08/01/2013 | CIENCIA CON VOZ PROPIA
Cultura e historia en tiempos de globalización
Frente a la cosmopolitización de las costumbres y los consumos de las últimas décadas, la construcción histórica de la nacionalidad se torna esencial para revalorizar lo local.

Por Alberto Lettieri*

 

La globalización supuso el desarrollo de procesos de aculturación, que apuntaron tanto a imponer gustos, modas y prácticas de consumo a escala mundial, como a generar las condiciones para la imposición de relaciones de dependencia, a nivel político y económico.

El primer fenómeno ha sido analizado reiteradamente, y está relacionado con la manipulación de los gustos, para dirigir el consumo de modo tal de generar la necesidad de adquirir productos de determinadas marcas, estereotipados a escala mundial, lo cual permite crear tribus virtuales que comparten estilos musicales, la utilización de determinadas marcas o estilos de vestimenta, ciertos códigos de reconocimiento mutuo, entre otras cosas.

El segundo está relacionado con la cuestión de la dominación, es decir, la manera en que los procesos de aculturación implican la anulación o el desprestigio de las sociedades colonizadas y sus costumbres. Al sustraerse sus identidades propias por otras compartidas a escala global, van perdiendo también su sensación de pertenencia, y hasta su voluntad de construcción de una nación y una cultura diferenciada.

Es por esta razón que los procesos de construcción del neoliberalismo implicaron necesariamente otros previos y simultáneos de descalificación de la historia, de la cultura y de las tradiciones locales. En nuestro país, en los años ‘90 experimentamos un proceso de tales características: la convertibilidad implicaba la renuncia a tener moneda propia, las “relaciones carnales” a tener una política exterior, el endeudamiento a tener una política económica, las privatizaciones a tener un patrimonio nacional compartido, la tutela del FMI a tener una política propia.

Por esa razón, la construcción de una nación auténticamente independiente requiere de una revalorización de las tradiciones, las costumbres y las conductas propias. Y, sobre todo, requiere de la instalación de una conciencia histórica en clave nacional, que permita revertir la noción de “fin de historia” o de los particularismos, propios de los proyectos de dominación imperial.

Justamente, la función que debe cumplir la Historia en estos procesos es la de ofrecer un acervo dónde reconocernos como sociedad original y diferenciada, pero también para encontrar coincidencias con otras naciones hermanas con las que compartimos un pasado, un presente y un futuro común.

Por ese motivo, a partir de la recuperación de la historia no sólo es posible redescubrir el pasado, sino también revalorizar la política, que constituye un factor de independencia esencial frente a la voracidad simplificadora de los mercados.

Por esa razón, la empresa para las sociedades periféricas consiste, fundamentalmente, en revalorizar su historia, su cultura y sus tradiciones, ya que de eso depende su propia reproducción como sociedades independientes.

* Alberto Lettieri es doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Además es investigador principal del CONICET en el Instituto de Investigaciones de América Latina y el Caribe (IEALC), Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires y docente titular de la Carrera de Ciencias de Comunicación en la misma universidad.