10/08/2012 | CICLO DE ENTREVISTAS CONICET
Lenguas de señas: “cada comunidad desarrolló la propia por necesidad”
Una especialista explica por qué hablamos de lengua y no de lenguaje de señas. Sus complejidades y desafíos a la hora de aprenderla

María Ignacia Massone, investigadora independiente del CONICET, estudia hace más de 25 años las lenguas de señas y explica las particularidades que adoptan en cada país. “Así como no hay una lengua hablada universal, tampoco la hay en la lengua de señas”, asegura.

¿Por qué es correcto hablar de lengua de señas y no de lenguaje?

El lenguaje es una capacidad, una facultad humana que todos tenemos. Por el contrario, las lenguas son la institución social que posee una determinada comunidad lingüística. El español es una lengua, no un lenguaje. El lenguaje es una facultad que está en la mente.

¿Cuántas lenguas de señas existen en la actualidad?

En general existe una por país, pero en algunos casos hay dos, como en México, Brasil, Bali o los Estados Unidos. Una es la urbana, y por lo general la segunda es la propia de la comunidad de pueblos originarios, como la Lengua de Señas Maya. Cada comunidad, por necesidad, desarrolló la propia.

¿Qué desafíos existen a la hora de traducirla a la lengua hablada?

Existe confusión entre aquello que es gesto y aquello que es lingüístico. Los movimientos manuales y corporales que hacen las personas sordas no son gestos, son señas que conforman una gramática. Una seña a veces se puede interpretar por una palabra, a veces por más de una y en algunos casos es muy difícil de traducir porque son de uso íntimo. Es muy complicado trasladarlas al español porque tienen usos muy específicos.

¿Qué ejemplo representaría esta situación?

Hace 25 años que estudio la Lengua de Señas Argentina y sólo recientemente descubrimos el futuro perfecto (por ejemplo: yo habré visto esa obra…). Es muy difícil de identificar porque tiene muchos componentes no manuales y una postura corporal específica.

¿Qué papel juega el cuerpo en la lengua de señas?

Tiene una base corporal muy amplia. Como lengua tiene muchos articuladores: además de las dos manos se usa todo el resto del cuerpo, todo de la cintura para arriba. Hay muchos rasgos no-manuales que son propios de cada seña, como por ejemplo en el caso de la seña de mate. Es necesario fruncir la boca y llevar el pulgar hacia ella, pero si no se frunce la boca no significa nada. O la palabra “sufrir”, que va acompañada por distintos rasgos no-manuales que indican dolor. Hay muchos rasgos que son además discursivos. Por ejemplo, cuando se hace una pregunta se lleva el cuerpo hacia adelante y se enarcan las cejas.

¿Qué características tiene la Lengua de Señas Argentina?

Posee algunas cuestiones que se han visto en muy pocas lenguas de señas del mundo, como el uso de un auxiliar de concordancia. Hasta ahora sólo se registró en cuatro lenguas más: holandesa, japonesa, taiwanesa y danesa. Es una seña como un semicírculo con el índice, en la que se gira la muñeca, que va de un punto a otro e indica que esas dos personas se aman entre ellas. Él ama a ella y ella a él, y se pone en determinados lugares de la oración. Deriva de señalar con el dedo “de ella a él”, y es algo muy poco frecuente en las lenguas de señas.

¿Hay una base común en las lenguas de señas del mundo?

Si, en general tienen dos características que son bien lingüísticas. El uso del espacio con valor gramatical y discursivo, y lo que se llama la amalgama en el eje de la simultaneidad del nivel morfológico. Es decir, en una misma seña se integran múltiples parámetros. Cuando, por ejemplo, se quiere decir “tres semanas a futuro” la misma seña integra el número (tres), el evento (semanas) y el marco de tiempo (a futuro). En la lengua hablada se usan los tres factores como unidades por separado.

¿Qué dificultades tienen los oyentes para aprender la lengua de señas?

Para aprender a comunicarse en cualquier lengua es necesario pensar en ella. Tienen que aprender otra lengua como si fuera cualquier otra, por ejemplo inglés. Si se piensa en español, el inglés sale mal. Y lo mismo pasa con la Lengua de Señas Argentina, se termina transformando en un español señado, que no es lo mismo y es artificial, ya que no es una lengua natural. La estructura básica entre el español y la Lengua de Señas Argentina es diferente. En vez de la estructura del español ‘sujeto, verbo, objeto’ (el perro corre la pelota), en la Lengua de Señas Argentina el verbo va al final (el perro a la pelota corre). Este orden es canónico, es decir, es el orden hacia el que la lengua tiende aunque en el discurso se viola por efectos semánticos y pragmáticos.

Formación

María Ignacia Massone es investigadora independiente del CONICET en el Centro de Investigaciones en Antropología Filosófica y Cultural (CIAFIC) y especialista en lingüística de la lengua de señas.

Es profesora de Letras y doctora en Lingüística por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. En su tesis trabajó la temática de la gramática y el léxico de la Lengua de Señas Argentina.

  • Por Ana Belluscio
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