CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

Un proyecto internacional liderado por una científica del CONICET estudia las colecciones de museos provinciales

Irina Podgorny coordina, junto con Nathalie Richard de la Universidad de Le Mans, un novedoso estudio interdisciplinario.


¿Cómo llegan los objetos a los museos? ¿Qué viajes hicieron antes de ocupar un lugar en una vitrina o en un depósito? ¿En qué contexto fueron colectados? ¿Quién los adquiere, quién los cede, quién define cómo reunirlos, por qué se descartan? Algunas de esas preguntas llevaron a las historiadoras de la ciencia y de los museos Irina Podgorny y Nathalie Richard, investigadora del CONICET y de la Universidad de Le Mans respectivamente, a proponer un proyecto a la Unión Europea para estudiar estas cuestiones inherentes a la constitución de las colecciones de los museos de arqueología y de historia natural. SciCoMove, tal el nombre del proyecto, se enfocaba en los museos de provincia y con él, en 2020, obtuvieron financiación a través de la convocatoria RISE (acrónimo para Research and Innovation Staff Exchange) en el marco del programa de investigación e innovación Horizonte 2020 bajo el acuerdo de subvención Marie Sklodowska-Curie. A poco más de un año de su puesta en marcha en mayo de 2021, Podgorny señala: “A veces se piensa que un museo de provincia es algo local, de alcance limitado, nosotras destacamos que los museos, no importa dónde estén, funcionan en red con otros y con personas e instituciones que, a veces, trascienden las fronteras del país donde se encuentran. Los primeros resultados del proyecto lo confirman”.

El estudio liderado por Podgorny, cuyo lugar de trabajo es el Archivo Histórico del Museo de La Plata, está centrado en siglo XIX e inicios del siglo XX, la época en la que los museos de historia natural representan uno de los espacios de institucionalización de las ciencias, el motor de nuevas profesiones. El proyecto, de la mano de sus integrantes- en su gran mayoría mujeres pero con una cuota de participación masculina-, recorre algunos museos situados en los nueve países sudamericanos y europeos representados en el proyecto. Este incluye localidades de la Argentina y Uruguay, o ciudades como Angers, Le Mans y Barcelona, que, a través de las colecciones, se conectaron con otras partes del mundo. Lo componen profesionales de museos, historiadoras de la ciencia, entomólogos y paleontólogos: una decena de sus miembros es argentina y pertenece también al CONICET. “Nuestro proyecto asume que la historia de los museos, no es solamente un interés propio de los historiadores –explica Podgorny- sino que puede ser de relevancia para los científicos  del presente. Los paleontólogos del equipo, por ejemplo, acuden a las colecciones antiguas y a los archivos de los museos europeos para entender problemas taxonómicos contemporáneos. Lo mismo pasa con los entomólogos, quienes revisan las colecciones del siglo XIX para pensar problemas actuales”.

Tal como indica la investigadora, el proyecto, a través del quehacer histórico, apunta a “dar vida a colecciones que quedaron olvidadas o que se descartaron porque perdieron la información asociada a ellos. Es decir, apuntamos a conectar las colecciones con los archivos y las bibliotecas ya que los objetos no hablan solos sino a través de la investigación. Nos interesa mostrar la relevancia de la historia para los profesionales que hoy hacen ciencia con las colecciones. Sobre todo a través de la documentación que rastrea su origen y muestra cómo llegaron, por qué se traspapelaron, quién los coleccionó, quién las hizo, cuándo y cómo. Se trata de proveer información que conecte esos objetos mudos con textos, personajes, ideas. Hay colecciones guardadas sin ningún archivo emparentado, o que han perdido hasta sus etiquetas: los historiadores podemos colaborar a reconstruir sus itinerarios tanto dentro como fuera del museo. Hay objetos que responden a los intereses de la ciencia del pasado y hoy, desechados de su uso, se desconoce para qué servían o cómo, por qué llegaron hasta allí. ¿Qué podemos hacer? Darles vida a través de la investigación histórica”.

Un componente central del proyecto son las misiones en el extranjero. “Gracias a ellas, este grupo interdisciplinario, con base en distintos países y con conocimientos diferentes, intercambia información sobre las piezas para que los museos y los investigadores puedan hacer algo con ello”.

En el marco de esos viajes, Susana García, investigadora del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, integrante de este y otros proyectos dirigidos por Podgorny, tuvo la oportunidad de trabajar en los museos de Barcelona y de Le Mans sobre las colecciones de mulitas y peludos y los canastos que, a inicios del siglo pasado, se hacían con la coraza y la cola de estos animales como souvenir para los turistas. “Gracias a este proyecto, constaté que los ejemplares usados en algunos canastos no pertenecían a la especie comercializada desde Texas sino a una de la región pampeana. Por lo visto, en nuestro país alguien se aprovechó de esta moda para fabricar y comercializar el mismo objeto que se manufacturaba en la frontera mexicana”, señala García.

Este trabajo que rastrea la circulación y expansión de ciertos objetos icónicos –almejas gigantes, taburetes hechos con patas de elefantes, instrumentos prehistóricos de piedra, moldes, fósiles y escarabajos- se está volcando en un blog en el que, a modo de diario de viaje, los investigadores cuentan algunos de sus hallazgos. Las directoras, al mismo tiempo, preparan un número especial de la revista Centaurus dedicado a los museos y colecciones de provincia que estará disponible en acceso abierto (open access) en 2023.

Hacia 2024, cuando el proyecto finalice, se realizará una exhibición digital de algunos objetos que incluyen piezas prehistóricas francesas y colecciones de insectos sudamericanos. Por otro lado, en 2022 se realizaron varios talleres y cursos sobre la historia de las colecciones de cráneos, las falsificaciones y las réplicas. Estos favorecen el intercambio entre los profesionales pero también apuntan a la formación de los doctorandos que forman parte de los equipos de trabajo.

Podgorny, por su parte, viajará a Turín en 2023 para estudiar las colecciones de Ciervo Blanco, uno de los tantos charlatanes transatlánticos, “un canadiense que, en la Italia de la primera mitad del siglo XX, adoptó la identidad de un jefe indio. Por esas contingencias de la historia, su ropa y archivo quedaron en el Museo Lombroso, uno de los socios de nuestro proyecto”, señala entusiasmada. También se está confeccionando una lista de los objetos sudamericanos que debían estar presentes en una colección de museos sí o sí a comienzos del siglo XX. “Un museo que se preciara no podía prescindir de la coraza de un gliptodonte, ni de las antigüedades mexicanas o peruanas, tampoco de mariposas exóticas. Ese inventario será otro de los resultados de este proyecto”, cierra Podgorny.

Por Cintia Kemelmajer