20/10/2014 | CIENCIA CON VOZ PROPIA
Reflexiones a 30 años del Nunca Más
¿Qué hacemos en la Argentina con nuestro pasado de violencia política? Análisis de algunos desafíos que plantean los estudios de historia reciente y memoria social.

Por Emilio Crenzel*.

En contra de lo que puede suponer cierto sentido común, la Argentina se destaca, a escala internacional, por la variedad de iniciativas desplegadas, desde el retorno de la democracia, para tramitar el proceso de violencia política que atravesó el país en los años setenta.

La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas –CONADEP- retrató el sistema de desaparición y, junto a su informe Nunca Más, se constituyeron en modelos para las decenas de “comisiones de la verdad” creadas a escala global para investigar procesos de violencias extremas. El juicio a las Juntas Militares demostró que la ley podía alcanzar aún a quienes tuvieron el máximo poder del Estado y reinstaló, en la esfera internacional, a la justicia penal como herramienta para enfrentar violaciones masivas a los derechos humanos.

El Equipo Argentino de Antropología Forense, dedicado a la búsqueda e identificación de restos de víctimas de violaciones a los derechos humanos, y el Banco Nacional de Datos Genéticos, clave en la búsqueda e identificación de hijos de desaparecidos, se han constituido, también, en referencias internacionales. Los juicios en curso habilitaron nuevas indagaciones sobre las responsabilidades corporativas en los abusos a los derechos humanos; diversas leyes otorgaron reparaciones a familiares de desaparecidos y ex presos políticos y el pasado de violencia se transmite en las aulas y mediante conmemoraciones, monumentos, archivos y museos. El cine, la literatura, la música, el teatro y la fotografía lo han tomado también como objeto.

En este marco las investigaciones sobre la historia reciente de la violencia política, sus memorias –los modos en que este pasado es evocado- y las políticas oficiales para tramitarlo se han constituido en un campo de estudios legitimado y en expansión. Lo constituyen diversas indagaciones que enfocan diferentes temas: la vida cotidiana durante la dictadura, el examen del funcionamiento del Poder Judicial durante ese período, la cultura de la izquierda armada, la transmisión familiar de las experiencias de violencia o el examen de las políticas públicas de la memoria, entre otros tópicos, basadas en distintas fuentes documentales dispersas en archivos públicos y privados –a los que muchas veces no resulta fácil acceder- en material de prensa y otras publicaciones, en observaciones de campo y en entrevistas.

Los desafíos de elaborar conocimiento sobre el pasado reciente y los modos que asumen sus memorias –plurales y cambiantes por su propia condición social- son múltiples. En buena medida derivan de la contemporaneidad entre la experiencia vivida por el investigador y el pasado del cual se ocupa. Por otra parte, la fuerte presencia del pasado investigado en la agenda política y jurídica que condiciona los testimonios, limita el acceso a datos, documentos y archivos e interpela, ética y políticamente, al propio investigador que es consciente de que los resultados de su trabajo juegan un papel en las luchas entre diversos actores por interpretar un pasado que, si bien irreversible, sigue siendo resignificado.

Por ello, este tipo de estudios interroga lo dicho pero también los pliegues del lenguaje donde se refugian silencios y olvidos. Se preocupa por las memorias dominantes pero también por las marginales –aquellas ignoradas por relatos forjados desde claves nacionales, discursos sexistas, que soslayan las desigualdades de clase o los sentidos disímiles de las experiencias entre y al interior de las generaciones- para dar cuenta de ellas.

La múltiple presencia de este pasado en el presente argentino exige del investigador extremar ciertos recaudos epistemológicos: evitar tanto la sacralización del documento escrito – analizarlo como un producto histórico- como las voces de los testigos –trascendiendo la empatía que suscitan relatos signados por el sufrimiento- analizarlos críticamente y confrontar fuentes diversas. Esto es, demanda conservar la sensibilidad de la lectura y de la escucha, sin sostener una ilusoria neutralidad valorativa pero, a la vez, sin renunciar a la distancia analítica y a la disposición a confrontar, incluso, las narrativas e interpretaciones consagradas.

En síntesis, el trabajo sobre la historia reciente y sus memorias es una apuesta de investigación apasionante que procura reconstruir estos procesos, examinar las prácticas y discursos con los cuales se los rememora y las políticas que dan cuenta de ellos a partir del análisis y la interpretación de evidencia empírica de origen diverso. Y requiere asumir la dimensión política de este tipo de investigaciones que demandan, con especial intensidad, un compromiso ético con la dignidad humana.

* Emilio Crenzel es investigador independiente del CONICET en el Instituto de Investigaciones “Gino Germani” y profesor de Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Dicta cursos de posgrado en el país y el exterior sobre historia, memoria y justicia transicional. Es autor del libro La historia política del Nunca Más. La memoria de las desapariciones en la Argentina traducido al inglés en 2011 por Routledge y, próximamente, al italiano.