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Un libro que recoge la voz de científicos y científicas del CONICET en el debate por la legalización del aborto

Fue publicado por la Universidad Nacional de General Sarmiento. Se presentará el próximo lunes 16 a las 18 horas en la sala 2 del anexo del Congreso (Rivadavia 1841).


Libro "Legalización del aborto en la Argentina, científicos y científicas aportan al debate" (UNGS). Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.
Libro "Legalización del aborto en la Argentina, científicos y científicas aportan al debate" (UNGS). Fotos: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.

A comienzos de 2018, científicos y científicas provenientes de distintas disciplinas –desde expertos en derecho o religión hasta investigadores de las ciencias biológicas y de la salud- se convocaron en un lugar extraño para su rutina: el Congreso de la Nación. Se trataba por primera vez en el recinto legislativo la posibilidad de que el aborto se legalice en la Argentina y entre los setecientos expositores que participaron de las sesiones previas al debate parlamentario, un centenar provenía del ámbito científico. Esa cifra sorpresiva escondía una certeza: eran necesarios los argumentos basados en evidencias y datos validados científicamente, frente a las presentaciones que apelaban a los supuestos, las opiniones y los golpes bajos. De esa misma certeza surgió, un año después, la idea de publicar Legalización del aborto en la Argentina, científicos y científicas aportan al debate, un libro que acaba de ser editado por la Universidad General de Sarmiento (UNGS) y compila gran parte de aquellas voces del CONICET que participaron en la histórica discusión del Proyecto de Ley sobre interrupción voluntaria de embarazo.

“Salíamos de una audiencia con Marisa un día y coincidimos en que sería interesante publicar las presentaciones y el aporte de quienes fuimos a participar del debate como ciudadanos y ciudadanas, pero también como científicos y científicas. Eso es lo que debería hacer la Academia: contribuir al debate público con datos y argumentos, como una responsabilidad pública de quienes nos dedicamos a investigar. Más aun teniendo en cuenta que el debate lamentablemente seguirá, porque la ley todavía está pendiente”, señala Mario Pecheny, doctor en Ciencia Política, representante de la gran área de Humanidades y Ciencias Sociales del Directorio del CONICET y actual vicepresidente del organismo, quien llevó adelante la compilación junto a la investigadora y doctora en Derecho Marisa Herrera. “El CONICET y los ámbitos académicos estuvieron muy vapuleados durante los últimos años –agrega Herrera-, entonces nuestra idea con esta obra fue demostrar que los y las científicas tenemos una mirada transversal, que pudimos colaborar en este debate con miradas complementarias, porque cada uno y cada una desde su disciplina estudia distintas facetas del problema, y producimos conocimiento con un valor simbólico y realista para la sociedad”.

En aquellos días en los que Pecheny y Herrera comenzaban a soñar con la idea del libro, al diputado nacional Daniel Filmus se le ocurrió contactarlos con Gabriela Diker, actual secretaria de Evaluación del flamante Ministerio de Educación y entonces rectora de la UNGS, una casa de estudios cuyo Consejo Superior venía manifestando su adhesión pública a la campaña en favor del tratamiento del Proyecto de Ley sobre interrupción voluntaria del embarazo desde que se presentó por primera vez en 2011. “La decisión de editar este libro fue una continuidad de la senda que transita la UNGS, de promover el debate en torno a las cuestiones de género y a la ampliación de derechos”, asegura Diker.

El criterio adoptado para la publicación fue volcar al papel la pluralidad de voces de quienes participaron del debate tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores: expertos y expertas de las ciencias sociales, las ciencias jurídicas, la filosofía, la biología, la medicina. La invitación a participar se extendió tanto a los 27 investigadores e investigadoras del CONICET que se expresaron a favor en el debate –entre los que se encuentran el doctor en bioquímica y flamante Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza, el biólogo molecular y actual miembro del directorio del CONICET, Alberto Kornblihtt, o la doctora en historia y ex directora del CONICET por el área de Humanidades y Ciencias Sociales, Dora Barrancos- como a los seis investigadores que se expidieron “en contra de modificar la legislación actual en materia de aborto, pero estos últimos se negaron, por distintas razones, a integrar esta especie de `actas` de una reunión académica o de un congreso, esta vez, referido a un Congreso en mayúsculas, el Honorable Congreso de la Nación”, explican los compiladores en las “palabras verdes de apertura” que inscribieron a modo de introducción al inicio del libro.

