04/04/2017 | Ciencias Exactas y Naturales
Los ríos color verde
Una investigadora del CONICET estudió, a través de imágenes satelitales, la proliferación de camalotes que ocurrió en 2016 en la costanera porteña.
Muelle de pescadores plagado de camalotes. Foto: gentileza investigadora.
Jacinto de Agua. Foto: gentileza investigadora.
Mediciones radiométricas. Foto: gentileza investigadora.
Muelle de pescadores antes de los camalotes. Foto: gentileza investigadora.
Ana Inés Dogliotti. Foto: CONICET Fotografía.

En enero de 2016 las aguas del Río de la Plata de tiñeron de verde. Una invasión de camalotes que llegó desde los ríos Paraná y Uruguay puso en alerta a vecinos y autoridades sanitarias cuando, en tan solo unos pocos días, esta vegetación llegó a la costanera porteña y trajo numerosas consecuencias a nivel local. Se obstruyó la toma de agua de una de las principales plantas potabilizadoras de la Ciudad de Buenos Aires lo que puso en peligro el suministro, se complicó la navegación por el Río y se introdujo fauna del Litoral en la Ciudad como insectos, roedores, nutrias y reptiles y algunos más peligrosos como arañas o víboras que quedaron atrapados en el camalotal.

Este fenómeno llamó la atención de Ana Inés Dogliotti, investigadora adjunta del CONICET en el Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE, CONICET-UBA), que en ese momento empezó a estudiar esta proliferación de plantas flotantes en la Cuenca del Plata.

“Uno está acostumbrado al Río de la Plata, lo tiene al lado y solemos darle la espalda pero es muy interesante a nivel biológico y estamos muy relacionados a él: tomamos agua de ahí, navegamos, hay actividades turísticas, etc. Trabajo en el Río de la Plata desde 2010 en teledetección, es decir, obtengo información cuantitativa de imágines satelitales y no deja de sorprenderme lo que pasa allí. Cuando vi el tema de los camalotes en los medios pensé que se debía ver con este tipo de imágenes”, aclara Dogliotti.

Lo primero que hizo junto a su equipo de trabajo fue ir a la zona del Delta del Tigre a hacer mediciones radiométricas, que toma los mismos datos que las que toma un satélite, para conocer la respuesta espectral de los componentes del agua y luego generar los algoritmos que permitan detectarlos a partir de las imágenes satelitales.

“Me sorprendí porque a juzgar por los medios y lo que vi en la costanera, la invasión de camalotes, que en su mayoría pertenecían a la especie Eichhornia crassipes (jacinto de agua), parecía enorme. Sin embargo no se veían a simple vista en las imágenes diarias de los satélites con baja resolución (~1 km), sólo se detectaba claramente en los de mayor resolución (~250 m). Fue bastante chico el fenómeno a pesar de lo que se veía desde la costa y es porque el Río de la Plata es grande. La Cuenca del Plata es la segunda cuenca hidrográfica más grande de Sudamérica y la quinta del mundo”, advierte Dogliotti.

Las imágenes con las que realizaron el estudio se obtuvieron de distintos satélites de diferentes resoluciones, y de libre acceso. La mayoría de ellos se utilizan para investigaciones sobre vegetación terrestre pero como los camalotes son plantas que flotan en la superficie del agua, se ven diferentes a las algas.

Además, el Río de la Plata presenta una particularidad que lo distingue de otros cuerpos de agua: es muy turbio a causa de la gran cantidad de sedimentos y por eso, a nivel satelital, es más parecido a la tierra que al agua azul de los océanos. Por este motivo los científicos pudieron usar sistemas desarrollados para la tierra que tienen mayor resolución espacial como los Landsat que cubren superficies de 30 metros por pixel.

“Los equipos de mayor resolución pasan cada 5 o 15 días por la zona y dan mayor detalle del territorio a costa de la variable de tiempo. La imagen satelital da una visión sinóptica de un área más grande. Por ejemplo, en Agua y Saneamientos Argentinos S.A. (AySA) tienen puntos de monitoreo de las aguas pero a través de imágenes se pueden abarcar áreas más grandes que permite tomar medidas preventivas como por ejemplo evitar que se tapen los lugares donde se colecta agua para consumo. Nuestro trabajo ayuda a predecir que va a pasar estimando la concentración de los distintos componentes presentes en el agua y su dinámica, a pesar de que las imágenes tienen sus limitaciones: temporales, espaciales, presencia de nubes, etc. Es por eso que se usan las de distintos satélites para complementar los datos y obtener información más precisa de tiempo y superficie”, aclara la investigadora.

La Cuenca del Plata está formada por dos grandes ríos: el Paraná y el Uruguay y una gran red de afluentes y subafluentes que desembocan en el Río de la Plata. El primero es un corredor fluvial rodeado de bajos, formado por muchos humedades y esteros en la zona que son naturalmente inundables. Los camalotes son parte de ese ecosistema de cuerpos de agua temporarios.

Dogliotti explica que a fines de 2015 y principios de 2016 el fenómeno climático conocido como ‘El Niño’ fue muy intenso y eso implicó un aumento en la cantidad de lluvias. Se produjeron inundaciones en gran parte de la cuenca del Plata desde diciembre a febrero por lo que la vegetación de los humedales tuvo el paso libre al canal principal y pudieron llegar así hasta la costanera porteña.

“Como no se habló nada más en los medios, pensé que los camalotes habían desaparecido a finales de enero pero estaba haciendo otro trabajo con otras imágenes y aparecieron manchas en el Río varios meses después, en abril. Los pobladores del Delta están acostumbrados a que aparezcan en ciertas épocas plantas acuáticas pero no en esa cantidad. Si el fenómeno del ‘Niño’ es fuerte, es probable que se vuelva a repetir la invasión. 2017 parece no ser el caso”, advierte la investigadora.

 

Al otro lado del Río

Dogliotti explica que al comparar las imágenes del Río de la Plata en 2016 con las del verano 2015 para comprobar la ausencia de camalotes vieron manchas verdes que indicaban la presencia de vegetación en las aguas. Buscó información y detectó que en ese momento hubo una proliferación de cianobacterias –pequeñas algas verde azuladas que realizan fotosíntesis oxigénica y pueden producir toxinas perjudiciales para los animales- en la costa de Montevideo, Uruguay.

“Las cianobacterias se volvieron muy comunes sobre todo en las costa uruguaya, porque las aguas de ese lado del río son más claras ya que llegan menos sedimentos del Río Paraná que al lado argentino y estas algas necesitan luz para que proliferen. Además, el exceso de lluvias lava el suelo y tanto el fósforo como el  nitrógeno de los fertilizantes es usado por ellas como nutrientes. Esto perjudica el suministro de agua, la actividad pesquera, la acuicultura y el turismo porque las playas quedan cubiertas y aumenta la mortandad de los peces por falta de oxígeno. La idea es contactar especialistas uruguayos para hacer mediciones y trabajar en conjunto con las imágenes satelitales”, concluye la investigadora.

Por Cecilia Leone.