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Investigadores del CONICET reconocidos con el premio Fima Leloir

Se realizó la entrega de premios Fima Leloir a la excelencia científica de jóvenes investigadores. Federico Ariel, investigador del CONICET, obtuvo la distinción máxima.


Federico Ariel, ganador del premio Fima Leloir/Fotografía: Francisco Disabato, Esteban Rosso e Instituto Leloir.
Andrés Binolfi, mención especial/ Fotografía: Francisco Disabato, Esteban Rosso e Instituto Leloir.
María Espósito, mención especial/ Fotografía: Francisco Disabato, Esteban Rosso e Instituto Leloir.
Dr. Alberto Kornblith/Fotografía: Francisco Disabato, Esteban Rosso e Instituto Leloir.

En la Fundación Instituto Leloir (FIL) ubicada en el corazón de Caballito, se llevó a cabo la entrega de premios Fima Leloir 2019. El acto de premiación contó con la presencia de Miguel Laborde, vicepresidente de Asuntos Tecnológicos a cargo de la presidencia del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET); Alberto Kornblith, miembro del Directorio por la Gran Área de Ciencias Biológicas y de la Salud; Josefina Hortensia Leloir, sobrina y ahijada de Luis Federico Leloir y Alejandro Schinder, presidente de la Fundación Instituto Leloir.

El premio, que cumplió este año su segunda edición, fue instituido por Josefina Leloir con el objetivo de continuar con la voluntad del premio Nobel de Química de 1970, de aportar recursos económicos al mejoramiento de las ciencias. En esta oportunidad, el comité evaluador tuvo la difícil tarea de seleccionar al ganador y a las dos menciones especiales de entre 170 postulantes del sistema científico tecnológico.

El principal galardón lo obtuvo Federico Ariel, investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL, CONICET-UNL) quien busca diseñar innovadoras estrategias de agricultura sustentable. La investigación que convirtió a Ariel en merecedor de tan alto reconocimiento se encuentra relacionada con la genética de las plantas, en particular al “ADN no codificante”, hasta el momento sin ninguna función aparente. “Sin embargo, en los últimos años han surgido numerosos estudios que demuestran que en realidad el ADN no codificante puede igualmente transcribirse a ARNs [mediadores entre la información genética del ADN y la síntesis de proteínas], que cumplen muy diversas funciones en el desarrollo de los seres vivos”, explicó el investigador. Y agregó que la “desregulación” de esos segmentos genéticos se encuentra asociada a diversas enfermedades humanas y animales, además de participar en la adaptación de las plantas al ambiente.

Frente a las consecuencias de la actividad humana en el medioambiente “urge pensar nuevas estrategias de agricultura sustentable que respeten nuestro planeta”, declaró Ariel, quien indicó que para alcanzar ese objetivo “es necesario comprender mejor cómo funcionan las plantas, cómo convergen en su desarrollo las señales internas del organismo y las condiciones del ambiente”.

En tanto, las menciones especiales las recibieron María Espósito, investigadora adjunta del CONICET en el Centro Atómico de Bariloche, por sus contribuciones en el campo de las neurociencias y Andrés Binolfi, investigador adjunto en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, CONICET-UNR) por sus antecedentes científicos y la innovación en el estudio de las proteínas en su entorno celular.

María Espósito, doctora egresada de la Fundación Leloir, recordó su paso por la institución y expresó: “este reconocimiento es un incentivo más para hacer ciencia en la Argentina de la mejor calidad posible”. Esposito, comprobó la existencia de módulos en el cerebro que “funcionarían como llaves de encendido de movimientos específicos, como el alcance y agarre, la locomoción, o la inmovilidad en respuesta al miedo”, explica. Cabe destacar que el hallazgo podría favorecer en un futuro el desarrollo de terapias para lesiones o enfermedades neurodegenerativas.

Andrés Binolfi, segunda mención especial de la fecha, logró caracterizar por primera vez, a través de la resonancia magnética nuclear en células vivas, las propiedades conformacionales, la estabilidad y la actividad enzimática de ciertas proteínas relacionadas con la enfermedad de Parkinson y las afecciones cardiovasculares, lo que podría conducir a “identificar marcadores tempranos de las enfermedades y nuevos blancos de acción terapéutica”, declara.

El cierre de la jornada estuvo a cargo del de Miguel Laborde quien felicitó a los ganadores y expresó su agradecimiento por el desempeño con el que, puntualiza, “contribuyen a realzar la calidad científica del CONICET”.

Por su parte, Alejandro Schinder, cabeza de la institución premiadora expresó: “En un mundo que valora el éxito fácil, buscamos resaltar el esfuerzo y la creatividad de científicos jóvenes que encaran preguntas fundamentales de la vida, que nos van a permitir entender el mundo y enfrentar sus desafíos”. Y reflexionó: “El premio Fima Leloir es un respaldo económico importante y un mensaje sobre los valores que nos guían como institución. Impulsar la ciencia en Argentina es el único modelo de crecimiento, y por eso apostamos fuerte a los jóvenes, porque piensan distinto y toman riesgos. Porque queremos que sigan convirtiendo lo desconocido en nuevo, y que lo hagan con total convicción”.

También estuvieron presentes en la jornada de premiación autoridades de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación; autoridades del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Provincia de Buenos Aires; autoridades del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; miembros del Consejo Profesional Honorario de la Fundación Instituto Leloir y autoridades de fundaciones, empresas e instituciones del área de ciencia y tecnología de Argentina y Uruguay.