31/07/2015 | Tecnología
Neosporosis bovina: nuevos avances para combatirla
Profesionales del CONICET y el INTA, en conjunto con el sector privado, trabajan en el desarrollo de una vacuna contra esta enfermedad, que causa pérdidas reproductivas en el ganado bovino.
La neosporosis es una enfermedad parasitaria producida por el protozoo Neospora caninum. Foto: CONICET Fotografía.

La neosporosis es una enfermedad parasitaria producida por el protozoo Neospora caninum, cuyo hospedador definitivo es el perro. El parásito elimina huevos en las heces de los canes contaminando las fuentes de agua y alimento de los bovinos. Esta infección se caracteriza por producir abortos espontáneos, mortalidad neonatal, nacimiento de terneros con signos de daño neurológico y bajo peso, y perjudica otros índices reproductivos como la tasa de fertilidad y el porcentaje de retención de placenta asociado al aborto.

Científicos del CONICET, en conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y una empresa privada investigan el desarrollo de una vacuna para combatir la neosporosis bovina.

Alejandra Capozzo, investigadora independiente del CONICET en el Centro de Investigación en Ciencias Veterinarias y Agronómicas del INTA, quien forma parte del proyecto, explica: “Una de las etapas del emprendimiento fue el desarrollo de un adyuvante, una sustancia que administrada con un antígeno aumenta la respuesta inmune. Los adyuvantes que hay en el mercado son poco inmunogénicos o generan mucho daño, entonces desarrollamos uno en base a lecitina de soja que es muy económico, se puede desarrollar en el país y no genera ningún daño en el animal. En base a este trabajo empezamos a probarlo en diferentes formulaciones de vacunas, como aquella contra la neosporosis”.

Este novedoso adyuvante implica un gran salto en la sanidad animal puesto que en la actualidad las vacunas utilizadas para el tratamiento de enfermedades animales son poco eficaces y los efectos adversos muy importantes.

“Los adyuvantes utilizados actualmente en las vacunas veterinarias están basados en hidróxido de aluminio o en aceites. Los primeros no funcionan bien en animales grandes, mientras que los segundos producen granulomas en el sitio de inyección. Lo que hicimos fue, en lugar de generar un daño real, incorporar en el adyuvante señales de daño, moléculas que generan respuestas en el sistema inmune sin tener efectos secundarios, sin generar verdadero daño”, aclara la investigadora.

La neosporosis afecta a la industria de la leche y carne en la región pampeana, y provoca grandes mermas económicas. “Las pérdidas estimadas son de aproximadamente 50 millones de dólares al año. Hay que tener en cuenta que el 16,5 por ciento de los abortos en hembras lecheras puede deberse a N. caninum, mientras que en bovinos para carne sería responsable del 6,7 de los abortos”, explica Dadín Prando Moore, investigador independiente del CONICET en INTA Balcarce, donde se realizan las pruebas de la nueva vacuna.

La vacuna se testeó en ratones, vacas preñadas y no preñadas, y los resultados obtenidos fueron alentadores. Se demostró que estimula la respuesta inmune y que es segura, dado que no genera efectos adversos en la madre ni cambios en los parámetros de crecimiento fetal. Con este desarrollo, los productores podrían tener acceso a una herramienta de muy bajo costo, de elaboración nacional y origen vegetal para reducir las pérdidas ocasionadas por la enfermedad.

“Este adyuvante es totalmente biodegradable, inocuo, protege al antígeno y facilita la inducción de inmunidad, por lo que se puede aplicar sin riesgos durante la preñez. En futuro cercano deberá evaluarse esta formulación experimental mediante pruebas de potencia y fundamentalmente probar su eficacia en el campo”, destaca Capozzo.

Por su parte, Moore advierte que más allá de los beneficios que puede traer la vacuna es fundamental un buen manejo del ganado y tomar medidas de control y prevención tendientes a interrumpir el ciclo de vida parasitario, como alimentar los perros con carne cocida y limitar su acceso a las fuentes de agua y comida de los bovinos.

“El proyecto se llevó adelante a lo largo de los últimos dos años, gracias al trabajo colaborativo entre el sector público y el privado que favorece la posibilidad de pensar cómo escalar la producción y llegar al mercado incluso mientras se empieza el desarrollo. Es muy enriquecedor para ambas partes. Es una suma de expertise, nosotros desde la inmunología, INTA Balcarce desde el conocimiento de la enfermedad y la empresa con su visión comercial”, concluye la científica.

Los representantes técnicos para el desarrollo de la vacuna fueron Alejandra Capozzo y Dadín Prando Moore por parte del CONICET y Anselmo Odeon por parte de INTA.

 

El convenio para la producción de la vacuna contra la neosporosis bovina fue suscripto por el CONICET, el INTA y la empresa biofarmacéutica Tecnovax.

Por su parte Matías Grosman, director de la firma, advierte que la vacuna es novedosa y el desarrollo en conjunto de la misma permite transformar un área de vacancia dado que en la actualidad no existe un desarrollo para controlar la enfermedad que cada vez afecta a más bovinos en el ámbito nacional.

“En los últimos años se ha visto el interés del CONICET para combinar los esfuerzos e instrumentos del sector público y del privado. Estamos orgullosos del sistema científico. Hay muchos inventos, hay muy buenas ideas pero es fundamental tener empresas que adopten la tecnología para que no mueran en un paper o mesada de un laboratorio, apoyamos al cien por cien la iniciativa de privilegiar la ciencia aplicada para continuar la cadena de valor”, agrega.

  • Por Cecilia Leone.