18/04/2016 | PROGRAMA NACIONAL CIENCIA Y JUSTICIA
En una década de trabajo, el laboratorio de Genética Forense quintuplicó su asesoramiento a la Justicia
Néstor G. Basso es el jefe del servicio que se ocupa de detectar perfiles genéticos de una escena del crimen.

¿Cómo es que un biólogo que estudiaba la evolución y fitogenia en anfibios, terminó asesorando a la Justicia? Cuando Néstor Basso, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), estaba radicado en La Plata, se ocupaba de relevar caracteres evolutivos de animales. Pero su interés subyacente siempre era encontrar una actividad que tuviera retribución directa en la sociedad. Así fue que, cuando se mudó a Puerto Madryn, se dio cuenta de que había una necesidad de replicar los estudios para la Justicia que se hacían en Buenos Aires –y en menor medida, en Córdoba- pero que en la Patagonia no existía. La idea, claro, no vino sola: ni bien Basso llegó a la Patagonia, había ocurrido un homicidio en Trelew, y lo que le llamó la atención del asunto fue ver cómo se manejaba la Justicia con los científicos: “Nos trajeron las pruebas a laboratorio, y eran todos los muebles de la escena del crimen. El colchón entero, donde había muestras de sangre”, recuerda, advirtiendo que con apenas una pequeña parte de la prueba podían llegar a los mismos resultados.

Así, Néstor Basso, biólogo, doctor en Ciencias Naturales, además de seguir su carrera como investigador terminó al frente de un Servicio Técnico de Alto Nivel (STAN) en Biología Molecular en el Laboratorio de Genética Forense del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET), actualmente incorporado al Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus-CONICET). El laboratorio funciona desde 2003 a través de un convenio con el Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Chubut, realizando estudios de identificación genética molecular de individuos y filiación utilizando marcadores STR y secuenciación de ADN mitocondrial y nuclear. El trabajo se enmarca dentro del Programa Nacional Ciencia y Justicia.

 

El camino de la Justicia

El que dirige Basso es el único servicio de este tipo brindado en la Patagonia: desde su inauguración, la mayor actividad del servicio se centra en la realización de pericias genéticas es causas civiles o penales y en la identificación de personas. Con estas pericias colabora en la resolución de casos resonantes, que incluyen homicidios y abusos a la integridad sexual.

Cuando comenzaron con su servicio, en 2003, les llegaban apenas algún caso aislado por semana, a pedido de la Justicia. Hoy en día, reciben entre cinco y siete casos semanales: “Inclusive tenemos pedidos de otras provincias, pero nos enfocamos en Chubut. Solo eventualmente, hicimos algún caso para Neuquén o Río Negro”.

Tal como explica Basso, el camino de una muestra que llega al Laboratorio de Genética Forense del Ideaus para su análisis es el siguiente: llegan las muestras con cadena de custodia al laboratorio –pueden ser desde sobres con muestras de referencia hasta restos óseos-; las evidencias son manchas, fluidos biológicos o hisopados de las víctimas o imputados; se realiza la extracción de ADN –utilizando un procedimiento específico en cada caso-; luego se procede a la amplificación del ADN –una gran cantidad de copias para tipificar genéticamente personas o evidencias y poder compararlas-; y por último, se redacta un informe con los resultados que es remitido al Juzgado o Fiscalía correspondiente.

La mayoría de los casos por los que requieren de sus servicios son homicidios, robos agravados, casos de abuso y abusos seguidos de muerte. Además se realizan estudios de ADN en casos de paternidad, estudios de parentesco y ancestría.

El último de los casos en los que tuvieron incidencia directa y que quedó en la memoria de Basso por su resonanciasucedió en 2013: fue el caso de Jazmín Chacoma, una niña de 11 años víctima de un abuso seguido de homicidio.  “Aquella vez nos mandaron un hisopado del cuerpo de la nena y ropa y obtuvimos un perfil genético masculino. En 2006 se había creado un Registro de Personas Condenadas por abuso sexual en Chubut, y a partir de cotejar con la muestra, la Justicia pudo llegar a una coincidencia con un hombre que había sido condenado por abuso sexual a dos menores en Trelew tras una pericia de ADN realizada por Basso en el año 2005. El hombre había estado detenido y luego mantenía un régimen de salidas transitorias cuando ocurrió el homicidio en Comodoro Rivadavia. A partir del match, se capturó al homicida”, recuerda Basso.

Para el investigador, el trabajo a futuro es optimizar la comunicación con las fuerzas policiales para mejorar la toma de muestras, y manejar mejor la cadena de custodia de dichas muestras. “Como científicos –asegura- podemos dar seguridad y apoyo a la Justicia para que se puedan tomar decisiones con pruebas válidas. Se permite al juzgado tener una solución más alta de casos, con más confianza para juzgar”. Los plazos son más breves, las resoluciones muchas veces exigen premura y es un servicio demandante: involucra a personas que están detenidas.

Basso, por último, aclara que “el incremento exponencial de nuestros servicios se dio, en los últimos años, porque nos posicionamos como laboratorio de referencia regional. No somos científicos enfrascados en el laboratorio –dice, y aclara que eso es lo que más le entusiasma de su tarea-: en este servicio, tenemos interacción directa con los problemas de la sociedad”.