28/03/2017 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Revelan la presencia de bacteria en llamas en Argentina
Científicos del CONICET y de la UBA detectaron en camélidos un patógeno respiratorio que también puede afectar a humanos y al ganado bovino y vacuno.
Científicos del CONICET y la UBA encontraron patógeno respiratorio en llamas en Argentina. Fotos: gentileza investigador.
Científicos del CONICET y la UBA encontraron patógeno respiratorio en llamas en Argentina. Fotos: gentileza investigador.
Marisa Castro, Martín Ledesma, Ailén Díaz y Alejandro Ferrari. Foto: CONICET Fotografía.

Los camélidos sudamericanos (llamas, alpacas, vicuñas y guanacos) son cada vez más requeridos por su carne, su pelaje o incluso como acompañantes terapéuticos. Esta situación convierte el control de su estado sanitario en un asunto importante, tanto por su contacto directo con individuos humanos como por el que puedan tener con otros animales con los cuales comparten espacio doméstico, como vacas, ovejas o caballos.

Con este interés, un equipo de científicos del que participan investigadores del CONICET y de la Universidad de Buenos Aires estudió la presencia de bacterias respiratorias en llamas argentinas y reportaron por primera vez para camélidos la presencia de Acinetobacter lwoffii, patógeno que también se puede encontrar en humanos, ganado ovino, bovino, equino y porcino y vegetales. Sobre los casos analizados alrededor del 20 por ciento estaba infectado con este microorganismo.

“El Acinetobacter es un género bacteriano que ganó consideración porque se trata de patógenos asociados a infecciones intrahospitalarias en humanos. Son microorganismos que no ocasionan daño cuando la persona tiene las defensas altas, pero que cuando está inmunodeprimido producen una patología. Es por ello que se los conoce como patógenos oportunistas”, explica Alejandro Ferrari, investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Química y Físico-Química Biológicas ‘Prof. Alejandro C. Paladini’ (IQUIFIB, CONICET-UBA).

Hay dos grandes grupos dentro del género bacteriano Acinetobacter, las baumanii -más prevalentes en infecciones humanas- y las no baumanii. Dentro de estas últimas, la más prevalente es justamente la Acinetobacter lwoffii, bacteria que empezó a ganar atención a partir de aislamientos que se hicieron en pacientes internados en Europa.

De acuerdo a un informe del año 2008 de la Organización Mundial de Salud Animal (OIE) la especie bacteriana respiratoria más frecuente en camélidos es Pasteurella, la cual también suele hallarse entre el ganado. Además, estudios realizados en Perú revelaron la presencia en alpacas de Pasteurella multocida y Mannheimia haemolytica, pero hasta el momento no se había descripto la presencia del género Acinetobacter en camélidos. Pasteurella, el microorganismo respiratorio que los investigadores esperaban encontrar, no fue finalmente detectado en las llamas que se analizaron para este estudio.

“Tener conocimiento de la presencia de Acinetobacter en camélidos domésticos nos indica que hay que tomar recaudos a la hora de mezclarlos con otros animales en un mismo espacio y tener en cuenta que esta bacteria podría pasar a las personas y al ganado. Por eso es que además es importante continuar investigando qué pasa con otros patógenos en camélidos y qué ocurre con la bacteria Acinetobacter lwoffii en particular”, afirma Martín Ledesma del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral ‘Prof. Dr. Ricardo A. Margni’ (IDEHU, CONICET-UBA), autor principal del artículo en que se da cuenta del hallazgo publicado en Frontiers.

 

Infructuosidad de los análisis serológicos en camélidos

Un segundo resultado del estudio realizado por los investigadores sobre las llamas argentinas fue la conclusión de la inutilidad de los análisis serológicos -del suero obtenido a partir de la sangre de los animales- para identificar la presencia de patógenos en camélidos, al menos en el modo en que se realizan con otras especies animales.

En un diagnóstico hay dos grandes formas de detectar una infección, una directa y otra indirecta. En la primera, se busca la bacteria o virus responsable de la infección, por ejemplo mediante un cultivo; mientras que la indirecta consiste en la búsqueda de una consecuencia del contacto de un organismo superior –una llama o una persona, por ejemplo- con el microorganismo infeccioso.

“Si el microorganismo entra en un organismo superior provoca una respuesta inmune en la que se producen anticuerpos específicos. Entonces lo que se puede hacer es buscar en el suero de la sangre de los individuos la presencia de anticuerpos para poder afirmar que su organismo entró en contacto con determinada bacteria, virus o parásito. Se trata de una búsqueda indirecta”, explica Ferrari.

De acuerdo con Ledesma, los análisis serológicos ofrecen varias ventajas respecto de los directos. Por un lado, porque al hacerse in vitro –o sea, en ambiente controlado fuera de un organismo vivo- el único reactivo biológico que se manipula es el suero del animal, lo cual entraña mucho menor riesgo para la salud de quién realiza los estudios que hacer cultivos de bacterias donde se hace crecer un microorganismo infeccioso. Por otra parte, en ocasiones para hacer análisis directos es necesario matar al animal, mientras las pruebas serológicas solo implican tomar una muestra de sangre. Finalmente, en ciertos casos los cultivos demoran varios meses mientras el resultado de un estudio serológico no toma más que uno o dos días.

“El problema con los camélidos es que su lógica de producción de anticuerpos es distinta a la de otros vertebrados superiores. Nosotros realizamos los dos tipos de análisis en los animales para ver que correlación había entre la presencia de anticuerpos y el hallazgo de la bacteria en los cultivos y vimos que era baja” afirma Ledesma.

La comparación mostró que los estudios serológicos arrojaron un 48 por ciento de falsos negativos y un 40 por ciento de falsos positivos. “Esto nos llevó a poder confirmar tajantemente que la búsqueda de anticuerpos en el suero de los camélidos no resulta útil para verificar o descartar la presencia de patógenos respiratorios. No, por lo menos, del mismo modo en que se usa en otras especies animales”, concluye Ferrari.

Por Miguel Faigón

Sobre investigación:
Martín M. Ledesma. IDEHU.
Ailén M. Díaz. Becaria doctoral. IDEHU
Claudia Barberis. Hospital de Clínicas.
Carlos Vay. Hospital de Clínicas.
Marcela A. Manghi. IDEHU.
Juliana Leoni. Investigadora independiente. IDEHU.
Marisa. S. Castro. Investigadora asistente. IDEHU.
Alejandro Ferrari. Investigador adjunto. IQUIFIB.