22/04/2015 | CIENCIAS AGRARIAS, INGENIERÍA Y DE MATERIALES
¡Tanta vida a tus pies!
En el Día Internacional de la Madre Tierra un investigador del Consejo habla sobre su importancia para todos los seres que la habitan.
Un suelo saludable, con mucha actividad biológica, donde se observan agregados biogénicos de lombrices. Foto: gentileza investigador.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró al 2015 como el Año Internacional de los Suelos. ¿Qué relevancia tiene para el hombre y para los procesos ecosistémicas esenciales del planeta?

Por José Camilo Bedano*

Desde hace mucho tiempo sabemos que sin el suelo los seres humanos no tendríamos posibilidades de vivir. Sin embargo, muchas veces nuestro trato hacia él no se corresponde con tamaña importancia. En muchos sectores del ámbito político, científico-técnico, productivo y educativo, sigue vigente un marco teórico en el cual el suelo es visto exclusivamente como un medio o soporte para la producción de cultivos.

No obstante, en base a la gran cantidad de conocimientos acumulados en las últimas décadas, fue ganando terreno un abordaje más holístico del suelo entendido como como un recurso natural básico, y un sistema que alberga una enorme abundancia y diversidad de organismos (desde bacterias de pocas micras de tamaño, hasta lombrices de hasta varios decímetros de largo). Además, es un componente clave de los procesos ecosistémicos y ciclos biogeoquímicos, un medio para la disposición de residuos, y favorece la retención y el mantenimiento de la calidad del agua.

Por otra parte, es el medio donde ha quedado registrada buena parte de la historia del ambiente y la historia cultural de la humanidad. En este abordaje holístico y sistémico, la biodiversidad tiene especial importancia: el suelo hospeda a un cuarto de la biodiversidad del planeta, y sostiene, directa o indirectamente al resto.

Para dar una idea, podemos pensar que en el suelo que queda por debajo de nuestro zapato al dar un paso en un bosque nativo o un pastizal pampeano, podemos encontrar hasta 50 lombrices de 10 especies, unos 10.000 ácaros y colémbolos de 100 especies, unos 10.000 nematodos y unos 100.000 protozoos. Sumado a ello, hasta 50 kilómetros de hifas de hongos y millones (si, millones) de bacterias. Tal diversidad de organismos, en cuanto a especies, tamaños, hábitos tróficos y funciones lo convierte en un componente clave de los procesos ecosistémicos.

En buena parte del mundo existen claras evidencias de que los suelos se están degradando por causa de usos y manejos inadecuados. Los sistemas agrícolas en general afectan negativamente a la fauna del suelo, podría decirse que por falta de casa (pérdida de hábitat por compactación) y de comida (pérdida de materia orgánica, escasa cobertura del suelo, baja diversidad vegetal) y por exceso de veneno (gran cantidad de agroquímicos usados).

Es por ello que desde hace 18 años, en el Grupo de Investigaciones en Ecosistemas Terrestres (GIEET) de la Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba, evaluamos el impacto de diversos sistemas de manejo agropecuario de la Región Pampeana sobre el suelo, a través del estudio de la meso y macrofauna edáfica y de procesos ecosistémicos claves, como la descomposición de la materia orgánica y la formación de estructura del suelo.

Nuestros trabajos muestran una disminución de hasta un 66 por ciento en la diversidad de lombrices de tierra en suelos bajo agricultura convencional (siembra directa y labranza reducida) con respecto a suelos naturales, y una disminución de más de un 60 por ciento en la riqueza de especies de hormigas y coleópteros.

Se ha observado también una disminución de la diversidad de ácaros oribátidos (artrópodos de aprox. 1 mm de tamaño) de un 70 y un 90 por ciento en suelos bajo labranza reducida y siembra directa, respectivamente, en relación a un suelo natural sin manejo. También hemos estudiado la agricultura orgánica extensiva (en lotes de soja, maíz y girasol de tamaño comparable con los de la agricultura convencional), como una alternativa de manejo que si bien también puede afectar la disponibilidad de hábitat y de recursos alimenticios para la biota (aunque debería hacerlo en menor medida), no tiene efectos negativos por uso de agroquímicos.

Observamos que la agricultura orgánica promueve mayores abundancias de mesofauna, lombrices y coleópteros respecto a la agricultura convencional, y que ello repercute en un aumento en el proceso de descomposición de los restos orgánicos y en consecuencia en la liberación de nutrientes. En otros estudios abordamos la relación entre la presencia de determinadas especies y los procesos ecosistémicos del suelo.

Hemos observado como una mayor abundancia y actividad de lombrices se traduce en una mayor producción de agregados biogénicos (las deyecciones de las lombrices), lo que contribuye fuertemente al ciclado de nutrientes, a la incorporación de la materia orgánica y al aumento de la estabilidad estructural.

En pos de “reconciliar” la producción agrícola con la conservación del enorme capital natural que representa el suelo, que tal como fue señalado está siendo degradado (y en algunos sectores a pasos agigantados), es necesario pensar los sistemas agrícolas del futuro con una mirada muy cercana a la biota del suelo. Implementar sistemas de manejo agrícola y ganaderos que favorezcan el desarrollo de una biota del suelo abundante, diversa y activa, para que los procesos ecosistémicos se desarrollen con normalidad, única garantía para sostener la productividad de manera sustentable.

Finalmente, pensando en las generaciones que por ahora se están hamacando despreocupadamente en las placitas de las esquinas, surge la pregunta: ¿cuánta vida dejaremos bajo sus pies?.

*José Camilo Bedano es investigador adjunto del CONICET en el Departamento de Geología, Facultad de Ciencias Exactas Físico-Químicas y Naturales, Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Obtuvo su licenciatura en Ciencias Biológicas y su doctorado en Ciencias Biológicas enla UNRC. Hizosu postdoctorado en el Centro de Investigación Ambiental y Tecnologías Sustentables (UFT Centre), Universidad de Bremen, Alemania. Actualmente es director del Grupo de Investigaciones en Ecosistemas Terrestres (GIEET) enla UNRCy Profesor Adjunto de la cátedra de Pedología, para las carreras de Licenciatura en Ciencias Geológicas y Licenciatura en Ciencias Biológicas dela UNRC.

Investigadores del grupo:

Dra. Anahí Domínguez. Investigadora Asistente CONICET.

Lic. Romina Arolfo. Becaria Doctoral CONICET.

Lic. Florencia Vaquero. Becaria Doctoral CONICET.