-¿Cuál creen que fue el principal aporte de los y las científicas al debate del aborto?

 Marisa Herrera: -Durante el debate hubo un slogan mítico de Alberto Kornblihtt, que en su intervención dijo “No, no está bien, está mal” a (la senadora tucumana Sandra) Elías de Pérez. Este libro tiene que ver con eso: hay cosas que se dijeron durante la discusión que científicamente están mal y está bueno como científicos y científicas evitar que se diga cualquier cosa. Cuando dicen que el derecho a la vida es el primer y principal derecho humano, no es así. No hay una jeraquía de derechos, un claro ejemplo es la ley de muerte digna, por lo cual se prioriza la dignidad por sobre la vida. La idea de este libro tuvo que ver con empezar a poner las cosas en su lugar: hay cosas que jurídicamente, o genéticamente, o antropológicamente hablando, están mal, y está bueno dejar en claro que no se puede decir cualquier cosa.

Mario Pecheny: -Desde la ciencia uno debe ofrecer evidencia de lo que afirma. Como científicos no decimos cualquier cosa, decimos algo porque hay procedimientos que cualquiera podría hacer para verificar lo que estamos diciendo. Yo creo que este debate fue una práctica rara para la democracia. Rara en el doble sentido, de peculiar y de escasa. Porque no recuerdo que haya habido una participación similar organizada desde el órgano legislativo, en la que los propios legisladores llamen a otros y otras a pensar con ellos un tema: eso fue interesante y muy valioso.

Gabriela Diker: -La amplitud de la participación del registro científico tuvo una enorme virtud, que fue plantear todos los términos del problema desde todas las perspectivas posibles. Creo que eso se logró y este libro hace el aporte de recortar un registro, consolidarlo, sistematizarlo y decir: entre todos los registros posibles en los que se puede dar esta discusión, este es uno y tiene incidencia. Está claro que no decide, porque sino sería ley, pero es un registro singular, que coloca los temas de cierto modo.

-¿Cómo vivieron sus intervenciones cuando les tocó participar como oradores en el debate?

 G.D.: -A mí me tocó hablar el último día, entonces me vi obligada a hacer una especie de balance de las setecientas exposiciones previas. Tuvo cierto interés para mí hacer un balance, condensar y sistematizar cuáles eran los argumentos que no podían tener en cuenta en el balance que tenían que hacer en la Cámara a partir de ahí, porque eran argumentos falaces o directamente absurdos. En ese sentido, hice una intervención que no tiene que ver con mi campo profesional, en realidad, pero es una intervención tributaria del modo en el que en la Academia pensamos las cosas: ordenemos los argumentos y veamos qué estamos discutiendo acá.

M.H.: -Yo en realidad fui a defender el Código Civil. Como participé de su redacción, escuchaba que muchos decían que “el Código Civil no permite el aborto”, y me vi movilizada a ir a aclarar que le estaban haciendo decir al Código Civil cosas que él no decía. Es un Código en clave de género, tiene una clara mirada en ese sentido, habla de vulnerabilidad, entonces yo fui a reivindicar un Código que forma parte de una lógica de transformación cultural desde la ley.

