INVESTIGADORES
LONDON Silvia
capítulos de libros
Título:
Instituciones, sistemas complejos y la teoría económica evolucionista
Autor/es:
LONDON SILVIA
Libro:
Evolucionismo económico, instituciones y sistemas complejos adaptativos
Editorial:
Editorial Porrua
Referencias:
Lugar: Mexico Distrito Federal; Año: 2007; p. 87 - 126
Resumen:
Un hecho que despierta interés académico es el de encontrar las causas por las cuales los distintos sistemas económicos han evolucionado en forma tan dispar a lo largo de la historia. En la actualidad, desde la Teoría de la Organización Industrial, la Teoría del Comercio Internacional, la Teoría del Crecimiento, y la Teoría del Desarrollo se han ensayado distintas conjeturas e hipótesis acerca de por qué, en un mundo de información cada vez más accesible, avance tecnológico, y apertura económica, los países presentan brechas crecientes en sus crecimientos, así como en sus desempeños en general. La hipótesis de la convergencia, aceptada (y en parte corroborada) a principios de los ‘70 es ahora parcialmente rechazada, frente a la evidencia empírica que muestra que tanto las tasas de crecimiento de los distintos países como su nivel de ingreso no presentan una tendencia a igualarse (Amable y Guellec 1992, Barro y Sala-i-Martín 1995). La necesidad de hallar un marco teórico que sea capaz de echar luz sobre la dinámica de los sistemas económicos se encuentra en la insatisfacción intelectual que producen los paradigmas hasta ahora utilizados, en particular la teoría neoclásica. Este enfoque se basa en el supuesto de la escasez, y por lo tanto de la competencia, cuyas consecuencias armoniosas provienen del postulado de un proceso de intercambio sin fricciones en el cual los derechos de propiedad están especificados perfecta y gratuitamente, dado que la información es libre. Dos siglos atrás, durante el desarrollo de la economía industrial (metálica, pesada), o en la economía preindustrial de alimentos y artesanía, la estructura física de producción e intercambio estaba muy cercana a garantizar las cuatro hipótesis principales en las que se basa el análisis de mercados competitivos: exclusión, rivalidad, transparencia y perfecta información. Sin embargo, el vertiginoso avance producido en las formas de producción, en particular el cambio tecnológico, erosionó estas cuatro relaciones. Crecientemente, las características de los bienes tienden a que éstos sean no exclusivos, no rivales, “opacos” (los compradores no saben con precisión lo que están comprando), y con información incompleta (muchos consumidores potenciales no están bien informados sobre las posibles alternativas de los bienes que ellos pueden adquirir) (De Long y Froomkin 1996). Otro supuesto que en cierta forma ha impedido un acercamiento más realista a la forma en como operan los sistemas económicos es el de racionalidad. Para la corriente neoclásica, los individuos hacen elecciones basados en un conjunto de deseos o preferencias, de forma que la teoría se deriva de la agregación de tales preferencias con recursos fijos, bienes privados y tecnología dada (Schofield 1995). Así, se analiza la asignación de recursos, en un mercado gobernado por fuerzas impersonales de oferta y demanda, y se demuestra que en un sistema decentralizado se genera una eficiente asignación de recursos. Es fácil ver que en este marco las creencias o hipótesis que los individuos tienen acerca del comportamiento del sistema no juegan ningún rol decisivo. El esquema planteado superficialmente líneas arriba se muestra incompleto en lo que respecta al análisis dinámico. No sólo es necesario reconocer la existencia de información imperfecta y fuerzas imperfectas en los acuerdos que producen fricciones (costos de transacción). Básicamente, las creencias acerca de mercados imperfectos determinan las elecciones de los agentes, cuya motivación se deriva a partir de su información privada y expectativas acerca de movimientos de precios. Como señala Douglas North, modelar creencias está en el corazón de todas las teorías en ciencias sociales (North 1993b). Una situación en la que el supuesto de racionalidad funciona bien es, como se dijo,  en presencia de mercados competitivos, en la que la elección planteada sólo se basa en qué cantidad se vende o compra a los precios que se toman como parámetros. Pero en cuanto los precios dependen de las elecciones de otros compradores y vendedores la complejidad en la decisión se incrementa, de forma que el conocimiento acerca de otros agentes es un prerrequisito esencial para construir modelos útiles.  