11/12/2017 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Arácnidos de las cavernas
Científicos del CONICET participaron del hallazgo de un nuevo género y especie de arácnido en cuevas de Sudamérica que aporta más información sobre la biogeografía histórica del grupo en la región.

Un nuevo género y especie de opilión, -arácnidos similares a las arañas-, fue hallado en Brasil, por investigadores de la Universidade Federal de São Carlos, y científicos del CONICET corroboraron mediante análisis morfológicos y filogenéticos que pertenece a la misma familia que otra especie e opilión que se distribuye 1000 km al noreste.

Se trata del opilión Relictopiolus galadriel, y fue considerado como un troglobio, es decir una especie que habita exclusivamente en cuevas, y descripto como perteneciente a la familia Kimulidae. El hallazgo fue publicado en la revista científica PLOS ONE y se trata del registro más austral de esta familia de arácnidos, devenido ciego y descolorido durante su proceso adaptativo a la vida en las cavernas.

El ejemplar fue hallado por científicos especializados en el estudio de fauna de cavernas del Laboratorio de Estudios de Subterráneos de la Universidade Federal de São Carlos, en la cueva Olhos d’ Água, en el estado de Minas Gerais. Ellos recurrieron al Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” para su identificación donde el equipo de opiliones de la División de Aracnología, coordinado por Abel Pérez González, investigador adjunto del CONICET, fue el encargado de hacer los análisis morfológico y filogenético.

La idea era poder determinar si pertenecía a la misma familia -Kimulidae- que una especie de opilión encontrada en la zona nordeste de Brasil –Tegipiolus pachypus-. “Pudimos corroborar que nuestro troglobio pertenecía a la misma familia, con la sorpresa de que se ubican 1000 km al sur. Es el registro más austral de toda la familia”, explica Pérez González.

Dentro de las conclusiones a las que arribaron en el trabajo es que la especie más norteña y esta nueva especie comparten un ancestro común que se encontraba muy difundido en el área que hace 40 millones de años era un bosque tropical muy tupido por el clima húmedo y cálido del periodo Eoceno (entre 55 a  33 millones de años atrás). “Es una evidencia más de que en la región neotropical había un bosque tropical húmedo a estas latitudes”.

Estos kimulidos ancestrales eran coloridos, tenían patas más cortas y parte de sus poblaciones frecuentaban las cavernas. “Los cambios climáticos a partir del Mioceno, hicieron más árido el exterior y provocaron la extinción de las poblaciones  de afuera de la cueva –epígeas-, sin embargo, las que sobrevivieron en la caverna evolucionaron durante millones de años y dieron lugar a una especie perfectamente adaptada al medio subterráneo. “Durante este proceso evolutivo características morfológicas particulares fueron fijadas en la nueva especie, entre ellas la despigmentación, la pérdida total o parcial de los ojos, alargamiento de los apéndices y el aumento de las estructuras sensoriales”, detalla.

Los troglobios son especies que habitan y desarrollan completamente su ciclo exclusivamente en cuevas. Las cuevas, según las pondera el investigador, se constituyen como “verdaderos museos de biodiversidad”, al permitir la supervivencia de linajes antiguos hasta la actualidad. Los investigadores, en la misma publicación, instan a diagramar estrategias de conservación más activas, y de protección de estos espacios, para prevenir que se dañe el entorno ante la utilización de este tipo de lugares para turismo y actividades recreativas.

Arácnidos ciegos y despigmentados

Durante su proceso de adaptación a la vida en la caverna estos animales perdieron su visión, con una desaparición de las estructuras oculares. “Son organismos muy peculiares, ciegos, despigmentados y con las patas más alargadas que sus parientes del medio externo”

“Están adaptados para vivir en la oscuridad en un medio de escasos recursos. Presentan adaptaciones fisiológicas morfológicas y comportamentales, al medio cavernícola, donde están. Durante la adaptación a este medio sin luz las especies comúnmente  fijan algunas características morfológicas particulares: los llamados troglomorfismos, que incluyen la despigmentación, pérdida de los órganos de la visión, no sólo quedan ciegos si no que pierden la estructura del ojo completamente”.

Ese es el cuidado que hay que tener al clasificar a los troglobios: las convergencias morfológicas que pueden darse durante un proceso evolutivo bajo las mismas presiones selectivas pueden engañar a los investigadores. Dos especies troglobias pueden ser despigmentadas, sin ojos y con apéndices alargados, pero no significa que sean parientes cercanos. “Por eso estudios integrativos como este son importantes, porque no sólo hay que realizar el análisis morfológico, si no que otros tipos de herramientas, como los análisis filogenéticos moleculares, pueden proveer las evidencias necesarias para poder verificar una correcta relación de ancestralidad”.

Sobre investigación:

Abel Pérez González. Investigador adjunto. MACN-CONICET

Sara Ceccarelli: MACN-CONICET.

Bruno Monte. Universidade Federal de São Carlos, Brasil.

Daniel Proud. MACN.

Márcio Bernardino DaSilva. Universidad Federal de Paraíba, Brasil.

Maria E. Bichuette. Universidade Federal de São Carlos, Brasil.