CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

Saberes en diálogo

Profesionales de diferentes áreas estudian cómo se construye el diálogo entre las ciencias humanas y las ciencias naturales, un vínculo fundamental en la investigación científica.


Guillermo Folguera dirige el grupo de Filosofía de la Biología, donde estudian como se articula el diálogo entre diferentes saberes. Foto: CONICET Fotografía.

Por Guillermo Folguera*

El abordaje de problemáticas sociales y/o ambientales precisa al trabajo conjunto de profesionales de diferentes disciplinas. Las distintas miradas hacen aportes diversos y así es posible comprender y abordar aspectos de la vida cotidiana tales como la salud, la naturaleza o la tecnología.

El grupo de investigación de filosofía de la biología que dirijo está integrado por personas de muy diversa trayectoria y que provienen de diferentes áreas como biología y computación, así como también de filosofía, antropología y sociología. Este perfil del grupo de gran diversidad nos resulta necesario para abordar la relación entre diferentes problemáticas sociales y ambientales con las denominadas ciencias de la vida.

En particular, encaramos cuatros ejes fundamentales:

• Aspectos asociados a la crisis ambiental en la que vivimos;
• Líneas de investigación relativas al campo de la biomedicina y la salud;
• Investigaciones que se centran en el vínculo entre ciencia, tecnología y sociedad,
• Estudiamos escenarios en donde el saber científico (tanto proveniente de las ciencias naturales como de las humanidades) dialoga con otros tipos de saberes.

Los desafíos que involucran investigaciones de este tipo son diversos. Como se trata de problemáticas asociadas al modo en que vivimos en nuestros territorios es fundamental el trabajo integrado entre diferentes campos del saber. Las últimas décadas nos han mostrado una crisis notable de aquellas soluciones que se pretenden simples y universales. De aquella crisis nace la enseñanza de, al menos, tres aspectos fundamentales relativos al modo de conocer:

i) El reconocimiento de que todo campo de saber, toda disciplina, habla de algunos asuntos, pero no de otros. Esta característica, que puede parecer trivial en una primera aproximación, es un elemento fundamental. Por ejemplo, las teorías de la evolución y de la herencia explican muy bien el devenir de los seres vivos en el tiempo. Sin embargo, en ocasiones se las utiliza con extrema liviandad para intentar dar cuenta de muchas de las características y comportamientos que tienen las personas en nuestras comunidades. Esta aplicación lineal de las teorías que provienen de las ciencias naturales para explicar algunas dinámicas y valores sociales además de incorrecta, ha sido legitimante de prácticas qué sólo han causado dolor.

ii) Si todo saber sólo es aplicable a una pequeña porción del mundo, la segunda enseñanza es inevitable: necesitamos de diferentes tipos de saberes científicos para comprender problemáticas de gran complejidad como aquellas relativas a nuestra salud, a la situación ambiental en la que vivimos o a los efectos múltiples de la tecnología. Pero cabe aquí una advertencia respecto a cómo estos saberes se relacionan. No se trata, valga la imagen, de piezas de rompecabezas que buscan ser encajadas. El verdadero desafío es de poner en diálogo verdaderos a disciplinas que no siempre se complementan armoniosamente, sino que también pueden entrar en tensión y contradecirse. Así, por ejemplo, para la comprensión de fenómenos asociados a la salud las propuestas desde las ciencias naturales y la biomedicina presentan inevitables límites en sus aportes, por lo que lo dicho desde campos diversos como antropología, psicología y sociología se vuelve no sólo enriquecedor sino también necesario a los fines de buscar un bienestar colectivo.

iii) Al reconocimiento de que todo saber es parcial y lo que reina en la ciencia es su gran diversidad, se suma un tercer desafío: cómo establecemos un diálogo entre la ciencia con saberes de otras características. Por ejemplo, con vistas a comprender y actuar sobre problemáticas tan diversas como la dinámica rural o la pesca artesanal -por mencionar apenas dos ejemplos-, al aporte que puede darse desde el ámbito científico y profesional se suman inevitablemente saberes de aquellas comunidades que durante siglos han desarrollado esas tareas en sus territorios.

Estos tres elementos, considerados en su conjunto, nos arrojan el gran desafío y responsabilidad que tendremos en los próximos años, poner en un genuino diálogo a saberes de diferente tipo (ciencias naturales, ciencias humanas, saberes no científicos), a los fines no sólo de comprender mejor las problemáticas sociales y ambientales que ocurren en nuestros territorios, sino también de aportar elementos con vistas a un buen vivir.

Más información: La filosofía de la ciencia tiene una forma de pensar y reflexionar que puede aportarle al ámbito científico.

*Guillermo Folguera es investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Filosofía ‘Dr. Alejandro Korn’ de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA)
En esa misma universidad obtuvo sus licenciaturas en Biología y Filosofía, así como un doctorado en Biología. Además realizó estancias postdoctorales en las dos disciplinas en la Universidad Autónoma Metropolitana y Universidad Nacional Autónoma (México), la Universidad de Valladolid y Universidad del País Vasco (España), y la Universidad Católica (Chile). Actualmente, es también profesor adjunto de Historia de la Ciencia de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.