13-08-05
| La Nación | Política
Los intelectuales y el país de hoy
Francis Korn: “Las encuestas son
nada más que pasatiempos”
El análisis de la socióloga y antropóloga
Cree que no son incompatibles los recursos novelísticos con el
rigor científico de la sociología y así lo demuestra
en algunas de sus obras más difundidas, como “Los huéspedes
del 20” o “Buenos Aires, mundos particulares”. Pero
a la hora de reflexionar sobre ese intríngulis que es el destino
nacional, Francis Korn –la primera mujer argentina que se doctoró
en Oxford, Inglaterra– prefiere circunscribirse sólo a
aquellos temas previamente estudiados e investigados por ella en su
ya larga trayectoria académica, lejos de toda ficción,
especulación o mera opinión.
La rápida asimilación de los inmigrantes a la vida argentina,
que tuvo como resultado un verdadero mosaico de culturas, es uno de
sus temas de análisis. También la apabullante dimensión
de aquel crecimiento, que convirtió a la Argentina “en
el escenario de uno de los procesos sociales más satisfactorios
dentro de su desmesurada y multiforme especie”, como contracara
de los altos índices de pobreza y exclusión que predominan
hoy.
Su mente científica rechaza las simplificaciones y las esquematizaciones
en las que se suele incurrir a la hora de analizar “qué
le pasó a aquella sociedad que se ensanchó tanto y tan
de golpe con gente tan distinta, venida desde tan lejos". También
sobre las explicaciones que se suelen dar acerca del papel que le cupo
a la vieja sociedad criolla preexistente o a la conformación
de las nuevas dirigencias en una sociedad en transformación.
Francis Korn, socióloga y antropóloga, es investigadora
superior del Conicet, miembro de número de la Academia Nacional
de Ciencias de Buenos Aires, directora del posgrado en Sociología
de la Universidad Católica Argentina e investigadora del Instituto
Di Tella. De extracción liberal, casada con el historiador Ezequiel
Gallo, ha escrito también "Italia en la Argentina"
y "Lévi-Strauss y las estructuras elementales".
-En su libro "Buenos Aires, mundos particulares",
hay datos impactantes del despegue argentino, entre 1870 y 1914. ¿Qué
pasó en aquella época para que fuera tan fácil
progresar?
-Al hablar de este período, muchas veces se me acusa de tener
una visión romántica. Pero lo que yo digo no es que en
ese período no hubo pobres, sino que asombra lo rápido
que disminuyó su número y cómo bajó la cantidad
de analfabetos, así como la cantidad de gente que vivía
en conventillos. Mientras tanto, seguían agregándose cientos
de miles de inmigrantes pobrísimos por año. También
asombra cómo se multiplicaban entre los recién llegados
los empresarios industriales, los dueños de comercios, los propietarios
de viviendas y de tierras.
-¿Qué pasó con la vieja sociedad criolla,
preexistente a esa inmigración?
-Pasó a ser un porcentaje cada vez menor de la población
total y rápidamente los argentinos tuvieron una gran proporción
de gente que era primera generación en el país. La industria
y el comercio en las ciudades pasaron a ser casi ámbito exclusivo
de los recién llegados. En Buenos Aires, durante todo este período,
entre el 80 y el 90 por ciento de los propietarios de industrias fueron
extranjeros, los rentistas, los militares y los empleados de la administración
nacional.
-¿Aquella clase dirigente fue desplazada, pero no verdaderamente
reemplazada, por la que surgió de la inmigración?
-Yo no hablo de clase dirigente ni de viejas familias. Había
una sociedad pequeña, que se fue mezclando. ¿El Jockey
Club de Buenos Aires era la clase alta? Lo fundó Carlos Pellegrini,
hijo de un inmigrante saboyano, y diecisiete de los cien miembros fundadores
eran recién llegados, la mayoría inmigrantes irlandeses,
domadores de caballos. Treinta y ocho eran hijos de extranjeros y veinte
eran nietos de extranjeros. Sólo veinticinco tenían tres
o más generaciones en el país. Unos eran ricos y otros
eran pobres. Las viejas familias estaban mezcladas en un conjunto heterogéneo.
Pero el Jockey Club no era el único lugar donde se encontraba
gente de muy distintos orígenes y ocupaciones diversas. De la
mezcla dan cuenta las nóminas de socios de cualquier club social
nacional y también los apellidos de la gente tratada en los hospitales
nacionales y municipales, o la nómina de vecinos de cualquier
calle de las ciudades que crecieron de modo desmesurado.
-¿Cómo se produce el rápido pasaje del
conventillo a una vivienda mejor?
