribuir a la ciencia, pero, además, a la educación de quienes van a transformar el futuro.

He aquí su mensaje a quienes quieran transitar los caminos de la ciencia: “Les pido que se animen, que confíen en sí mismos, que no se comparen con nadie, aprendan y conserven intacta la capacidad de sorprenderse y emocionarse con la naturaleza. Anímense a resolver lo que parece imposible y afrontar desafíos gigantes. Formarse cuesta y es un camino exigente; quienes ya pasamos por ahí lo sabemos, y por eso valoramos infinitamente el esfuerzo de quienes hoy lo están transitando. ¡Vale la pena!”

Por Florencia Verrastro

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