06/11/2012 | CCT La Plata
La ciencia al servicio del desarrollo comunal
Con la participación de los ciudadanos como una parte fundamental, cada vez se gestan más proyectos científicos que apuntan al desarrollo de zonas vulnerables
Foto: Irene Velarde

Una comunidad y su territorio son el laboratorio perfecto para los especialistas que siguen una modalidad de trabajo en el marco de la Inteligencia Territorial (IT), un concepto que alude a la búsqueda de soluciones concretas para problemas específicos que atañen a grupos social y económicamente muy vulnerables. Desde el CONICET y otras instituciones científico-académicas se apoyan diversas iniciativas de este tipo.

Aunque la denominación surgió hacia fines de los ’90, en la práctica ya existía como ‘investigación-acción’. Se trata de aquellos proyectos en los que un grupo multidisciplinario se vincula a nivel personal con los residentes de un lugar en el que existe determinada problemática, convive con ellos y contribuye a generar -de manera conjunta- posibles soluciones. Más como un complemento y no una parte central, el costado científico hace su aporte a través de asistencia técnica o bien de conocimiento.

“La IT busca combinar de manera inteligente, es decir, destacando las fortalezas, el papel de cuatro tipos de actores: ciudadanos, políticos, científicos y económicos. Cada uno aporta desde sus saberes para optimizar o concretar diferentes planes”, explica Horacio Bozzano, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IDIHCS, CONICET-UNLP), y coordinador del grupo Territorios, Actores y Gobernantes para la Transformación (TAG), que nuclea a investigadores y profesionales con este perfil.

Una de ellas es Irene Velarde, profesora de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), involucrada en un proyecto de investigación de IT basado en la recuperación del llamado ‘vino de la costa’ producido en Berisso. “En 1999 un grupo de especialistas nos acercamos a estos productores cuya principal actividad económica estaba decayendo. Desde disciplinas muy diversas trabajamos codo a codo con ellos hasta lograr la reactivación del producto”, señala.

El caso vitivinícola de la localidad bonaerense es apenas un ejemplo de esta modalidad de investigación que, según Bozzano, “constituye un paradigma emergente de la ciencia”. Como consecuencia de un largo proceso de promoción del vino cuyano, los viñateros de Berisso vieron mermar sus ventas progresivamente. También la industrialización se había llevado a sus hijos y nietos, que quedarían sumidos en el desempleo con la crisis de comienzos de 2000.

“A partir de un proyecto de extensión de la facultad nos acercamos a esta comunidad, y a lo largo de los años fuimos gestando salidas posibles. Algunas herramientas que aportamos fueron asistencia en los aspectos productivo, organizacional y comercial”, apunta Velarde. Así, se logró inversión en los campos, una cooperativa de pequeños productores, una bodega colectiva, y una fiesta regional que se celebra todos los años. “Sin un vínculo estrecho no se hubieran generado estas acciones. Es un camino en el que los productos científicos son lentos, pero lo elegimos porque consideramos que es verdaderamente transformador”.

Como el de Berisso, son cientos las iniciativas que en muchas localidades llevan la IT a hechos concretos. “Una de las fortalezas es que, a partir del conocimiento de la realidad y su transformación, se generan nuevas líneas de investigación. Por ejemplo, a partir de lo del vino, surgió un proyecto de estudio de levaduras”, señala la especialista.

 

Sin recetas

El concepto de IT fue acuñado por el francés Jean Jacques Girardot, que coordina el Grupo de Investigación Internacional en Inteligencia Territorial (GDRI INTI), con participación de cinco países: Francia, Bélgica, Italia, España y Argentina. Nuestro país está representado por TAG.

Según Girardot “estamos atravesando una fase de desarrollo de la IT a nivel internacional”, y asegura que los grupos de investigación europeos tienen estrecha relación con los latinoamericanos debido a que “trabajan de la misma manera, pensando a nivel local iniciativas para salir de la crisis y, aunque en su cultura son diferentes, pueden cooperar y lograr un gran intercambio”.

En ese sentido, Bozzano señala que “hay proyectos de todo tipo, y mayormente se trabaja para estimular la producción, el turismo, la educación, la cultura, la organización territorial, el empleo, el transporte, y lograr así el desarrollo de un lugar y su comunidad”.
Por su parte, Velarde subraya que “no hay recetas, las metodologías que se aplican tienen que ser significativas para los actores”. “Nosotros no vamos al campo a decirles cómo deben hacer las cosas. Los organismos de ciencia y tecnología tienen mucho que aprender de los ciudadanos y pueden hacer un gran aporte gracias a su tradición y rol de anticipación teórica”, apunta.

Como participante del proyecto del vino de la costa, el investigador del CONICET Claudio Voget señala que “se requiere mucho tiempo y esfuerzo ya que la interacción con el medio social es compleja y dinámica”. “Es positivo generar un marco institucional que considere a la IT y a sus actores parte integrante de los proyectos vinculados al desarrollo socio-económico de una determinada región”, opina Voget, bioquímico en el Centro de Investigaciones en Fermentaciones Industriales (CINDEFI, CONICET-UNLP), para quien no obstante la IT “es aún un área con poco desarrollo y para verificar sus resultados hace falta tiempo”.

  • Por Mercedes Benialgo.
  • Sobre investigación
  • Horacio Bozzano. Investigador independiente. IDIHCS.
  • Claudio Voget. Investigador adjunto. CINDEFI.