PROGRAMA VOCAR - PAÍS CIENCIA

“Queremos que los jóvenes que están terminando la escuela piensen en ser científicos”

Luis Cappozzo es biólogo marino, investigador del CONICET e integrante de País Ciencia. Pero en su afán como comunicador de la ciencia llegó a convertirse en actor para llevar el conocimiento a la pantalla chica.


El biólogo Luis Cappozzo pasó del laboratorio a la pantalla chica del modo en el que está acostumbrado: como un experimento. En 2013 había sido convocado como responsable de los contenidos científicos de Área 23, una miniserie producida por Tecnópolis TV y emitida en la TV Pública -protagonizada por Carolina Peleritti- que refleja la historia de una científica experta en biología molecular que regresa al país a hacer ciencia después de diez años en el exterior. Días antes del rodaje, los directores llamaron a Cappozzo con una propuesta inesperada: que sea el coprotagonista de la tira. Él aceptó y la serie tuvo buena repercusión, tanto que su segunda temporada ya cuenta con los contenidos científicos de los nuevos casos, y se emitirá durante el 2015.

Pero más allá de su veta artística, desde hace tres décadas Cappozzo se dedica a su pasión: hacer ciencia. Es jefe del laboratorio de Ecología, Comportamiento y Mamíferos Marinos del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; y en su rol de científico, además, promueve la comunicación de la ciencia. ¿De qué modo? Siendo uno de los integrantes del Programa de Promoción de Vocaciones Científicas (VocAr) del Consejo a través de País Ciencia, cuyo director es el Dr. Claudio Fernández, investigador del CONICET y junto al cual proponen acercar la ciencia a la sociedad y despertar la vocación científica en los jóvenes a través de charlas, talleres participativos, y capacitación para docentes.

“La investigación y el desarrollo que se promueven desde el CONICET están financiados por el Estado y la mayoría de los científicos fuimos formados en universidades estatales, entonces creo que es una obligación que tenemos, de salir a contar qué es lo que hacemos los científicos dentro del laboratorio y para qué sirve el área de la ciencia en la que nos desempeñamos”, dice Cappozzo.

En su caso, no lo hace solo por obligación, sino por gusto. “Para mí contar la ciencia es una cuestión de necesidad y casi de vocación. No podría contar la ciencia si no estuviese al frente de un laboratorio que genera nuevo conocimiento científico, que forma recursos humanos especializados en ciencias del mar. Lo cual no quiere decir que tenga que ser así siempre. El periodismo científico es necesario y complementario a los científicos que salimos a comunicar la ciencia”.

PARA QUE SOBREN LOS MOTIVOS

Cappozzo se refiere a lo que significa para él País Ciencia: “Lo que hacemos es interactuar con los estudiantes de escuelas secundarias que están en los últimos años. Porque consideramos que podemos motivar a un estudiante de 4º, 5º año acercándonos con nuestras experiencias y animarlo a que encare una carrera científica, una carrera técnica, una carrera tecnológica”.

Como explica el investigador, hoy el país necesita cubrir cargos profesionales en las distintas áreas de ciencia, tecnología e innovación. “Y muchas veces, por una cuestión generalizada en la sociedad, hay chicos que están terminando la escuela y ni se les ocurre pensar en ser científicos porque lo asocian al fracaso individual o al fracaso económico o a la falta de posibilidades”, dice Cappozzo. “Es importante que sepan que el sistema científico-tecnológico está fortalecido. La ciencia y la tecnología resuelven enfermedades, epidemias, problemas tecnológicos, cuestiones vinculadas a la comunicación”. Y nombra un ejemplo: “El satélite ARSAT I es un modelo de lo que estoy diciendo, de cómo hacer ciencia”.

EL NACIMIENTO DE UN BIÓLOGO

¿Cómo llegó Cappozzo a ser jefe de laboratorio en el Museo de Ciencias Naturales? Como la mayoría de los biólogos, de chico Cappozzo sentía fascinación por los animales. “Me gustaban los peces, las plantas, las aves, las rocas, las cuevas, las plumas, los huesos, las montañas, los riachos. Siendo muy chiquito coleccionaba sin distinguir plumas, huesos, cráneos, bichos. “Primero los guardaba en cajitas, con el tiempo se me llenaban de hongos porque no sabía cómo hacer para conservarlos apropiadamente”, recuerda.

