03/11/2016 | JORNADAS DE PERIODISMO CIENTÍFICO
“Una investigación científica no está completa si no es comunicada”
Lo dijo el periodista de Página/12 Pablo Esteban, que junto al antropólogo del CONICET Pablo Wright conversó sobre periodismo científico en la Universidad Nacional de Moreno.
Jornadas de Periodismo Científico en la UNM. Fotos: gentileza Universidad Nacional de Moreno.
Jornadas de Periodismo Científico en la UNM. Fotos: gentileza Universidad Nacional de Moreno.

Las Jornadas de Periodismo Científico son una iniciativa del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) que desde hace dos años se realizan en Tecnópolis y que recientemente comenzaron su gira federal por distintos puntos del país, cuyo objeto es debatir sobre la importancia de la comunicación de la ciencia. En ese marco, el martes se realizaron en la Universidad Nacional de Moreno (UNM), con el antropólogo del Consejo Pablo Wright y el periodista de Página/12 Pablo Esteban como invitados. Ambos fueron entrevistados en vivo para los estudiantes de Comunicación de esta casa de estudios, por la nota “Un investigador con calle” que Esteban le realizó al investigador, publicada en julio en el mencionado diario.

Por empezar, tanto periodista como investigador contaron cómo se involucraron en el mundo de la ciencia. “Fue más por casualidad que otra cosa. Empecé a cursar la materia que (Leonardo) Moledo dictaba en la Universidad Nacional de Quilmes por azar, porque me daban los horarios, y a la segunda o tercera clase, ya sabía que quería hacer eso”, comentó Esteban, que desde hace cuatro años se dedica al periodismo científico, donde encontró un lugar para “saciar la sed de conocimiento. A los que somos naturalmente curiosos, nos sirve para conocer absolutamente todo. Ahora, viendo en retrospectiva, me doy cuenta que desde chico lo tenía como vocación. Porque siempre me interesó desde saber la historia del hombre hasta la vida de una bacteria. Y charlar. Por eso hago entrevistas: porque me permite estar actualizado y aprender todo el tiempo”.

En el caso de Wright, en un principio él quería ser arqueólogo y estudiar las pirámides de Egipto, pero una vez adentro de la carrera, tantas materias de física y matemática lo aburrieron: entonces torció el rumbo y se cambió a Antropología. Allí, de la mano de un profesor, se volcó a la investigación en un trabajo de campo con indígenas de la zona chaqueña. Su primer viaje de campo fue a una comunidad Q`om, toba. “Ahí fue donde encontré algo totalmente alucinante para mí. Fue muy fuerte, sentí que en mi cuerpo pasaban cosas que luego pude poner en palabras. Me interesé por el shamanismo y los sueños, enmarcados en los estudios de religión desde la antropología. Me fui acercando hasta que me convertí en becario y luego investigador del CONICET, y tuve la posibilidad de irme afuera a estudiar a Filadelfia. Allá viví tres años y entonces, de manera fortuita, encontré la veta de la antropología vial: con mi familia nos habíamos comprado un auto usado y viejo para andar allá, y yo como argentino no respetaba como ellos querían los signos viales. Me llegaban multas por correo y me di cuenta que ahí había un tema importante para trabajar: la dialéctica de la vida cotidiana y la clase de ciudadanía que existe en Estados Unidos en contraposición con Argentina en el campo vial. Me pareció interesante para analizar antropológicamente”.

En el año 2007, Wright escribió una columna para La Nación sobre antropología vial: era una reflexión conceptual, en un lenguaje llano y con humor. Ese fue el puntapié para que comience a difundir su investigación en los medios. “A partir de ahí me llamaron de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, la Agencia Argentina de Compañía de Seguros, del Ministerio de Educación: me empecé a sentir útil. Y la divulgación comenzó a ser tan valiosa para mí como los papers. Empecé a intervenir en el campo vial desde la difusión”.

En otro tramo de la charla, consultado por la selección de las temáticas para sus notas, Esteban comentó que su rutina incluye el seguimiento de ciertos medios nacionales e internacionales, además del chequeo asiduo de sitios confiables sobre ciencia. “Intento ir a contracorriente de la agenda: tratar de instalar temas nuevos”, agregó. En el caso del tema de investigación de Pablo Wright que derivó en la nota “Un investigador con calle”, comentó que llegó a conocerlo a través del portal del CONICET.

“Siempre que escribo algo –continuó el periodista- espero que el que está recibiendo se entretenga, además de aprender algo. Además me interesa lo que los científicos investigan pero también su trayectoria: lo puedo googlear, pero es importante cuando ellos me cuentan cómo llegaron a su tema, porque siempre hay contratiempos y recorridos insólitos”.

Wright, por su parte, confesó que lo que le gusta de las entrevistas que le realizan es que le permiten sorprenderse: “Si las preguntas son buenas salen partes de mí que no me salen cuando estoy solo. Me gusta lo que se genera en una entrevista, la empatía, la intersubjetividad. Me encanta que me pregunten cosas que me interpelen. Me da una adrenalina extra: cuando doy clases también me sucede. Es muy bueno que la gente se entere que los temas no vienen de la cigüeña, sino de procesos sociales y personales, hasta de un sueño o de una coyuntura totalmente azarosa”.

Con respecto a su rutina profesional, Esteban indicó que en general lleva preguntas o tópicos que quiere tratar con el investigador en la entrevista, aunque luego la nota lo va llevando por caminos insospechados. “Para improvisar se necesita esa estructura detrás. Y otra regla clave del periodismo científico es preguntar e insistir hasta que se entienda”. Además expuso que “los científicos siempre quieren que les mandemos las notas antes de publicarlas porque tienen miedo de que los periodistas cometamos errores, pero yo casi desde el principio les digo que yo no dejo ver las notas, a menos que necesite un apoyo”.

Consultado por los pros y los contras de divulgar por propia o cuenta o de ser entrevistado, Wright subrayó que “en la pregunta y la respuesta se genera algo más vital, más intimista, de vínculo. Que impacta más en los lectores, porque se identifican más fácilmente”.

Finalmente, Esteban sostuvo que “para mí una investigación no está completa si no está comunicada. La comunicación de la ciencia para mí es fundamental para poder cerrar el círculo y darle un sentido a lo que se investiga, crece la sociedad, cambian las percepciones, se construye un colectivo público. Esa es también la función del periodismo. Al fin y al cabo, narrar la ciencia es narrar al ser humano”.