20/05/2014 | CIENCIA CON VOZ PROPIA
Una aproximación experimental a los saberes y tecnologías metalúrgicas surandinas precolombinas
Para conocer cómo los indígenas andinos producían metales preciosos un programa de arqueología construye en Jujuy distintos tipos de hornos metalúrgicos.
Pablo Cruz. Foto: gentileza investigadores.

Por Pablo Cruz * y Florian Téreygeol**

Desde sus descubrimientos en distintas partes del planeta, los metales guardaron siempre un importante lugar en la vida social y económica de los seres humanos. No solo por el enorme potencial de sus materias, que permitieron la elaboración de objetos resistentes, sofisticados y con múltiples cualidades, sino también por el enorme encanto que provocaron sus brillos y tonalidades, principalmente el oro y la plata. Así llegaron a constituirse como los principales referentes del poder y de la riqueza terrenal.

Pero, hay un aspecto más de los metales que provoca nuestra fascinación: la manera mágica en que ellos son producidos. En efecto, para obtener los metales es necesario primeramente extraer de las entrañas de la tierra los minerales metalíferos, y luego manipularlos reiteradas veces mediante el calor u otros agentes físicos o químicos. Transformando la roca sólida en un líquido viscoso, incandescente y centellante, y luego en un nuevo material sólido y brilloso, la antigua metalurgia, basada principalmente en el uso de hornos, fue en todos lados el dominio de las alquimias.

Por su gran concentración en yacimientos minerales, el espacio surandino (sur de Bolivia, norte de Chile y de Argentina) fue una de las regiones del continente donde la producción de metales alcanzó su máximo desarrollo, sobre todo a partir del Ier milenio de nuestra era. En los últimos años, numerosas investigaciones arqueológicas realizadas en distintas localidades de esta región pusieron en evidencia numerosos establecimientos mineros y metalúrgicos prehispánicos, destacados tanto por la escala de la producción como por la sofisticación de las tecnologías empleadas.

De hecho, una de las principales razones por las cuales los inkas se expandieron desde el Perú hacia el sur a finales del siglo XV fue la procuración de nuevos yacimientos de minerales metalíferos y el encuentro de nuevas tecnologías para su transformación en metales preciosos. Luego, con la llegada de los españoles, la explotación de los recursos minerales presentes en esta región se convertiría progresivamente en el centro y motor económico de la empresa colonial en el “Nuevo Mundo”.

Una idea de lo que implicó la producción de metales en la vida social y económica en los comienzos de la Colonia se encuentra en las plumas de cronistas como Reginaldo de Lizárraga (1545 – 1615), quien señaló la existencia en Potosí de más 4.000 “huayras” (hornos de viento indígenas) funcionando de manera simultánea en los cerros que rodean la Villa Imperial, “…que por la mayor parte cada noche ardían, y verlas de fuera y aun dentro del pueblo no parecía sino que el pueblo se abrasaba…”.

La producción de los metales andinos no solo tuvo impacto en el destino de la población indígena, sino que provocó cambios en una escala planetaria. No solo la Revolución Industrial fue posibilitada por recursos generados por las minas del Alto Perú, principalmente Potosí, sino que los primeros ensayos de la producción en cadena y mecanización tuvieron lugar en los ingenios mineros alto-andinos del siglo XVI y XVII.

Dada su importancia, la antigua minería andina fue objeto de numerosos estudios históricos – y en menor medida arqueológicos -, principalmente en torno a la Villa Imperial de Potosí y las fabulosas vetas de plata del Cerro Rico. Sin embargo, poco conocemos en la actualidad sobre los procesos de transformación metalúrgica, y en particular acerca de las transferencias de saberes y tecnologías entre indígenas y europeos.

Con el objetivo de llenar esta vacancia de conocimientos, desde el año 2003 llevamos adelante conjuntamente un programa de investigaciones arqueológicas principalmente centrado en áreas mineras del altiplano surandino de Bolivia, entre ellas Potosí y sus alrededores.

Los datos obtenidos sobre antiguas minas y sitios metalúrgicos prehispánicos y coloniales, y su articulación con las informaciones brindadas en los documentos coloniales (siglos XVI y XVII) dieron lugar a que se iniciara hace cinco años un programa de arqueología experimental donde se construyeron y se pusieron en funcionamiento distintos tipos de hornos metalúrgicos andinos. Por cuestiones logísticas, tales actividades fueron desarrolladas durante estos años en la plataforma experimental de Melle, un pequeño pueblo de Francia donde se encuentran ubicadas las antiguas minas de los Reyes Francos.

Por primera vez, en abril de este año, las actividades con hornos metalúrgicos andinos fueron realizadas en la localidad de Tilcara, en la provincia de Jujuy, con la colaboración logística del Instituto Interdisciplinario Tilcara de la UBA. Ellas tuvieron su centro en la construcción y puesta en funcionamiento de 7 hornos del tipo “huayrachina” (hornos de vientos indígenas), los cuales fueron elaborados de acuerdo con los datos arqueológicos obtenidos en las investigaciones anteriormente realizadas y con las informaciones bridadas por las fuentes históricas. Los hornos fueron construidos totalmente con arcillas locales y puestos a prueba en una meseta de altura aledaña al pueblo de Tilcara.

Como principal resultado se logró, por primera vez en este tipo de hornos, la extracción de plomo argentífero a partir de mineral de galena procedente de la mina Aguilar, reconstituyendo así la antigua cadena operativa. Las pruebas realizadas permitieron igualmente constatar la alta eficacidad de este tipo de hornos de tamaño relativamente reducido. Funcionaron únicamente con carbón vegetal y la acción del viento de montaña (con una velocidad entre 4 y 11 metros por segundo), alcanzando temperaturas superiores a los 1.200°C. Asimismo, verificamos en las fundiciones un consumo notablemente reducido en carbón vegetal, un aspecto de suma importancia en el ambiente semi-desértico del altiplano surandino.

A raíz de los resultados alcanzados, se prevé establecer en Tilcara una nueva plataforma experimental sobre las antiguas metalurgias, el primer emprendimiento de este tipo en Latinoamérica.

* Investigador adjunto del CONICET, actualmente se desempeña como director interino del Instituto Interdisciplinario Tilcara (Facultad de Filosofía y Letras – UBA). Realizó estudios de posgrado (maestría y doctorado) en la Universidad de Paris I Panthéon-Sorbonne y post-doctorado en la Maison Sciences de l’Homme (París) y el Centre d’Ecologie Fonctionnelle et Evolutive (CEFE-CNRS, Montpellier). Arqueólogo y antropólogo, sus trabajos sobre la antigua minería y metalurgia andina se concentraron en el sur de Bolivia y norte de Argentina.

** Investigador CR1 del CNRS (Centre Nationale de la Recherche Scientifique, CEA-UMR IRAMAT, Saclay, Francia). Realizó estudios de posgrado en la Universidad de Paris I Panthéon-Sorbonne. Arqueólogo especializado en el mundo de la antigua minería y metalurgia de la plata, realizó investigaciones en Francia, Yemen, Egipto, Bolivia y otros países.