25/10/2016 | CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
Orden, claridad, precisión y rigurosidad en el discurso de Houssay
Un investigador del Consejo analiza desde el campo de la lingüística las características expositivas de la obra del primer presidente del CONICET.

Bernardo Alberto Houssay ocupa sin dudas un lugar de privilegio en la historia de la ciencia en Argentina, tanto por ganar el Premio Nobel en Fisiología o Medicina en 1947 como por haber sido el primer presidente del CONICET. Pero además de sus aportes como investigador y como gestor del desarrollo científico y tecnológico a nivel nacional, Houssay fue profesor titular de la cátedra de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires y un importante conferencista.

Tanto en sus lecciones como en las conferencias, el fisiólogo reflexionó sobre temas que iban más allá de su objeto de estudio, tales como la ciencia, la universidad, el médico-investigador y los estudiantes. Una de sus preocupaciones principales estuvo vinculada al problema de cómo se comunicaba la ciencia en la Argentina y en Latinoamérica y en ese sentido, en la práctica, buscó diferenciarse respecto de algunas falencias que veía en sus colegas.

“Houssay observaba que la retórica de algunos profesores e investigadores argentinos se distinguía por su oratoria sonora, su brillantez, grandilocuencia y la capacidad de ganar la atención de los estudiantes, pero que a la vez carecía de rigurosidad científica. Así procuró tomar distancia de este modo de enunciar y buscó blindar sus reflexiones y argumentos sobre diversos tópicos con las características del orden, claridad, exactitud y rigurosidad”, explica Pablo von Stecher, investigador asistente del CONICET en el Instituto de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FFyL, UBA).

Von Stecher, que se especializa en el estudio de la obra del ganador del Nobel desde el punto de vista del análisis del discurso, detectó que las disertaciones y obras del fisiólogo se componían de una serie de operaciones enunciativas vinculadas justamente al anhelo de la rigurosidad y la claridad expositiva. Estas operaciones son las definiciones -de conceptos como universidad, ciencia o investigación científica-; las enumeraciones -de, por ejemplo, los motivos para estudiar medicina, los requisitos para ser buen médico, o los deberes y derechos del científico-; y las prescripciones – como el establecimiento de los deberes profesionales, éticos y patrióticos del médico.

“Houssay tenia un discurso muy cuidado y prolijo. De hecho fue convocado por la Academia Argentina de Letras para ocupar uno de sus sillones, lo que al principio a él le llamó la atención porque afirmaba que sus antecedentes literarios eran notoriamente insuficientes. Pero lo que decían quienes lo convocaron era que también en la precisión científica y en el uso certero y cuidado del lenguaje se podía observar un valor estético”, afirma Von Stecher.

Entre los deberes que prescribía Houssay para el profesor universitario de medicina se encontraba la importancia de trabajar en investigación. Para él, la falta de rigurosidad de muchos docentes a la hora de enseñar o de disertar residía en la carencia del trabajo de observación y experimentación por parte de los mismos. Esto muchas veces los llevaba a abusar de generalizaciones que si bien cautivaban al auditorio no tenían suficiente sustento empírico.

“Él decía que a veces se valoraba más a los profesores por el brillo su oratoria y su erudición superficial y no tanto por sus méritos en el campo de las investigaciones originales”, comenta el investigador.

Houssay observaba que muchas veces los estudiantes se dejaban seducir por una retórica llamativa y no por una argumentación formulada con un lenguaje más preciso y carente de metáforas. Consideraba que el elemento fundamental de la argumentación tenía que vincularse con aquello que se experimentaba y se podía demostrar y no tanto con los artificios con la palabra.

“La figura del destinatario era muy importante en Houssay justamente porque muchos de sus discursos estaban dirigidos a orientar futuros investigadores y médicos argentinos. Entonces él señala los propósitos que deben orientar la práctica profesional del médico, postula el compromiso científico con la observación y la experimentación y llama a los alumnos a no dejarse llevar por discursos brillantes pero sin fundamento. A él le preocupaba que las destrezas retóricas no ocuparan el lugar principal en la argumentación”, afirma Von Stecher.

De acuerdo al investigador, si bien Houssay nunca señaló expresamente cómo debía estructurarse un discurso científico o contarse la ciencia, lo cierto es que tomó distancia de aquellos profesores a los que criticaba puliendo sus propias disertaciones y escritos de metáforas brillantes y generalizaciones grandilocuentes. Un tono de mayor mesura y la estructuración de sus exposiciones en definiciones, enumeraciones y prescripciones fueron la forma que encontró de comunicar con claridad, orden, rigurosidad y precisión, tanto los conocimientos obtenidos en el trabajo experimental como sus opiniones sobre distintos temas concernientes al mundo de la ciencia.

Por Miguel Faigón