19/11/2012 | CICLO DE ENTREVISTAS CONICET
“Uno de los motivos del premio fue el proceso de vinculación tecnológica con la empresa”
Diego Milone dirige el grupo que desarrolló un algoritmo para detectar patologías del sueño. Por ello, recibieron el premio Sadosky de Oro el 6 de noviembre

Es un ejemplo de cooperación: el equipo de trabajo de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), y la empresa CardioCom recibieron el premio Sadosky al mejor Trabajo de Investigación Colaborativo Industria–Academia y el Sadosky de Oro por el desarrollo de un dispositivo portátil para detectar apneas de sueño, una patología que afecta a casi el 10 por ciento de la población argentina.

Diego Milone, director del equipo de la UNL e investigador adjunto del CONICET, explica la importancia del diagnóstico de esta condición, que se caracteriza por reiteradas pausas en la respiración durante la noche. Como consecuencia, la persona no descansa bien y puede sufrir accidentes de tránsito, de trabajo o tener un bajo rendimiento en el día.

“El diagnóstico es complicado porque el paciente tiene que dormir lleno de cables en un laboratorio del sueño – que suelen estar sólo en los grandes centros urbanos – y además puede recibir un turno para dentro de tres meses. Con este dispositivo, todo ese proceso para el diagnóstico se va a poder agilizar mucho”, afirma.

 

¿Cuál es la ventaja de contar con un dispositivo portátil?

El diagnostico de las apneas, especialmente de aquellas que ocurren durante el sueño, es en general es bastante complicado porque se hace en unas salas que se llaman laboratorios del sueño. Recientemente comenzaron a surgir en el mundo pero dispositivos portátiles aún son complejos. En los laboratorios del sueño la persona tiene que pasar la noche en una sala, llena de cables e incómoda, lo que ya de por sí no es la forma natural en la que duerme cada día. Además, hay un técnico que tiene que estar toda la noche controlándola y el equipamiento es bastante caro. Nosotros desarrollamos un dispositivo muy sencillo que se coloca en el dedo y que el paciente se puede llevar a su domicilio, se lo pone a la noche mientras duerme y después lo trae nuevamente al consultorio. Con esa información, el médico ya puede hacer un diagnóstico.

 

¿Cuál fue el aporte del equipo de la UNL en esta investigación?

Desarrollamos un algoritmo que le muestra al médico cuántas apneas por hora tuvo la persona durante la noche. Básicamente, un sensor que va en el dedo mide la concentración de oxígeno en sangre, similar al que se usa en los hospitales durante las internaciones. Las apneas no se pueden detectar directamente con sólo esa señal, pero a través del algoritmo logramos solucionar este problema. Ese era justamente el desafío: obtener la información de las apneas usando solamente ese dato de oximetría.

 

Específicamente, ¿que tipo de patologías permite prediagnosticar?

Nosotros hicimos el desarrollo específicamente para apneas e hipopneas obstructivas del sueño, que afectan entre el 4 y 10 por ciento de la población general. El diagnóstico es complicado porque el paciente tiene que dormir lleno de cables en un laboratorio del sueño – que suelen estar sólo en los grandes centros urbanos – y además puede recibir un turno para dentro de tres meses. Con este dispositivo, todo ese proceso para el diagnóstico se va a poder agilizar.

 

¿Cómo fue el proceso de vinculación tecnológica con la empresa?

Fue un proyecto que desarrollamos en conjunto con la empresa, desde su formulación, y creo que ese justamente fue uno de los motivos del premio. En el proyecto participaron investigadores de la UNL y de la Universidad Nacional de Entre Ríos, personal de desarrollo y un médico asesor de CardioCom, que financió el proyecto junto con la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica en el marco de un Proyecto de Áreas Estratégicas (PAE). El sueño fue lograr un dispositivo que a partir de una sola señal, y desde la casa, permita medir lo que hoy se hace en un laboratorio del sueño.

 

¿Cuáles fueron las etapas?

Primero trabajamos con las bases de datos de los pacientes para probar el algoritmo. Luego, con CardioCom, empezamos a desarrollar el dispositivo electrónico, insertar los algoritmos y probarlos. La empresa tenía la capacidad de desarrollo electrónico, para armar las placas y trabajar con microprocesadores, mientras que nosotros desarrollamos y optimizamos los algoritmos para que tengan el menor costo computacional posible sin que caigan las tasas de detección. Fue un excelente trabajo en conjunto para llegar al prototipo actual y esperamos que durante el año que viene el producto ya esté al alcance de la gente.

Formación
Diego Milone es investigador adjunto del CONICET en el Centro de Investigación en Señales, Sistemas e Inteligencia Computacional de la Universidad Nacional del Litoral.
Se recibió de bioingeniero en la Universidad Nacional de Entre Ríos y tiene un doctorado en ingeniería electrónica en la Universidad de Granada, España.

 

Financiación

El proyecto contó con financiamiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, a través de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

  • Por Ana Belluscio

  • Sobre investigación
  • Diego Milone. Investigador adjunto. UNL.