01/09/2015 | CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
Recuperadores informales de residuos: historias de rurbanidad
¿Cómo se adaptan los saberes rurales al ámbito urbano para generar nuevas formas de trabajo? ¿Cuáles fueron y son las políticas públicas que impactan en este grupo?
Claudia Kenbel trabaja en temas de memorias de grupos rurbanos. Foto: gentileza investigadora.

Claudia Kenbel, becaria pos-doctoral del CONICET en la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), Córdoba, cuenta que mientras cursaba la carrera de Comunicación Social comenzó a trabajar en el análisis de cómo la comunicación acompaña el crecimiento local de una ciudad, los aspectos que lo pueden favorecer y aquellos que pueden obstaculizarlo.

Específicamente, su trabajo se centró en el impacto de estas políticas sobre los actores en situación de vulnerabilidad social. “Cuando terminé la tesis de grado me quedaron resonando historias de carreros –aquellos que trabajan con carros tirados por caballos – de varias generaciones: el papá había sido carrero, el abuelo también… y surgió la posibilidad de trabajar la cuestión de las memorias con estos grupos rurbanos”, dice.

 

¿Qué se entiende por rurbanidad?

En el campo de las Ciencias Sociales hay algunas hipótesis que plantean que lo rural va a ir desapareciendo gradualmente y que el fenómeno urbano va a ocupar esos espacios. En realidad hay ciertos actores y elementos que persisten en esa ruralidad pero que viven o trabajan en la ciudad y entonces no son ni urbanos ni rurales: son rurbanos. Ellos traen a la ciudad, para poder vivir, muchos elementos que pueden tipificarse del mundo rural y eso entra en contradicción con la urbanidad, que busca ordenarlos y, desde el punto de vista moderno, ‘urbanizarlos civilizadamente’.

 

¿Cómo empezaste a trabajar en el tema de la rurbanidad?

Mi tesis de grado se basó en el seguimiento de las historias y los relatos de actores que vivían en la ciudad y trabajaban con saberes y elementos del mundo rural, como por ejemplo los recuperadores informales de residuos que trabajan con carros tirados por caballos. El enfoque era de tipo cualitativo: entender por qué trabajaban con caballos y cómo se manejaban en el entorno de la ciudad. Estamos hablando de animales que están acostumbrados a la ciudad, leen semáforos y van al lado de los autos: son caballos rurbanos. Este estudio fue hecho junto con un equipo que trabaja la temática desde hace más de 10 años en la UNRC.

 

¿Qué historias trabajaste durante tu tesis doctoral?

Tomamos tres hechos de la vida de Río Cuarto en los últimos 50 años donde los protagonistas habían sido estos actores. Para elegirlas decidimos tomar aquellos acontecimientos que por sus implicancias para el sector social con el que trabajábamos resultaron claves en sus trayectorias de vida. Fueron tres casos: la centralización del mercado del abasto, la crecida del río Cuarto en 1979 y el cirujeo en la ciudad de Río Cuarto después de 2001.

 

¿Cómo fue el episodio del mercado central de Río Cuarto?

En 1969 en la ciudad se anunció la creación de un único mercado de abasto, que concentraba toda esa actividad y que es el que subsiste hasta el día de hoy. Antes de eso, cuando los puestos estaban descentralizados trabajaban muchos productores que vivían en zona de quintas a 10-15 km de la ciudad y que hoy en día ya son parte del ejido urbano. Traían las verduras de las quintas por la mañana en los carros para venderlas puerta a puerta. Esas escenas están llenas de relatos: por ejemplo los carreros cuentan que venían con la verdura congelada y sus compañeros les vendían grapa para calentar un poco el cuerpo. Después vino una ordenanza que les prohibía hacerlo, y querían que pasaran a un mercado central, a un puesto por el que iban a tener que pagar y además producir bajo ciertas normas. En ese camino muchos actores pudieron acomodarse, pero muchos no y tuvieron que reorganizar sus vidas a partir de lo que sabían hacer.

