04/09/2015 | CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
Genes del sur: más nativos de lo que pensamos
Análisis de laboratorio y antropológicos demuestran que, en diferentes ciudades patagónicas, existe una fuerte herencia genética amerindia.
La investigadora María Laura Parolín. Foto: Diego Núñez de la Rosa.

¿De dónde venimos? es tal vez la pregunta filosófica más realizada a lo largo de la historia de la humanidad. Desde el imaginario popular argentino, a esa pregunta se la suele responder de una única manera: de los barcos. Los argentinos son los hijos, nietos, bisnietos y tataranietos de aquellos inmigrantes europeos que vinieron al país en busca de un futuro mejor.

Sin embargo, los estudios genético-antropológicos demuestran que los orígenes autóctonos están más presentes de lo que se suele creer y se vinculan a los procesos migratorios y de mestizaje en cada población, a las historias pre y post fundacionales propias de cada lugar. “No es posible generalizar un origen genético ancestral argentino sin dejar de mencionar estas particularidades a nivel regional y local que vamos observando a lo largo de este extenso territorio”, explica María Laura Parolín, investigadora asistente en el Instituto de Diversidad Austral del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET).

Patagonia no es la excepción. El clima, la fauna diversa, la desertificación en algunas regiones o los paisajes nevados cordilleranos no son las únicas características que diferencian a esa región de otras. Parolín, doctorada en bioantropología, participa desde el año 2006 en el análisis de diversidad y reconstrucción de la identidad genética de las poblaciones urbanas del sur del país. Con este enfoque sus estudios han arrojado resultados distintivos en comparación con otras zonas geográficas de la Argentina, y demostró además la existencia de particularidades locales.

La investigadora, nacida en la ciudad patagónica de Comodoro Rivadavia y egresada de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), se ha preguntado en más de una ocasión si existían diferencias sustanciales en la composición genética de las poblaciones de cordillera, costa y meseta patagónica, y en relación a ello si se conservaban las raíces nativo-americanas. Observó que los procesos históricos-sociales y los movimientos migratorios en diferentes ciudades patagónicas habían configurado en sus pobladores actuales una identidad distintiva. Así, sus estudios se orientan a reconstruir la identidad biológica y cultural de las poblaciones y al mismo tiempo a constituirse en una herramienta para la comprensión de los procesos migratorios y de mestizaje de la región austral de Argentina.

Ahora, ¿cuáles son las tecnologías que le posibilitan a la investigadora determinar los orígenes étnicos y acceder a la información necesaria para poder armar el rompecabezas genético y conocer de dónde vienen los antepasados de las poblaciones analizadas?

La investigación se realiza a partir de la identificación de marcadores moleculares que presentan mutaciones y frecuencias distintivas a nivel mundial, y que permiten caracterizar un grupo étnico o una pertenencia a una región geográfica determinada. Estos identificadores genéticos son segmentos de ADN, con una ubicación física conocida en el genoma.

“Estudiamos marcadores de herencia uniparental, por un lado, para conocer el origen étnico-geográfico de los ancestros maternos (ADN mitocondrial) y paternos (cromosoma Y) en forma independiente. Y por otro, analizamos marcadores autosómicos o de herencia biparental (AIMs, por el acrónimo en inglés de Marcadores Informativos de Ascendencia) que nos permiten analizar el mestizaje individual y poblacional ocurrido a través de las generaciones. La información que nos proveen los datos moleculares es a su vez contrastada y analizada conjuntamente con los datos genealógicos, históricos y demográficos de cada localidad en estudio a fin de comprender los procesos culturales e histórico-sociales acaecidos en cada población”, explica Parolín.

En los resultados obtenidos a partir del estudio de marcadores uniparentales se observó una alta prevalencia del componente autóctono materno y paterno. En Esquel de 78 y 23 por ciento, respectivamente; 73 y 6 por ciento en Comodoro Rivadavia; 60 y 8 por ciento en Puerto Madryn; y 50 y 11por ciento en Trelew.

Muchos de los inmigrantes que llegaron a la Argentina venían sin familia o eran solteros y luego fueron relacionándose con las mujeres del lugar. “La constante en la incidencia de uniones biológicas entre mujeres nativas con varones generalmente europeos explica el desigual aporte autóctono por género”, comenta la investigadora.

Por su parte, recientemente se analizaron 46 AIMs registrando un aporte amerindio diferencial entre las localidades de Esquel: 44%, Comodoro Rivadavia: 41%, Puerto Madryn: 25%, Trelew: 27% y San Carlos de Bariloche: 25%.

Según Parolín, las diferencias al interior de una misma región, e inclusive al interior de una misma provincia como el caso de las poblaciones de Chubut, indican que no puede abordarse el análisis de la constitución genética sin dar cuenta de las particularidades locales. Un ejemplo es el caso de Esquel, que registra el mayor aporte autóctono tanto a nivel uniparental como biparental y presenta la mayor proporción de abuelos y donantes nacidos en la misma ciudad y en su area de influencia, mientras que Puerto Madryn exhibe el mayor número de migrantes – principalpemente desde el centro del pais – con una elevada ancestria europea, aunque no puede dejar de mencionarse la existencia de una importante comunidad boliviana que habita en la ciudad.

La investigadora aclara además que el alto porcentaje de ancestría nativa también presenta particularidades propias de cada región y que por ejemplo en Comodoro Rivadavia se observa una alta contribucion amerindia que se vincula mayoritariamente, no tanto a linajes locales como en el caso de Esquel, sino a migraciones provenientes del norte de Argentina y Chile, atraidos por la fuerte actividad petrolera que caracteriza a la localidad.

“De todos modos y en todas las poblaciones estudiadas, por lo menos la mitad de las madres analizadas presentan raíces amerindias. Estos resultados demuestran entonces, que la participación indígena tiene, en la Argentinay en Patagonia, una incidencia considerablemente más importante de lo socialmente aceptado en ámbitos académicos y populares”, asegura.

 

Actualmente en el instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus) del CENPAT-CONICET se está desarrollando un proyecto para el estudio de ADN antiguo con el objetivo de obtener información que permita comprender los procesos de migración y mestizaje acaecidos en tiempos pre-hispánicos. “Esperamos que con los datos que se obtengan de las muestras arqueológicas, podamos contribuir en gran medida a resolver cuestiones vinculadas al poblamiento de la región austral del continente americano y entender con una mayor profundidad temporal el origen de los linajes nativos observados en las poblaciones actuales de Patagonia”, concluye Parolín.

  • Por Alejandro Cannizzaro