Pero el quiebre se dio un tiempo después, a los 7 años, cuando visitó el Museo de Ciencias Naturales de La Plata de la mano de su padre. Cappozzo salió de ahí a la calle con el rostro transformado en una mueca de encanto. “Las salas de ese lugar quedaron grabadas en mi memoria. A tal punto que décadas después cuando visité por trabajo profesional el museo tuve la posibilidad de tener un rato libre y fui a la sala de anatomía comparada y me vino a la memoria cómo me habían impactado los esqueletos de los delfines, de las ballenas, de las focas, colgados del techo de esa sala”. De esa visita al museo, Cappozzo se llevó dos certezas: el deseo de ser biólogo, y de trabajar en un museo.

Tiempo después, su padre le regaló una colección de libros de la Revista “Life”, de curiosidades sobre ciencia. Esos libros le enseñaron cosas que para él serían cruciales, como las medidas de una morena marina, los hábitos de camuflaje de la hormiga león en la tierra, o la cantidad de veces que podía aletear una mosca por segundo en el aire. Cappozzo –ya un pequeño comunicador de la ciencia en potencia-, aprendió todos esos datos de memoria y se dedicó a recitarlos una y otra vez frente a sus amigos, en la escuela y en reuniones familiares. Era su gracia. El investigador conservó esos libros en su biblioteca como un tesoro, y ya de grande, revisando sus contratapas, tuvo otro hallazgo: “Me pareció increíble ver que esas contratapas decían que los datos curiosos sobre ciencia y naturaleza que daban eran para sorprender a los amigos. Porque el objetivo en ese momento era brindar datos enciclopédicos fuera de contexto para sorprender a otros tomando la merienda. Por eso, esos libros fueron paradigmas de la comunicación de la ciencia en mi historia”.

LUGARES IMPENSADOS

¿Qué intenta transmitir a los jóvenes Cappozzo en sus charlas de País Ciencia? “Una de las cosas que les digo a los chicos jóvenes de mi experiencia como biólogo marino y como científico es que primero no fue todo un colchón de rosas, pero si uno mira hacia atrás después de tres décadas de profesión tengo un millón de anécdotas maravillosas que se las debo a mi profesión y no a mi condición social”, asegura. Gracias a su profesión, por ejemplo, tuvo la oportunidad de conocer lugares inhóspitos e insólitos. Pisó desde el desierto del Sahara -adonde fue como parte de un equipo internacional de un proyecto de investigación de la Unión Europea y debió resistir durante tres días y tres noches a una tormenta de arena- hasta la selva valdiviana de Chile –buscando fiordos de más de 800 metros de profundidad en el mar-, pasando por la Península Valdés, en Patagonia –y logró acariciar a un delfín austral en libertad-.

“A los chicos los que les trato de transmitir es que sigan la vocación, que sigan lo que les dicta las ganas porque no hay nada más desagradable que llevar adelante algo en contra de esas ganas”, dice, aunque también avisa: “Hay problemas en todos lados, no importa que uno sea biólogo marino, astronauta o cualquier otra profesión. Siempre va a haber inconvenientes en el desarrollo de la profesión, pero todo es mejor si uno sigue su vocación. En el caso de la ciencia, hay muchos chicos muy curiosos, y esa es la condición ideal para que se animen a seguir este camino”.

Cappozzo, comunicador de la ciencia por excelencia, en su afán de divulgar lo que hace se animó a mucho más de lo que pensaba. “Gracias a esta profesión hasta me animé a actuar en una serie de ficción televisiva, imaginate”, dice, y remata: “Fijate si tiene cabida contar la ciencia en nuestra sociedad que las herramientas son infinitas… solo es cuestión de tener ganas”.

El Programa VocAr tiene como fin promover la democratización del conocimiento científico para generar igualdad de oportunidades en el acceso a la ciencia. A través de charlas y talleres participativos, investigadores de todo el país comparten con la comunidad sus hallazgos e investigaciones. A su vez, busca despertar la vocación científica y el entusiasmo de los jóvenes por la ciencia con el fin de orientarlos en la elección de sus futuras carreras universitarias.

La Plataforma País Ciencia es un proyecto federal para la comunicación pública de la ciencia que ataca el problema de la brecha entre ciencia y sociedad en forma integral, dado que cuenta en su conformación con actores que tienen que ver con la generación de políticas científicas y educativas, tales como el CONICET, el Ministerio de Educación de la Nación a través de la Secretaría de Políticas Universitarias, la Fundación Medifé el Centro de Estímulo al Desarrollo del Conocimiento (CEDEC) del municipio de Granadero Baigorria y la Universidad Nacional de Rosario.