 

¿Y el segundo caso?

En 1979 hubo una creciente grande del río Cuarto, que cruza la ciudad. Para evitar que se inundara el gobierno local habilitó una oficina para regular la extracción de áridos del río, como la arena. Los relatos cuentan que los areneros estuvieron casi un año y medio reencauzando el río a pedido de la oficina, mientras que la historia oficial la mayoría de las veces los señala como foco del conflicto sin considerar que el río tiene su erosión natural y además entran a jugar otros actores, como los empresarios que han hecho de la arena su negocio. Cuando terminaron de reencauzar el río, el gobierno local no les otorgó ningún tipo de reconocimiento ni simbólico ni económico, y los relocalizó. Los enviaron a sacar arena del río mil metros para un lado y mil metros para otro de donde trabajaban, porque el intendente del gobierno de facto tenía la idea de “embellecer” la zona donde estaban asentados los areneros, que vivían con sus familias en situación de vulnerabilidad y que tenían carros y caballos.

 

¿El desplazamiento de los areneros fue obligatorio? 

Si. Y las consecuencias subsisten, ese no-reconocimiento del municipio se relaciona con hechos que ocurren hoy en día. Por ejemplo en 2012 algunos de los hijos de aquellos areneros de la creciente del ‘79 cortaron un puente porque el gobierno de De la Sota prohibió la extracción. Y es que está la cuestión del río: el estado lo concibe como un bien público que tiene que preservar; las empresas explotan la arena como materia prima del ramo inmobiliario y los areneros que se meten al río, ven al río como medio de vida y parte de su entorno de subsistencia.

 

¿Y el tercer hecho?

En 2001, tomando como eje la coyuntura nacional, trabajé el tema del cirujeo. El municipio de Río Cuarto tiene un “Programa de recuperadores urbanos” que está trabajando directamente con las familias que se dedican a la recolección informal. Uno de los puntos más conflictivos tiene que ver con la tracción a sangre, porque por ordenanza hay ciertas zonas de la ciudad donde no pueden transitar. Quisimos ver cómo se reorganiza la vida de las cirujas a partir de estas regulaciones que dicen ‘por acá no pueden andar’, y también con las políticas que hubo desde el 2000 a la actualidad sobre la relocalización de muchas familias.

 

¿Qué trabajo están haciendo en Olinda, Brasil?

Estamos trabajando sobre las políticas públicas de inclusión social y culturas populares. El año pasado nuestro equipo hizo un relevamiento de familias dedicadas al cirujeo a pedido del municipio de Río Cuarto y estamos actualizando los datos que tenían. Además estamos analizando las políticas públicas de inclusión social que tienen en Olinda y cómo experimentan los actores esos programas, similares a la Asignación Universal por Hijo de la Argentina y que se llama Bolsa Familia. Buscamos ver cómo se viven esas políticas desde el punto de vista del actor rurbano.

 

¿Cómo se define que una familia se dedica al cirujeo?

Hay dos niveles. La definición ‘científica’ tiene que ver con la rurbanidad. Metodológicamente, para nosotros un actor rurbano es aquel que trabaja con elementos y saberes rurales en la urbanidad. No todo el mundo que cirujea tiene carros con caballos, hay personas que tienen carros a mano, con bicicleta, los muy poquitos tienen una chata. Pero en un censo de 2004 en Río Cuarto mostró que más del 60 por ciento trabajaba con carros tirados por caballos. El segundo nivel analiza este hecho desde el punto de vista de las políticas públicas y que definimos desde el marco teórico. Se trata de familias que trabajan en la recolección, acopio, separación y la venta de materiales de manera informal. Eso es cirujear, que en Buenos Aires se llama cartonear y en Brasil es vagonear.

Formación

Claudia Kenbel es becaria pos-doctoral del CONICET en el Centro de Investigaciones en Comunicación (CICom) de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Obtuvo su licenciatura en Comunicación Social en esa casa de estudios, y realizó su doctorado en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario.

  • Por Ana Belluscio.