El CONICET lamenta el fallecimiento de María Elena Otegui



Fue investigadora Superior del CONICET en el Estación Experimental Agropecuaria Pergamino del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA Pergamino). Ingeniera Agrónoma de la Universidad de Buenos Aires y Profesora Titular de la Facultad de Agronomía – UBA. Referente académica y científica a nivel nacional e internacional en el estudio del maíz.

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) lamenta profundamente el fallecimiento de la Dra. María Elena Otegui destacada investigadora del Consejo, miembro de la Sociedad Argentina de Fisiología Vegetal, la American Society of Agronomy y la Crop Science Society of America.

Otegui era investigadora Superior del CONICET en el INTA Pergamino. Ingeniera Agrónoma de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Realizó su doctorado en Francia y su pos doctorado en EE.UU. Académica de Número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria. Recibió los premios Fundación Perez Companc 2014 y Cámara Arbitral de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires 2017 otorgados por la ANAV. En 2023 recibió el Diploma al mérito Konex en el área de ‘Biotecnología’.

Su línea de investigación se centró en el control genético y ambiental de los determinantes fisiológicos del llenado, secado y calidad de granos de maíz en genotipos destinados para grano o silaje. Sus investigaciones llevaron a Otegui a ser referente mundial en el estudio del maíz.

Bajo su dirección se formaron numerosos estudiantes de doctorado, maestría y grado en el área de Ecofisiología de Cultivos, produciendo más de 100 publicaciones que incluyen trabajos en revistas internacionales indexadas y 300 publicaciones técnicas trayectoria que ratifica un legado de profunda trascendencia en el ámbito de la agronomía.

La investigadora del CONICET en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (CONICET – UNL), Raquel Chan la despide con inmenso afecto y gratitud por su invaluable aporte:

“No voy a contar todo el recorrido de María; requeriría de muchas hojas ya que hizo una carrera científica intachable. Si bien su especialidad era el cultivo de maíz, hizo contribuciones muy relevantes en otros cultivos como trigo, soja y temas tan diversos como la memoria del estrés en plantas. Voy a hablar de la científica y del ser humano que fue y de su trayectoria repartiendo saberes a quien los requiriera.

María era la persona más frontal que he conocido, decía las cosas sin filtros y con la dureza que requiriera la cuestión, sin endulzar con azúcar y ni siquiera con edulcorante. Así se me han grabado en la memoria frases como la que me dijo en un congreso en el que yo exponía sobre genes de respuesta a estrés: “Es muy fácil mejorar una porquería”. No me enojé, más bien me pregunté quién era esa mujer que en un ambiente en el que todo el mundo suele ser cordial, aunque no necesariamente sincero, se animaba a expresar esa crítica en voz alta. Me acerqué, hablamos, y a partir de ahí hicimos un recorrido juntas de muchos años en varios proyectos. Nos costó mucho aprender a hablar el mismo idioma y acercar posiciones, ella desde la Ecofisiología, yo, desde la Biología Molecular. Lo logramos, atravesamos esa barrera interdisciplinaria que parecía infranqueable. Compartimos largas jornadas de discusión sobre resultados, y otras de simple trabajo de campo. Ambas les enseñamos a nuestros discípulos a saltar esa barrera.

Todavía, y creo que, por mucho tiempo, me cuesta no decir: esto se lo tendríamos que preguntar a María. Ella con sus enormes saberes y su generosidad infinita para compartirlos, siempre sumaba valor a la interpretación de resultados y a la proyección de experimentos. Tenía una memoria prodigiosa y valoraba muchísimo los trabajos de otros cuando lo merecían. Era común escucharla decir: “eso no es nada nuevo, lo dijo Passioura o lo dijo Tony Fischer (los que más nombraba) hace cuarenta años”. Y se acordaba de la cita exacta; yo la escuchaba con admiración.

Creo que no recibió los suficientes reconocimientos. María hizo escuela formal e informal. Les enseñó a muchos sin pago alguno ni reclamo de ningún tipo. Fue directora de muchas tesis de maestría y de doctorado, y de muchísimas más en la que no figura pero dio una mano enorme para concretarlas.

Nos deja mucho más ricos de lo que éramos. Deja conectadas a las próximas generaciones de científicos de las dos áreas”. ¡Gracias por tanto, te vamos a extrañar mucho, Maestra!