En particular el conocimiento sobre sus preferencias  es lo que determina las elecciones. La Teoría de Juegos ha intentado avanzar en este tipo de análisis. Sin embargo, entre otras dificultades, el status corriente de dicha teoría falla en “una descripción de los procesos de razonamiento de los jugadores, así como una especificación de su conocimiento de la situación del juego” (Bicchieri 1993). Lo que falta incorporar a la teoría es cómo los humanos aprenden, y más precisamente: ¿Cómo se comportan (y evolucionan) los individuos en presencia de condiciones de incertidumbre? Tal como distingue F. Knight (Knight 1921) en una situación de riesgo la distribución de probabilidad de los sucesos puede ser derivada cuando hay suficiente información y  las decisiones se toman en base a dicha distribución. Pero con incertidumbre, no hay tal distribución de probabilidad. La necesidad de comenzar los estudios económicos a partir de consideraciones acerca de las decisiones y características individuales ya se encontraba presente en los autores clásicos a la hora de explicar las disparidades regionales. Sin embargo, aún considerando el intento de incorporar la historia al análisis económico (teoría marxista), el cambio tecnológico y de formas de organización (teorías schumpeterianas), o las influencias provenientes de las “actitudes” de los individuos frente al desempeño de la economía (Adam Smith), en general las explicaciones que se presentaron (sobre todo en la corriente principal de pensamiento de la ciencia económica) con el fin de comprender las leyes puras de la economía fueron hechas con la cláusula ceteris paribus, considerando análisis de corto plazo, tecnología, instituciones y preferencias dadas. Pero son precisamente estos tres parámetros, instituciones, preferencias de los agentes, y la tecnología, los que señalan el rumbo del cambio económico.  Como define J.H.G. Olivera (Olivera 1959), la evolución económica es el proceso de cambio cualitativo en la organización económica de la sociedad (cambio estructural). Comprender un sistema en evolución involucra comprender el proceso dinámico de transformación de los parámetros mencionados, y cómo este proceso ha conducido a que los sistemas presenten tan diferentes desempeños a lo largo de su historia. El análisis de estos cambios puede ser realizado a partir del estudio específico del desempeño y cambio institucional. Tanto los cambios en la tecnología (por su incidencia en la estructura y conformación del mercado) como las variaciones en las preferencias de los individuos (por determinar las acciones que éstos llevan a cabo, y sus consecuencias) condicionan y se encuentran condicionadas por la estructura institucional de un sistema económico. A su vez, tecnología y preferencias se muestran sensibles ante las variaciones en el conocimiento. Desde el punto de vista de la formalización, el grado de dificultad que se alcanza al pretender incorporar estos aspectos parece insalvable, considerando las herramientas matemáticas que se han utilizado corrientemente en economía. Sin embargo, un área de creciente interés entre los economistas como es la de los sistemas complejos, parecería proveer de las herramientas necesarias para la formalización de la evolución económica. A partir de la incorporación de no linealidades en los modelos, y de su estudio a través de simulaciones computables, es posible analizar  el comportamiento de sistemas bajo incertidumbre, con dependencia de la trayectoria, y sensibilidad a las condiciones iniciales, como ayuda heurística para pasar de modelos puramente fenomenológicos (en los que se consideran únicamente las variables observadas) a modelos representacionales (donde se utilizan supuestos acerca de las variables no observables). La mayor parte del trabajo acerca de sistemas complejos se ocupa de analizar la evolución de una estructura ante la existencia de perturbaciones exógenas. Una línea alternativa de investigación (que se considerará en este trabajo) pretende comprender la evolución económica como un proceso con un fuerte contenido endógeno: dada la existencia de shocks exógenos, cómo éstos van a modificar (o no) la estructura del sistema conforme a las condiciones internas creadas por la dinámica endógena subyacente. En función a este objetivo, se intenta analizar las formas en las que instituciones, determinadas por las características de los agentes y la tecnología, cambian y se interrelacionan entre sí (en particular dinámicamente), para así arribar a una representación formal de la evolución económica. El trabajo se dividirá en seis partes: en primer lugar se define el concepto de evolución económica, y se incluye una somera discusión acerca del concepto de equilibrio en economía. Luego, en la sección III, se plantean los fundamentos del marco institucional. Estos antecedentes constituyen el marco conceptual para la realización del modelo formal. Antes de abordar este paso, se discuten en la sección IV las herramientas formales necesarias para la realización del modelo de una economía evolutiva, modelo que se delinea en la sección V. Por último, se presentan las conclusiones y se plantean las líneas de investigación futuras.
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