-Los que se alojaban en la peor vivienda posible de la época,
el conventillo, pasaron del 25 por ciento de la población total
de la ciudad de Buenos Aires, en 1887, al 9 por ciento en 1919, a pesar
de que la ciudad seguía recibiendo cientos de miles de inmigrantes
pobres cada año. El llamado "conventillo" fue la peor
vivienda posible del período, como decíamos, pero lo cierto
es que, comparado con la peor vivienda actual, el conventillo se convierte
en un alojamiento preferible. Para entender por qué la proporción
de la población que habitaba en ellos fue bajando de manera drástica
hay que decir que durante todo el período hubo ocupación
plena y que la relación entre el precio promedio del alquiler
de un cuarto de conventillo y los peores salarios de la época
(los de albañil y herrero) era de alrededor del 22 por ciento.
Siendo así, no es tan raro explicarse cómo aumentó
el número de propietarios de vivienda, que no sólo creció
más aún que la población, sino que creció
durante el período, con un 60 por ciento de extranjeros entre
ellos. Lo que quiero destacar es que el ahorro para llegar a la vivienda
mejor y propia no era una mera ilusión.
-En su libro se dice que el proceso se inició en 1931,
hace 74 años, y que a partir de entonces no hizo sino profundizarse
hasta configurar el cuadro de decadencia al que asistimos hoy. ¿Es
así?
-En 1931 aparece la primera villa, fruto de una autorización
del gobierno para dar albergue transitorio a un grupo de inmigrantes
polacos que ocupaban entonces los galpones de Puerto Nuevo. En 1932,
debido a que los ocupantes colmaban el lugar, se comenzaron a poblar
los terrenos baldíos frente al Club de Pescadores y el gobierno
levantó un campamento de desocupados, al que denominó
"Villa Esperanza". Pero yo no caracterizaría al proceso
como un desarrollo sin prisa y sin pausa, ya que no es hasta entrada
la década de 1940 cuando aparecen formaciones parecidas.
-¿Con el peronismo?
-Así es. Con el peronismo y con la famosa ley de alquileres.
La sanción de un decreto de 1943, que rebajaba los alquileres
en diferentes porcentajes de acuerdo con el monto a pagar y que establecía
que, en caso de que el contrato de locación se venciera, no se
le podía exigir al locatario la desocupación del bien
hasta después de un año y medio de ese vencimiento, benefició
a parte de los inquilinos, pero trajo como contracara un mercado sin
ofertas para los potenciales nuevos locatarios. Se había terminado
la idea de que construir para alquilar era un buen ahorro para la vejez.
En 1946, se ahondó esta nueva dirección con la ley que
prorrogó las locaciones y congeló los alquileres. "No
hay bien que por mal no venga", pareció ser el resultado
del afán por proteger a los inquilinos. En 1948 se dispuso por
decreto construir 59 pabellones de cartón prensado y techos de
ruberoid. Así surgió "Villa Cartón".
Le siguieron "Villa Jardín" y luego "Villa Tranquila"
y, para los años 50, "Villa Piolín", "Villa
Medio Caño" y otras.
-¿Cómo habría que resolver el tema de las
villas miseria?
-Una vez instaladas, creo que son muy difíciles de revertir.
Lo más grave es que establecen una suerte de división
social entre los ciudadanos que tienen que conducirse legalmente y los
que quedan exceptuados de los deberes que eso implica. Crean dos tipos
de ciudadano y aquí sí uno puede hablar de diferencias
sociales en serio, donde algunas personas tienen derechos y obligaciones
distintas de las otras, donde algunas tienen que pagar el terreno, la
luz, el cable y otras, no. Un pobre que no habita en una villa, sino
en cualquier otro lugar de la ciudad, tiene obligaciones que un villero
no tiene, y eso contribuye a que al villero no le resulte tan atractivo
pasar a otra situación. No le conviene.
-¿Cómo se sale del subsidio?
-Es una pregunta para la que no tengo respuesta. Aunque una cosa es
obvia: si se castigara menos a la inversión y a la producción
habría mas empleo y mejores oportunidades para salir de la pobreza.
Esa es la manera liberal de salir de esto. Pero, claro: no les sirve
a los políticos para seguir existiendo... Los votos de los políticos
hoy son esto... Yo no soy candidata a nada, ni quiero serlo. Lo que
no se comprende es que el discurso político de nuestro país
tenga tan pocas referencias acerca de cómo se debería
resolver este problema.
-La Argentina fue, después de los Estados Unidos, el
país que más inmigrantes europeos recibió. ¿Cuáles
son, según su análisis, las principales causas del desigual
destino posterior de ambos países, promisorios a principios del
siglo XX?
-La decadencia argentina no comienza hasta alrededor de la mitad del
siglo XX. Las diferencias en el desarrollo de ambos fenómenos
tienen que ver con la estabilidad política, la eficiencia de
los marcos jurídicos e institucionales en general, la cantidad
de trabas a la actividad productiva, la excesiva burocratización
de cualquier emprendimiento en favor del progreso de la educación,
la ciencia, la salud y cualquier otro aspecto social que beneficie a
todos. Quizás un buen indicador para medir la salud de un sistema
social sea medir la proporción del gasto en empleo público.