M.P.: -Yo en mi tesis trabajé sobre el aborto como cuestión política en la Argentina. Originalmente para el Congreso había preparado cómo fue el proceso de legalización en Uruguay, donde el aborto es legal desde hace seis años. Pero justo antes de mi participación fue alguien de Uruguay, entonces decidí cambiar el enfoque y hablar de por qué quienes se oponen al proyecto incluyen personas que nosotros votamos. Porque una cosa es que alguien de la derecha conservadora esté en contra, y otra cosa es qué pasa con la clase política liberal, progresista, de izquierda, que no se anima a apoyar algo tan obvio desde el punto de vista de la justicia, como es la legalización del aborto. Puse el ejemplo de lo que fue la votación del divorcio en el año 87, donde también parecía que se iba a caer el mundo antes de votarlo y finalmente salió. Lo mismo pasó con otras medidas, como el matrimonio igualitario. Lo planteé desde ese lado: ¿ustedes cómo quieren ser recordadas y recordados?, les pregunté a los y las legisladoras.

 -¿En qué cuestiones la ciencia y la Academia aun no ahondó en torno al aborto?

M.H.: -Yo creo que tenemos una cuenta pendiente de llevar adelante investigaciones más cualitativas: yo vengo de un feminismo más popular, y creo que muchas veces hablamos por la gente sin la gente. Nos debemos hablar de la gente con la gente. En este aspecto, no hemos tenido muchos discursos de gente que haya pasado por trayectorias de abortos e incomodidades, primero porque es un tema personal que no todo el mundo se atreve a hablar, y segundo porque como investigador tenés que tener una determinada formación para ver cómo realmente generar una empatía que te permita hablar de esos temas. Necesitamos más tiempo y recursos para hacerlo.

G.D.: -Yo diría que hay dos asuntos de los que se sabe muy poco, uno es el embarazo en varones trans, y el otro tema que hay que empezar a sacar del terreno de la prescripción y de lo que debe ser y empezar a ver sus efectos, es la cuestión de la Educación Sexual Integral. Las complejidades de enseñar ciertas cosas en el sistema educativo bajo las condiciones reales de funcionamiento del sistema educativo son temas que no han sido demasiado estudiados desde la investigación científica.

M.P: -Por mi parte, la legalización del aborto va a ser el principio y va a poner en agenda lo que falta investigar en materia de aborto. Nos va a permitir estudiar cuál es el método más adecuado para cada estadío gestacional, qué pasa con los abortos después del primer trimestre, qué pasa a determinadas edades, con determinadas condiciones de salud: todo eso recién se podrá comenzar a investigar cuando el aborto se haga en el hospital o se haga como se haga, pero de forma legal, segura y controlada por el Estado. Hasta ahora, estamos estudiando un fenómeno que no es posible cuantificar porque se hace en la clandestinidad. Cuando sea legal, comenzará el papel de la investigación médica, psicológica, social, ética, feminista. Se abrirá todo un campo.

 -A nivel personal, ¿qué esperan que suceda respecto al aborto en el 2020?

M.P.: -Nadie de otros países entiende cómo el aborto no es legal en Argentina. Yo ya era optimista antes, creo que este año va a salir.

M.H.: -A mí me parece importante que el Ejecutivo presente un proyecto, eso sería un posicionamiento claro desde el Estado. No sería un proyecto de cero, hay mucho escrito, pero si lo presenta el Ejecutivo tiene un peso muy importante.

G.D.:-Si se reabre la discusión en 2020, mi expectativa es que el debate que ya se produjo se haya acumulado. No debería volver a discutirse todo de cero, porque volver a cero nos pone otra vez en una situación de una exigencia de movilización social que ya fue dada. Creo que cierta economía de debate y argumentativa sería lo más saludable. Y acá vuelvo al libro: si este libro tiene un valor particular, es que va a contribuir para no volver a cero la discusión.

 

*La presentación de Legalización del aborto en la Argentina, científicos y científicas aportan al debate (UNGS) será el próximo lunes 16 a las 18 horas en la sala 2 del anexo del Congreso (Rivadavia 1841). Participarán Gabriela Diker, Marisa Herrera, Mario Pecheny, Daniel Filmus y Alberto Kornblihtt.

Por Cintia Kemelmajer