26/10/2012 | CICLO DE ENTREVISTAS CONICET
Tecnología en las aulas: “Apoya y se adapta a las necesidades de los estudiantes”
Una investigadora del CONICET explica qué rol cumplen las herramientas virtuales en el aula frente a las dificultades de lectura y escritura

Las nuevas tecnologías ofrecen una posibilidad para afrontar problemáticas lingüísticas de los alumnos universitarios de los primeros años. Guadalupe Álvarez, investigadora asistente del CONICET en el Centro de Investigaciones en Antropología Filosófica y Cultural (CIAFIC), desarrolla iniciativas virtuales que desafían los límites de las aulas para mejorar el rendimiento de los estudiantes.

Álvarez es doctora en Letras y se especializa en didáctica de la lectura y la escritura, y las potencialidades de la informática en relación con estos temas. Es además docente del Taller de Lectoescritura en la Universidad de General Sarmiento (San Miguel, provincia de Buenos Aires), donde integró a su clase nuevas tecnologías para mejorar el desempeño de los alumnos.

¿Cómo surgió la idea de incorporar herramientas virtuales?

Observamos que los estudiantes tenían ciertos problemas puntuales en relación a la lectura y la escritura. Por eso a la hora de afrontar los textos académicos era necesario reforzar conceptos o estrategias a los que no les podíamos dedicar muchas horas de clase porque no eran estrictamente parte del programa. Comenzamos con ejercicios a través de una red social y luego eso se cristalizó en una experiencia en Moodle – un software libre muy utilizado en educación virtual – que agrupa diferentes materiales y ejercicios que los chicos necesitan para iniciarse en la lectura y la escritura en los estudios superiores.

¿Qué dificultades observaron?

Particularmente había algunos estudiantes que tenían problemas con la interpretación y reformulación de conceptos de los textos. A su vez, estas tareas implican otras operaciones como el uso de la puntuación, los conectores o la sintaxis. Estas son dificultades muy tangibles que tienen durante los primeros años y es algo que los docentes no podemos eludir.

¿Son fenómenos generalizados?

El profesor universitario da la clase para públicos muy dispares, porque no todos los alumnos enfrentan los mismos problemas cuando comienzan a leer y escribir en la universidad. Para unos es sencillo y para otros es como si les estuvieras hablando en otro idioma. Además, los alumnos universitarios son una población muy variada, muchos trabajan o viven lejos y viajan muchas horas, llegan tarde a las clases… es un hecho.

¿Cuáles diría que son las causas de estas disparidades?

Creo que la realidad en este sentido es compleja, no se trata de decir que la secundaria es mala. Es cierto que hay algunos problemas que vienen de otros niveles educativos, ya sea por cambios en la manera de dar los contenidos de lengua, o por cuestiones más coyunturales.

¿Cómo afecta la tarea del docente?

Para enseñar a leer y escribir en la universidad, no conviene pensar las dificultades de los estudiantes como meros problemas lingüísticos, o como destrezas no adquiridas previamente. Tampoco hay que responsabilizar solo al estudiante. La idea es desarrollar nuevas estrategias, útiles y adaptables para todos los estudiantes, que les permitan enfrentar las prácticas de lectura y escritura necesarias en la universidad. La tecnología viene a contribuir en ese sentido porque se integra a la clase como un apoyo.

¿Cómo se insertan estas nuevas herramientas?

En nuestro caso, apuntamos a sumar otra instancia de repaso para los parciales en los que se evalúan estrategias y procedimientos. Esto es una solución a un problema que a veces enfrentan los alumnos que no saben cómo estudiar solos para estas evaluaciones Aprender a leer y escribir es parte de un proceso, no es de un día para el otro. La tecnología contribuye a lograr una continuidad clase a clase y permite adaptarse a las necesidades de los diferentes estudiantes.

¿Cuál es la importancia de que se atiendan estas dificultades en las materias de los primeros años?

Los textos académicos son nuevos para la gran mayoría de los alumnos, entonces uno como docente no debe presuponer que saben cómo trabajarlos. Son nuevos no sólo en cuanto al contenido, sino también en su estructura, en el modo de organizar los párrafos. Hay que familiarizar a los estudiantes con las reglas propias de cada tipo de texto porque, además de que son evaluados por escrito, es frustrante para ellos no poder expresar en el papel lo que estudiaron.

¿Qué resultados observaron?

Tuvimos una buena respuesta de los alumnos, los repasos funcionan y se ven mejorías progresivas en los exámenes. Sucedió que al comienzo algunos docentes eran un poco reticentes a incorporar herramientas virtuales, no estaban convencidos de que fuera algo provechoso. Finalmente la propia respuesta de los estudiantes hizo que vieran la iniciativa con una mirada más positiva.

¿Qué le dirías a un profesor interesado en integrar tecnología a su materia?

Existen ciertas directrices generales para los docentes sobre el uso de nuevas tecnologías, pero algo fundamental es pensar cuáles son las tecnologías y metodologías más adecuadas para potenciar los contenidos propios de cada materia. También es importante encontrar el mejor modo de integrarlas al trabajo diario.

Formación

Profesora y Licenciada en Letras, recibida en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Obtuvo su doctorado en Letras en la Universidad Nacional de Cuyo. Desde 2010 es investigadora asistente en el Departamento TIC del Centro de Investigaciones en Antropología Filosófica y Cultural (CIAFIC-CONICET) e investigadora asistente en el Instituto del Desarrollo Humano en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

  • Por Lucila Espósito
  • Sobre investigacion
  • Guadalupe Álvarez. Investigadora a asistente. CIAFIC.