01/10/2015 | PERIODISMO CIENTÍFICO EN TECNÓPOLIS
Nora Bär y Gabriel Rabinovich analizaron los parámetros de los medios para publicar novedades científicas
La editora del diario La Nación y el bioquímico del IBYME charlaron sobre los desafíos de comunicar investigaciones de manera masiva.
Nora Bär y el Dr. Rabinovich durante las Jornadas en Tecnópolis. Foto: CONICET Fotografía.

“Hubo un tiempo en el que la ciencia era aristocrática, y no era comunicada a la sociedad. Por fortuna los tiempos cambiaron y hoy la comunicación de la ciencia es fundamental. Y existen hasta redes de periodistas científicos que tienen códigos de ética para publicar notas con solidez. Eso da mucha seguridad a los científicos para que nos animemos a divulgar nuestros hallazgos al público masivo”, dijo Gabriel Rabinovich, bioquímico del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME, CONICET-FIBYME) multipremiado por sus investigaciones en cáncer, en el marco del tercer encuentro de las Jornadas de Periodismo Científico “Comunicar ciencia en los medios masivos” celebrado el miércoles pasado en la Sala “Diálogos y Cine” del espacio que el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) tiene en el predio de la megamuestra Tecnópolis. Allí compartió panel junto a la periodista científica Nora Bär, quien a lo largo de sus treinta años de experiencia en medios lo entrevistó varias veces para el diario La Nación.

“Yo estudié unos años letras hasta que encontré, en la ciencia, otra literatura. El relato de la ciencia es una historia con héroes, villanos y un componente muy humano. Me cautivan las historias de las personas que están tratando de resolver misterios”, contó Nora Bär en el encuentro, dirigido a estudiantes de carreras de periodismo y comunicación y a investigadores científicos interesados en la temática. En particular, en el caso de la investigación del Dr. Rabinovich, Nora dijo haberse fascinado porque su tema la permitió “conocer cómo funciona la biología íntima y sus resultados deslumbrantes. Pareciera que los linfocitos tuvieran cerebros propios y actuaran con voluntad: los mecanismos de la evolución son muy inteligentes”.

El Dr. Rabinovich, además, confesó que su primer contacto con el periodismo científico fue años atrás, en un bar frente al Hospital de Clínicas donde trabajaba, en el que se encontró justamente con Nora Bär para comentarle sobre su hallazgo. “Cuando  nuestra investigación salió publicada en 2004 en la revista Cancer Cell la llamé a Nora, con mucha vergüenza, pero también con ganas de que nuestro trabajo se difundiera. Ella lo entendió perfectamente y se manejó con mucha ética. El cáncer es un tema muy sensible que requiere un tratamiento respetuoso para no generar falsas expectativas a nivel social”. La periodista, por su parte, manifestó: “Desarrollé con los años un sexto sentido para saber qué investigaciones serán superlativas, y cuando Gabriel me comentó de la suya, no tuve dudas de que tendría un impacto muy importante”.

En otro tramo de la charla, Rabinovich indicó que “siempre sentí que un hallazgo es importante para los medios locales si tiene rebote afuera. Es decir: si viene de Harvard, o de lugares así, seguramente conquistará la tapa de los diarios”. En este sentido, Bär reveló los parámetros que utiliza a la hora para publicar una nota científica en un medio masivo: ver si el hallazgo fue publicado en una revista científica, si concierne a mucha gente,  si es novedoso, si puede llegar a cambiar el paradigma de pensamiento, si fue realizado por un equipo reconocido, si se hizo en el país, si tiene que ver con la población local. “Esos datos objetivos nos sirven a los periodistas a la hora de decidir si publicar o no la información respecto a una novedad científica”, indicó, y agregó: “El Twitter también es una herramienta válida para saber qué cosas le interesan a la gente”.

Además, respecto a la polémica que sobrevoló también en los encuentros anteriores de las Jornadas, en los que se debatió si el periodista científico debiera o no mostrar su nota al investigador antes de publicarla, Bär dijo: “Entre los periodistas es como un pecado enviar la nota al científico antes, pero en mi caso, cuando son investigaciones complejas, si puedo mandarla al investigador antes de publicarla, soy feliz: uno no está exento de cometer errores, sutiles y de los otros”. Rabinovich  coincidió en ese punto: “Prefiero ver antes las notas porque muchas veces el proceso de investigación involucra a mucha gente, y hay temas que son muy sensibles para la sociedad”.

Las Jornadas se completarán con otros dos encuentros, pautados para el jueves 8 de octubre, donde la periodista científica de la agencia de noticias Télam, Celia Carbajal, compartirá el panel con la Dra. Cecilia Gargano, historiadora de la UBA, becaria de CONICET en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), que investiga sobre el INTA en la Dictadura; y el jueves 15 de octubre, donde el periodista científico del diario Página/12 Ignacio Jawtuschenko compartirá el panel con los Dres. Melina Bersten y Gastón Folatelli, dos astrónomos del CONICET y de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP que se dedican a estudiar las estrellas supernovas.