CONTRATADOS
FINQUELIEVICH Susana
artículos
Título:
¿LO QUE MATA ES LA VELOCIDAD? CIUDADES, INFORMÁTICA Y DESARROLLO SOCIAL
Autor/es:
SUSANA FINQUELIEVICH
Revista:
Topodrilo
Editorial:
UAM Xochumilco
Referencias:
Lugar: Mexico DF; Año: 1998 p. 23 - 23
ISSN:
1514-9331
Resumen:
“Lo que mata no es la bala”, me decía un amigo mostrámdome una, de calibre 22. “¿Ves? Te puedo hacer tic, tic en la cabeza con ella y no pasa nada. Lo que mata, es la velocidad a la que va la bala”. Lo que mata es la velocidad es una de las angustias fundamentales de los seres humanos (sobre todo la de los mayores de 40 años) en las ciudades del fin del milenio, relacionadas con los avances tecnológicos, fundamentalmente los de la informática. La íntima relación entre tecnologías de información y comunicación y ciudad ha recorrido el imaginario colectivo al menos desde el siglo XIX. En 1926 Fritz Lang desplegaba computadoras y televisores de circuito cerrado en su clásico film “Metrópolis”. Películas posteriores, como “Blade Runner” o “Brazil”, los libros de clásicos de la ciencia ficción como Isaac Asimov o Richard Simak, historietas como “Ficcionario” de Altuna o las del francés Moebius identifican la ciudad como locus por excelencia de producción, difusión y consumo de las últimas innovaciones tecnológicas. La ciencia ficción relata casi siempre hechos que ocurren en medios urbanos, la mayoría de las veces emergentes de una catástrofe causada precisamente por el descontrol de la tecnología, convertida en nuevo monstruo de Frankenstein desatado, o por clases dominantes tecnocratizadas al extremo. El campo, en cambio, se presenta como un paraíso bucólico y a-tecnológico, el último refugio al que se puede escapar de robots desencadenados, replicantes, controles informatizados del pensamiento o efluvios post-nucleares, donde el ser humano no se siente amenazado por la rapidez de los cambios y donde no está obligado a aprender continuamente nuevas habilidades tecnológicas sólo para poder seguir viajando como pasajero en el tren de la historia. Esta representación de la interfase ciudad-tecnología, ya sea catastrófica o idealizada, incorporada en las artes y en la imaginación popular, ha tardado sin embargo en ser recogida por los científicos sociales. Sólo en la década del 80 los sociólogos urbanos comenzaron a ocuparse del tema. Este proceso se aceleró en Argentina a partir de 1995, año en que la Internet comenzó a difundirse velozmente en el país. Una pregunta que aparece con frecuencia es: ¿Los avances tecnológicos son socialmente neutros? Esta inquietud, expresada en diversos grados y desde diferentes puntos de vista, recorre la mayoría de los debates sobre ciudad, complejidad y tecnología. En ellos se percibe la existencia de dos miradas mutuamente contradictorias sobre la informática y las telecomunicaciones: la primera es la mirada fascinada, que no sólo contempla la tecnología como el motor básico de los cambios históricos, sino que también señala que estos efectos serán inexorables, universales, y que podrían en el medio y largo plazo ser universalmente benéficos para todos. En el polo opuesto, la mirada ausente, (ausente con respecto a las innovaciones tecnológicas) no considera a la tecnología como parte significativa de las respuestas a los problemas sociales, particularmente los específicos de los países periféricos. Por el contrario, sostiene que, dado que existe un universo por lo menos dual, las medidas que deben  concebirse para resolver algunos de los problemas que aparecieron junto con las innovaciones tecnológicas, aunque no debidos exclusivamente a ellas, sino a una combinación de factores económicos, tecnológicos y políticos -como desocupación, empobrecimiento, agudización de las diferencias entre los diferentes estratos socioeconómicos, etc.-, deben ser deliberadamente a-tecnológicas, excluyentes de la tecnología.