01/11/2013 | CICLO DE ENTREVISTAS CONICET
Individuo, razón y derechos: “Hay una disputa por algunas de esas palabras que no siempre es perceptible”
Una investigadora del CONICET analiza términos y prácticas actuales pero que empezaron a concebirse en una época en particular.

Muchas definiciones y prácticas que en la actualidad concebimos como naturales o de sentido común empezaron a delinearse como tales durante la Modernidad Temprana que abarca los siglos XV y XVIII.

Términos que connotan a la Modernidad como libertad, racionalidad, individualismo y alteridad y ciertas prácticas jurídicas y políticas asociadas de algún modo con ellos, se imponen a partir de cierta secularización de los Estados y sus pugnas con otros actores por monopolizar la tributación, la legislación y el territorio.

La investigadora adjunta del CONICET en el Instituto “Gino Germani” de la UBA, Cecilia Abdo Ferez, autora del libro recientemente publicado “Crimen y sí mismo. La conformación del individuo en la temprana modernidad occidental” y co-compiladora (junto con Rodrigo Ottonello y Alejandro Cantisani) de “La bifurcación entre pecado y delito. Crimen, justicia y filosofía política de la modernidad temprana”, describe el sedimento histórico que portan esos conceptos, a los que percibe como aún en disputa.

 

¿Los términos y los conceptos que empiezan a definirse durante este período al que denomina Modernidad Temprana, son influyentes en la formación del sistema capitalista?

No se puede decir que el surgimiento del capitalismo en la Modernidad Temprana se explique de algún modo causal por el desarrollo de ciertas ideas. Pero sí que en este período surgen conceptos e ideas que están anclados en la conformación de lo que Immanuel Wallerstein llama “sistema-mundo”, y que a su vez tienen la capacidad de extenderse global y desigualmente. Sin estas nociones no se podría entender el capitalismo, al menos en la forma en que lo experimentamos.

¿Cuáles serían entonces esos términos?

Nociones como las de autonomía, perfectibilidad, sujeto responsable; ciertas ideas de tiempo e individualidad; cierta concepción de igualdad y desigualdad,-que se da a la vez que se implementan mecanismos concretos de desigualación social y cultural como la servidumbre y el esclavismo- tejen un complejo de ideas-prácticas que son condición necesaria para la conformación del capitalismo. Ahora, la suma de todas ideas no hace un sistema capitalista, porque las ideas no pueden pensarse como rocas que uno podría acumular, poner en un lado y sacar de otro, sino como fuerzas que se modulan, se transforman, de acuerdo a dónde y cómo se anclan, en quiénes, en reacción o contrapeso de qué, a favor de qué, en qué lenguas se dicen.

Sin embargo, hay palabras que se configuran durante la Modernidad Temprana y que en la actualidad tienen un peso cultural de importancia.

Hay ciertos términos que efectivamente continúan teniendo peso en nuestra Modernidad. Hay una disputa por algunas de esas palabras que no siempre es perceptible. No sé si todo el mundo sabe hoy qué dice cuando dice “derechos” y sin embargo, incluso ese no saber activa algún mecanismo de reclamo social por la igualación. Estas disputas pueden enriquecer los términos y las prácticas que ellos habilitan. De algún modo lo que quiero pensar es en qué medida “derechos” fue una palabra que se intercambiaba por “privilegios” de ciertos grupos en el marco de la conformación de Estados modernos, en qué medida se relacionó con el “dominio” de sí y la “propiedad” de las cosas y cómo eso significó la definición de un status diferente para los que no eran “capaces de dominarse a sí mismos”, incluso en sus ecos para la América Latina contemporánea.

¿A que se debe esa continuidad y persistencia de los términos?

El presupuesto del libro que publiqué es que hay una constelación de determinadas palabras, dichas en lenguas geográficamente connotadas y en el discurso de lo que después se volverá la “disciplina” de la Teoría Política, que se vuelven parte del acervo del sentido común moderno, pero que en la Modernidad Temprana no se toman como datos, sino que son modelados en procesos muy batallados.

¿Por qué sería la Modernidad Temprana un caldo de cultivo para la formación de estas palabras, modos de pensar e ideas?

Porque la Modernidad Temprana es un momento constitutivo, un tiempo de lucha por dar forma a lo que vamos a concebir como mundo moderno. Hay disputas entre Estados en formación y las iglesias por configurar al sujeto, entre los diversos grupos al interior de los territorios y por el dominio de los mares, hay luchas entre colonizados y colonizadores, hay migración y división global del trabajo, reintroducción del esclavismo a gran escala. En la Modernidad Temprana, las iglesias van delegando en los Estados en formación (con pocas ganas) su capacidad de castigar a los fieles, pero todavía no puede separarse lo teológico de lo político (cabría la pregunta de si hoy sí se puede hacer).

¿Qué efectos tienen esa naciente separación entre iglesia y Estado en la concepción que los hombres tienen sobre sí mismos?

Para no perder toda capacidad de castigo, esas iglesias conforman a la conciencia del sujeto como un tribunal, como un fuero. Esta idea es central para la Modernidad: cada quién es juez de sí mismo y el serlo genera la responsabilidad por las acciones, que es el fundamento del sistema jurídico. Es más, es racional ser responsable, escrutarse e inteligirse a uno mismo. Se configura así un modelo de racionalidad universal que está sostenido en una idea teológico/moral, la de ser responsable por sí, dueño de sí. Ser moral y ser racional, ser (jurídicamente) responsable, aparecen entonces como una fusión que implica un modo de clasificación global de y en las poblaciones.

¿Qué se entiende por racionalidad en la Modernidad Temprana?

Hay una tendencia a definir la persona racional como aquella que puede distinguir entre el bien y el mal. Por ejemplo, John Locke establece que el que se comporta como un criminal, le “declara la guerra” a la humanidad entera y eso automáticamente lo bestializa. Hay un hilo conductor entre humano y bestia, entre crimen y guerra social cuyo acercamiento se define por las acciones que van en contra o a favor de una convivencia que es tomada como síntoma de racionalidad práctica. Cada vez que en el lenguaje cotidiano se describe un hecho criminal como “bestial”, o se habla de “guerra contra el crimen”, se reactualiza esa continuidad entre lo humano y la bestia como oposiciones morales, oposiciones que sin embargo siempre pueden recorrerse por el sujeto.

Formación
Cecilia Abdo Ferez es investigadora adjunta del CONICET y se dedica al estudio de problemas en torno a la individualidad y los límites del derecho en la modernidad temprana, con énfasis en particular en la obra de los pensadores Baruj Spinoza, John Locke y Gottfried Leibniz. Es Licenciada en Ciencias Políticas por la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y Dr. Phil. en Ciencia Política por la Facultad de Filosofía III de la Universidad Humboldt de Berlín. Desarrolló en 2012 una investigación de Postdoctorado en la Universidad de California (UCLA), Estados Unidos, sobre John Locke y el colonialismo inglés.

Es Profesora Adjunta Interina de la Carrera de Ciencias Políticas de la UBA y del Instituto Universitario Nacional de Artes (IUNA) y co-dirige, junto con Miguel Ángel Rossi, la Revista Anacronismo e Irrupción. Teoría Política Clásica y Moderna, disponible online en la sección Publicaciones del Instituo Gino Germani.

Por Alejandro Cannizzaro