SERIE MI CAMINO A LA CIENCIA
“Ser bióloga e investigadora me permitió combinar mis pasiones en una carrera”
La científica del CONICET Carla de Aranzamendi cuenta cómo su anhelo de niña, viajar y explorar la naturaleza, se volvió su vocación.
Carla de Aranzamendi es investigadora del CONICET en el Instituto de Diversidad y Ecología Animal (IDEA, CONICET-UNC). Desde su Córdoba natal rememora su infancia en medio del monte en las Sierras Chicas, explorando la naturaleza del bosque nativo y su pasión por las ciencias naturales que la llevó a convertirse en bióloga y especializarse en ecología marina.
De exploradora a investigadora
De chica, se la pasaba explorando la naturaleza, trepando a los árboles y analizando todo lo que veía: animales, plantas u hongos. Con los años, la “atraparon” -como dice ella- los documentales de vida silvestre y los libros de animales y, en el colegio, las horas más divertidas eran las de Ciencias Naturales “porque salíamos al patio, hacíamos algún que otro viaje y aprendíamos sobre la naturaleza. ¡Poder descubrir y hacerme preguntas de cualquier tema, buscando las respuestas en libros, Internet y observar todo, me encantaba!”, cuenta la científica.
Aún hoy -reconoce- la sigue deslumbrando aprender sobre las diferentes estrategias que tienen los seres vivos para comer, reproducirse, defenderse de depredadores, etc. Viajar a lugares en contacto con la naturaleza siempre la apasionó. En ese sentido, confiesa: “Ser bióloga e investigadora me permitió combinar mis pasiones en una carrera”.
El camino a la ciencia en el CONICET
Cuando estaba finalizando la carrera de Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Carla junto a una amiga empezaron a buscar grupos de investigación para hacer la tesis de grado: “Escribimos a muchas personas, exploramos distintos temas y recorrimos varios caminos -detalla la investigadora- hasta que di con los grupos de Ecología Marina, y de Genética de Poblaciones y Evolución”. Dichos equipos fueron clave en su formación y la acompañaron durante la tesis y lo siguen haciendo hasta hoy. “En ese proceso confirmé algo que ya tenía bastante claro: quería dedicarme a la investigación”, sentencia de Aranzamendi y continúa: “Al terminar la carrera inicié el doctorado en Ciencias Biológicas, que pude realizar gracias a una beca del CONICET”. Desde entonces, desarrolla su trabajo de investigación en esta institución combinando investigación, formación y colaboración con otros equipos científicos.
Invertebrados marinos: causa y efecto
Carla de Aranzamendi se especializa en Genética de Poblaciones y Biología Marina, estudia invertebrados marinos, es decir animales acuáticos que no tienen esqueleto interno sino estructuras que le dan forma al cuerpo. Según cuenta: “Desde mis inicios, me enamoré de las lapas -moluscos parientes de los caracoles, conocidos como ‘sombreritos chinos’- y ocupan un lugar enorme en mi corazón. Más tarde comencé a interesarme también por las ascidias, llamadas ‘papas de mar’ porque algunas especies solitarias pueden ser redondeadas, animales poco conocidos para los humanos, pero increíbles y emparentados con los vertebrados”, afirma la investigadora.
Ahora bien, ¿por qué resulta relevante el estudio de lapas y ascidias? Porque, tal como expresa la científica: “Estudiando las diferencias en el ADN de estos animales se puede estimar cuántas especies hay, cómo se originaron y qué relación actual y pasada tuvieron entre ellas, y entre sus poblaciones”. Asimismo, le interesa explorar “cómo algunos rasgos morfológicos de estos animales surgieron en la evolución y por qué lograron mantenerse a lo largo del tiempo y de toda su distribución”, explica.
La importancia de conocer y entender los ambientes
La bióloga plantea que conocer la biodiversidad, entendida como variabilidad de los seres vivos, incluyendo la diversidad genética, de especies y de ecosistemas de un lugar, es muy importante: “Nos da sentido de la pertenencia y soberanía sobre el territorio – y agrega- también nos permite conocer y entender los ambientes y desarrollar estrategias para protegerlos, y con ello a los seres vivos que lo habitan”.
De Aranzamendi entiende que hay muchas actividades humanas que ponen en riesgo a la biodiversidad como “la destrucción del hábitat directa con la tala y el desarrollo inmobiliario no planeado, la introducción de especies exóticas (no nativas), la contaminación por uso de productos químicos dañinos, liberación de desechos no tratados, entre otros, del suelo, del agua y del aire”, y remarca la importancia de saber los daños que estas actividades pueden ocasionar a ambientes y personas, para poder accionar individual y colectivamente como sociedad en pos de un mundo más consciente, sustentable y equitativo.
La ciencia: la maravilla de lo cotidiano
“La ciencia es maravillosa y está presente en muchas situaciones de nuestra vida cotidiana: nos permite hacernos preguntas, intentar comprender distintos fenómenos y aprender algo nuevo cada día. Ese proceso constante de curiosidad y descubrimiento es increíble” sentencia la especialista. Para ella la ciencia tiene algo especial porque nunca es monótona, siempre hay algo nuevo por explorar, repensar o discutir. Reconoce que disfruta mucho el trabajo en grupo: “Compartir ideas, debatir resultados y construir conocimiento de manera colectiva, me inspira escuchar los trabajos increíbles que realizan otros colegas”, sostiene.
Por su parte, confiesa “tener la posibilidad de que mi trabajo se desarrolle en el mar, la Antártida o las sierras de Córdoba como escenario es, sin dudas, un sueño para mí”. Dado que, como bióloga marina, su trabajo incluye la toma de muestras en el océano y luego el análisis y estudio de las mismas en el laboratorio.
“Cada experiencia fue ayudándome a encontrar mi lugar en la ciencia”
“Mi camino a la ciencia no fue lineal y estuvo atravesado por dudas y aprendizajes -reflexiona la investigadora- pero cada experiencia fue ayudándome a encontrar mi lugar en la ciencia”. Desde ese lugar, la científica entiende a “la investigación no solo como una forma de generar conocimiento, sino también como una responsabilidad”. Al respecto, manifiesta: “Somos parte del ambiente que habitamos: no podemos destruirlo ni contaminarlo sin consecuencias, porque nuestra propia vida depende de él”. Y concluye: “Cuidar la biodiversidad y los ecosistemas no es una opción, sino una necesidad, y conocer, comprender y proteger lo que nos rodea es fundamental si queremos construir un futuro posible, más justo y sostenible para todas las formas de vida”.
¿Sabías qué…?
Carla de Aranzamendi participa de Ciencia en Juego: intercambio de cartas, propuesta del Programa VocAr que tiene como objetivo promover el diálogo entre estudiantes y personas que se dedican a la investigación científica en el que todas las inquietudes, reflexiones y comentarios son bienvenidos. Se trata de una serie de etapas sencillas luego de las cuales los y las estudiantes entrevistan al científico elegido. Está abierto a escuelas de todo el país y participan científicos de diversas disciplinas.
Además, en agosto del año 2025 Carla formó parte de la expedición “Underwater Oases of Mar Del Plata Canyon: Talud Continental IV”, junto al Schmidt Ocean Institute, que exploró el cañón submarino Mar del Plata, una región rica en biodiversidad y poco estudiada del Atlántico sur. Y, desde allí, participó en la edición especial de Ciencia en Juego “Embarcados” en la que participaron, de un encuentro virtual excepcional, cuatro escuelas en simultáneo.
Por Florencia Verrastro
