26/06/2014 | CICLO DE ENTREVISTAS CONICET
“Argentina es productora de conocimiento con alto valor agregado”
Santiago Villa, director de Vinculación Tecnológica del CONICET, analiza el panorama de desarrollo biotecnológico en el país.
Santiago Villa, director de Vinculación Tecnológica del CONICET. Foto: CONICET Fotografía.

BIO 2014, una de las convenciones de biotecnología más importantes del mundo, se lleva a cabo del 23 al 26 de junio en la ciudad de San Diego, California, Estados Unidos. La Dirección de Vinculación Tecnológica (DVT) se presenta en el pabellón Argentina, organizado por los ministerios de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y de Relaciones Exteriores y Culto.

Durante las cuatro jornadas Villa y su equipo dieron a conocer la oferta tecnológica de productos, capacidades y tecnologías del Consejo en diferentes áreas de la biotecnología, que van desde plataformas de diagnóstico y tratamiento de enfermedades y alimentos funcionales hasta productos veterinarios, entre otros.

En su opinión, ¿cómo fue variando el panorama biotecnológico argentino en los últimos años?

Históricamente el país es pionero en investigación y generación de empresas de biotecnología, innovaciones nanotecnológicas y desarrollo de diferentes productos. En lo que respecta al CONICET, a lo largo del tiempo la base de generación de conocimientos – que son los científicos – se ha volcado fuertemente a las áreas de lo que se conoce como Ciencias de la Vida. Pero además, observamos que en los últimos tiempos los trabajos en biotecnología se han ido relacionando cada vez más con lo que ocurre en los diferentes centros de emprendimiento del mundo. Los temas se interconectan cada vez más y como resultado hay una mayor pertinencia entre lo que se investiga en Argentina y lo que se busca en el resto del mundo.

¿Hay mayor interés por lo que ocurre dentro de los laboratorios?

Cada vez más empresas han comenzado a notar que hay temas y trabajos muy interesantes que están surgiendo a lo largo de la Argentina. Aumentó la cantidad de visitas de jefes de investigación y desarrollo de las compañías a los laboratorios, y hay un creciente interés por conocer en profundidad lo que está ocurriendo en el país, especialmente en temas de biotecnología. Se generan conocimientos que, si bien no todos necesariamente llegan a ser un producto, son tan innovadores, novedosos y originales que llaman la atención de los centros de investigación y desarrollo de empresas multinacionales.

¿En qué temas de biotecnología?

En principio me refiero a un sentido bien amplio. Pero también hay que tener en cuenta que en algunas áreas, como aquellas de aplicación en farmacéutica para humanos, en general si bien hay empresas argentinas con fuerte desarrollo e historia estamos teniendo cada vez una presencia mucho mayor desde el Estado. Y hay un sector específico, el de biotecnología y mejoramiento vegetal, que ha crecido mucho en los últimos 5 o 6 años. A diferencia de otras áreas de conocimiento, hay pocos países en el mundo trabajando fuertemente en esta temática: Argentina, Brasil y Estados Unidos. Nuestro país no es sólo un gran productor, sino que además está desarrollando y vendiendo biotecnología vegetal al mundo.

¿En los últimos años aumentó la cantidad de patentes que impulsa el sistema científico tecnológico estatal?

Las patentes en sí mismas son utilizadas como herramientas por los países desarrollados para, de alguna manera, controlar o mantener cautivo cierto conocimiento y cobrar por el acceso. Nosotros partimos de una realidad distinta: Argentina es productor de conocimiento de alto valor agregado, no consumidor. El país puede no tener tanta cantidad de solicitudes de patentes como otros, pero sí cada vez mejores patentes en todas las áreas de la ciencia. Y la biotecnología es la que ha crecido más. Esto es gracias a la decisión política de patentar, de invertir fondos del Estado para proteger esos resultados de investigación que son también puestos por el Estado. Y, además, se busca potenciarlos económicamente, es decir comercializarlos y trasladarlos del laboratorio al mercado. Todo esto es respaldado por una decisión política estratégica de incorporar valor agregado y mantenerlo, no perder las tecnologías sino capturar la mayor cantidad posible de su valor en el país.

 

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