CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD

Cibertaxonomía para arañas duende

Un estudio reciente revela una sorprendente diversidad desconocida de pequeñas arañas del follaje y describe 85 nuevas especie del género Orchestina.


Por Matías A. Izquierdo* y Martín J. Ramírez**

¿Cómo estudiamos y clasificamos la biodiversidad?. ¿Cómo inferimos patrones evolutivos en organismos y cómo relacionamos esos cambios con el entorno?. ¿Cuántas especies de arañas conocemos y cuántas faltan por descubrir?

Las respuestas pueden provenir de varias disciplinas de la biología, entre ellas la taxonomía y la sistemática filogenética. La primera tiene como objetivo la clasificación de los organismos en unidades jerárquicas como orden, familia o género basada en el estudio de caracteres tanto morfológicos como genéticos. La segunda estudia sus relaciones evolutivas valiéndose de datos morfológicos, moleculares o comportamentales, y tiene como premisa reconocer caracteres únicos o sinapomorfías que permiten diferenciar un grupo de otro. Por ejemplo, el aparato de tejido de seda de las arañas las diferencia de cualquier otro animal. Ambas disciplinas van de la mano y forman parte de una unidad.

En este contexto, trabajamos en los últimos años estudiando un grupo de arañas de la familia Oonopidae, pertenecientes al género Orchestina. Se trata de animales que apenas llegan a los dos milímetros y tienen la capacidad de dar pequeños saltos gracias al engrosamiento de los fémures del cuarto par de patas (Orchestina deriva de la palabra bailarina, en griego). Mientras que el único registro en Sudamérica era de una especie reportada en Venezuela en 1893, estaba claro que la diversidad del género estaba subestimada, ya que las colecciones de museos contaban con muchísimos ejemplares sin identificar. Otro indicio provenía de muestreos que indicaban que estas arañas eran un componente abundante del estrato más alto de selvas y bosques.

Nuestro trabajo surgió en el marco de un proyecto colaborativo internacional (The Goblin Spider PBI) para estudiar la taxonomía de la familia en todo el mundo. Como son arañas comunes en bosques, pequeñas y difíciles de reconocer, acordamos en llamarlas ‘arañas duende’ (goblin spiders). Aunque inicialmente nos enfocamos en el estudio de especies sudamericanas, decidimos redoblar nuestro esfuerzo incluyendo a todas las especies del Nuevo Mundo. Esto nos permitió tener una visión global de la diversidad y explorar las relaciones entre diferentes grupos, inferir su evolución y la de los ambientes que ocupan.

Utilizamos una combinación de herramientas de la taxonomía clásica y un fuerte componente de cibertaxonomía, en la que la información es almacenada y procesada digitalmente en Internet para obtener descripciones homogéneas. Esto promovió estudios comparados y acortó los tiempos de publicación en comparación a la taxonomía clásica del siglo pasado.

Pudimos lograr una gran sinergia con 70 colegas de 10 países y llevar a cabo expediciones a varias regiones de Sudamérica. Como resultado global, se describieron 1267 especies para toda la familia en 10 años, 147 en nuestro laboratorio. Esto demuestra que si se combinan las herramientas clásicas de la taxonomía con las más actuales, el esfuerzo conjunto de investigadores y el apoyo financiero adecuado, se pueden producir resultados de calidad en tiempos comparativamente más cortos que en el pasado.

 

Las Orchestinas americanas

En nuestro trabajo, publicado en el Bulletin of the American Museum of Natural History, pudimos describir 85 especies nuevas para toda América de las seis que se conocían previamente (la especie de Venezuela, y cinco de Estados Unidos). Describimos tres especies nuevas de ese país, dos de México, siete de Centro América y Caribe, seis de Venezuela, una de Trinidad y Tobago, 17 de Ecuador, ocho de Perú, cuatro de Colombia, 20 de Brasil, dos de Bolivia, 12 de Chile y tres de Argentina. También pudimos inferir la historia de algunos grupos de especies que serán interesantes a estudiar en un futuro. Por ejemplo, las especies del oeste de Estados Unidos presentan caracteres únicos que pudieron haber evolucionado gracias al aislamiento geográfico de dicha región, que durante el Cretácico estuvo aislada por un mar interno y actualmente se encuentra relativamente aislada por grandes extensiones áridas.

Las especies de Chile son morfológicamente muy diferentes en relación a las de Argentina y otros países limítrofes, pudieron haber evolucionado de manera aislada hacia formas únicas debido al surgimiento de los Andes y a variables microclimáticas que pudieron actuar como barreras y presiones de selección a lo largo de miles de años. Un resultado interesante fue que, a diferencia de lo que ocurre para otras especies de la familia, ciertas Orchestina pueden tener una distribución amplia o pueden habitar tanto selvas como zonas relativamente áridas como los desiertos floridos de Atacama. También descubrimos que dos especies exóticas han sido introducidas en varios países, incluido el nuestro.

En el pasado era muy común que investigadores extranjeros describieran especies sudamericanas y depositaran los ejemplares de referencia en instituciones de Europa o Estados Unidos. Creemos que este tipo de trabajos impulsados por investigadores locales fortalecen nuestra ciencia y destacan el valor de instituciones nacionales donde es posible alojar estos ejemplares. Asimismo, resaltamos el valor del estudio de la biodiversidad como una herramienta para conocer y proteger aquello que aún queda por descubrir.

 

Martín Ramírez trabajó en el asesoramiento de la muestra The Cosmic Dust Spider Web Orchestra del artista Tomás Saraceno, que se puede visitar hasta el 27 de agosto en el Museo de Arte Moderno, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Para más información:
Animal behaviour: World of webs (publicado en Nature)
Tomás Saraceno: Cómo atrapar el universo en una telaraña.

*Matías A. Izquierdo es investigador asistente en el Laboratorio de Biología Reproductiva y Evolución, Instituto de Diversidad y Ecología Animal (IDEA, CONICET-UNC). La publicación referida es parte de su tesis doctoral realizada en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” – CONICET (MACN).

**Martín Ramírez es investigador principal en el MACN.