07/08/2017 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Alerta sobre los guardianes de los cultivos
Un equipo integrado por investigadores del CONICET demostró que un tercio de las aproximadamente 260 especies de abejorros del género Bombus se encuentra amenazado.
El abejorro gigante de la Patagonia Bombus dahlbomii una de las especies en riesgo de extinción. Foto: gentileza investigadores / Carolina L. Morales

En la actualidad a nivel mundial se observa una pérdida de polinizadores, lo que está relacionado con una disminución drástica en la producción de alimentos.  La población de animales que transporta polen para fecundar los cultivos atraviesa a toda la sociedad, en su cultura, en su economía y en su organización porque el servicio que prestan al ecosistema involucra a todas las esferas de una comunidad. En particular, los abejorros del género Bombus se encuentran entre los principales polinizadores de especies silvestres y cultivadas de gran parte de las zonas templadas de la Tierra.

Recientemente un trabajo publicado en la reconocida revista Proceedings of the Royal Society por un grupo de investigadores del CONICET muestra que a nivel mundial un tercio de las aproximadamente 260 especies de abejorros del género Bombus se encuentra amenazado, y que el riesgo de extinción está filogenéticamente estructurado. El equipo científico estuvo conformado por los investigadores del Consejo en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, UNCOMA-CONICET): Marcelo A. Aizen, investigador superior; Gabriela Gleiser, investigadora adjunta; Carolina L. Morales, investigadora adjunta; Marina P. Arbetman, investigadora en el Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD) y Paul Williams, investigador en el Museo de Historia Natural de Londres.

“Este es el primer análisis a escala global sobre patrones de declinación de las 260 especies de este grupo de abejas que incluyó una fracción importante (cerca del 50 por ciento). Uno de los objetivos del trabajo fue ver si esta declinación tiene lo que se llama una señal filogenética. Esta señal implica que, si una especie de abejorro declina, otras emparentadas también lo harán.  Para este grupo de abejorros encontramos que este era el caso. Es decir que existe un ‘contagio’ a nivel de grupos de especies relacionadas evolutivamente en términos de si declinan o no, lo que nos permite predecir incluso que especies podrían estar en problemas”, explica Aizen.

Los resultados del trabajo indican que, si bien cerca de un tercio de las especies de abejorros están declinando, hay grupos dentro del género donde más del 60 por ciento de las especies se encuentran en esa situación mientras que en otros el porcentaje es de menos del 10 por ciento. La filogenia también es un indicador de que hay otros factores que comparten especies emparentadas y que están predisponiendo a que muestren una reducción en sus poblaciones.

En este sentido, el investigador agrega que el segundo objetivo del trabajo fue justamente identificar estos factores y para eso pusieron a prueba varios de ellos: el tamaño del rango geográfico, la presencia de patógenos y el tamaño de la lengua de estos insectos, que se considera una característica asociada con el grado de especialización. Encontraron que las especies que tienen rangos geográficos pequeños, de unos pocos miles de km2, tienen mayor probabilidad de declinar porque estos rangos estarían asociados a condiciones climáticas más limitadas. También descubrieron que la lengua no es un buen indicador de la declinación, y que las especies donde no encontraron parásitos tienen mayor probabilidad de declinar, al revés de lo que se podría pensar.

“El resultado novedoso de que la ausencia de parásitos sea un indicador de vulnerabilidad, parece ser a priori contra-intuitivo. Sin embargo, nuestra hipótesis apunta a que las especies estables tienen mecanismos de tolerancia a los patógenos, mientras que en las especies susceptibles estos patógenos son tan virulentos que es difícil detectarlos. Es decir, si una especie de patógeno es muy letal para una determinada especie, el abejorro que se infecta muere, entonces esa población declina y los individuos que sobreviven son los que aún no se han infectado”, aclara Arbetman, primera autora del trabajo.

Los científicos advierten que están preocupados por los polinizadores en general, pero en particular por los del género Bombus. Debido a su gran capacidad de polinizar no sólo flora nativa sino también otros cultivos, algunas especies se crían en cautiverio y exportan a varias partes del mundo. Esta diseminación de abejorros exóticos tiene consecuencias negativas y graves para la fauna nativa, incluyendo otras especies de abejorros, y para las plantas que son polinizadas por ellos.

“Una de las especies de abejorros que declina es la única especie del género nativa de la Patagonia, que es de gran tamaño y es conocida como mangangá (Bombus dahlbomii). En este caso, la declinación se produjo por la introducción de dos especies de origen europeo a través de Chile, B. ruderatus y B. terrestris. Esta última se está criando a escala mundial e importando para polinización de cultivos en invernadero. Trabajos previos que realizamos demuestran que particularmente B. terrestris introdujo enfermedades que no estaban antes, además de que compite con los recursos de este abejorro nativo”, agrega Aizen.

Por su parte, Arbetman aclara que, a partir de los resultados de este trabajo, se demuestra la importancia de tener en cuenta el parentesco de las especies a la hora de delinear estrategias para la conservación, ya que lo que mostraron es que no todos los ‘grupos familiares’ tienen el mismo nivel de riesgo de extinción.

Finalmente, los investigadores aseguran que, para frenar la declinación de las poblaciones de polinizadores en general, y de abejorros en particular, es vital mantener los ecosistemas sanos para permitir su desarrollo y fundamentalmente evitar la diseminación de especies exóticas.

Sobre la investigación:
Marcelo Aizen. Investigador superior. INIBIOMA.
Gabriela Gleiser. Investigadora adjunta. INIBIOMA.
Carolina Morales. Investigadora adjunta. INIBIOMA.
Marina Arbetman. IRNAD. Universidad Nacional de Río Negro – Sede Andina/ Laboratorio Ecotono, INIBIOMA, UNCoBariloche.
Paul Williams. Department of Life Sciences, The Natural History Museum, Cromwell Road, London.