Y en eso no estamos, seguramente, muy bien ubicados.
-¿Coincide con quienes sostienen que las voces de centro
y de derecha desarrollaron una reflexión predominantemente económica,
pero muy débil en otros campos?
-No coincido. Eso es lo que se les señala a los llamados liberales,
pero debo decir que algunos pensadores que pueden calificarse de liberales
han hecho contribuciones importantes en el campo del análisis
político e histórico. Estoy hablando de Natalio Botana,
de Carlos Floria, de Ezequiel Gallo, de Roberto Cortés Conde,
de Gerardo della Paolera. No sé en quién están
pensando cuando dicen eso. Revisando incluso anteriores entrevistas
de esta misma serie, se encuentran muchos de estos aportes. Por otro
lado, también los pensadores considerados de izquierda o que
se autodenominan así apelan sobre todo a consideraciones de orden
económico para señalar lo que habría que modificar
en la sociedad. En cuanto al tan mencionado adjetivo "neoliberal",
tampoco contribuyó a clarificar las ideas. En general, se usó
para señalar actitudes y medidas que muy poco tienen que ver
con lo que siempre se consideró liberalismo.
-¿Cree que una sociedad libre puede enfrentar la amenaza
extremista sin que sus habitantes pierdan libertades civiles y sin que
caigan justos por pecadores, como sería el caso del electricista
brasileño abatido por error en Londres?
-Se van a perder libertades civiles; es inevitable. Por otra parte,
eso es lo que buscan los terroristas. No es un tema simple. Me preocupa
que al deplorable error en el caso del brasileño se le dé
más importancia que a los ataques terroristas. Por supuesto que
el error es espantosamente trágico, pero seguramente no hubiera
ocurrido de no haber existido los atentados. Y, por supuesto, también
para combatir al terrorismo hay que apelar a medidas que incomodan a
todos los ciudadanos, lo que no quiere decir que haga falta un gobierno
autoritario para llevar adelante las medidas que sean necesarias. Lo
que se necesita tener en claro es cuáles son acciones delictivas
y combatir eficientemente al delito con la celeridad necesaria como
para poder encontrar a los culpables. Para esto es claro que hoy en
día hay que tener la voluntad de estar preparado.
-Como especialista en metodología de las ciencias sociales,
usted ha puesto en duda si las encuestas electorales son pronósticos
científicos, dado que sus resultados con frecuencia no coinciden
con los de los comicios. ¿Cómo ve las elecciones de octubre
y las predicciones que, por el momento, se están haciendo de
sus posibles resultados?
-Es cierto que he analizado muchas veces la pobreza de las encuestas
de opinión como posibles instrumentos de medición, pero
tampoco he propuesto que se las reemplace por la adivinanza. Falta demasiado
para las elecciones de octubre como para emitir una opinión sobre
cuál puede llegar a ser el resultado. Lo que quienes votarán
piensan en este momento puede cambiar radicalmente hasta el momento
de la elección. Si las encuestas de opinión se realizan
no para predecir, sino para tratar de sumar conocimiento sobre el funcionamiento
de la mente humana y de la toma de decisiones, bienvenidas sean. Pero
hace falta que quien las realice tenga una buena preparación
en estadística, lógica e historia, como para no producir
los tontos resultados que, sólo con raras excepciones, nos ofrecen
hoy.
-¿Tontos resultados? ¿Entonces a qué atribuye
que las encuestas sean tan requeridas por los medios y por los lectores?
-Creo que su éxito reside en que a todos nos gustaría
conocer el futuro. De allí la proliferación de videntes
y adivinadores que hay en el mundo. Cuando digo "tontos resultados"
me refiero a que si tantas veces en tantos lugares -Francia, España,
Perú, Gran Bretaña, la Argentina- las encuestas preelectorales
vaticinaron tan mal lo que iba a ocurrir, ¿por qué habríamos
de confiar en aquellas en las que nunca se podrá comparar el
resultado con el universo real? Muchos de los que realizan encuestas
de opinión por muestreo dicen que sus métodos son científicos.
Es una rara definición de la ciencia aquella a la que no le interesa
cuál es el resultado de las investigaciones.
-¿Por qué se siguen haciendo?
-Porque es una diversión. La gente quiere saber qué va
a pasar. Por eso yo llamo a las encuestas "pasatiempos mundanos".
A los políticos les sirven, porque muchas veces la gente vota
a ganador. Pero con la ciencia tienen poco que ver. Al que quiere vender
una vacuna le viene bien decir que esa vacuna sirve... ¡aunque
no sirva! En ese caso, moriría gente, pero con estas estupideces
y vaticinios no pasa nada. La sociología no mata a nadie.