CICLO DE ENTREVISTAS CONICET

“Moreno libró todas las batallas políticas habidas y por haber”

Un análisis histórico, político y cultural sobre la figura del secretario de la Primera Junta, una de las figuras más relevantes de la Revolución de Mayo.


Esteban De Gori. Foto: CONICET Fotografía.

¿Era realmente Moreno un jacobino? ¿Por dónde pasó la disputa de poder en el seno de la Primera Junta? ¿Cuáles eran las visiones sobre la construcción nacional que estaban en juego en ese momento?

En su libro “La república patriota: travesías de los imaginarios y de los lenguajes políticos en el pensamiento de Mariano Moreno” Esteban De Gori, investigador asistente del CONICET, busca responder estas dudas a partir del análisis de documentos históricos, correspondencia y bibliografía sobre los hechos que rodearon la vida del abogado y político.

De Gori, quien trabaja en el Instituto de Investigaciones ‘Gino Germani’ (UBA) analiza el contexto histórico en el que se inscribe la acción política de Moreno, quizás una de las figuras que despierta más pasiones – en muchos casos encontradas – de la época. “Él intenta poner las palabras del nuevo orden y representar a la comunidad de ese entonces”, afirma.

 

¿Por qué escribir sobre Moreno?

En principio porque es un personaje interesante, que introduce una dimensión muy radical en el proceso de la Revolución de Mayo. Eso no sólo se refleja en sus textos y documentos, sino además en su práctica política. Es un personaje integral, un escriba de la revolución y un dirigente de esa elite revolucionaria que lleva adelante un gran proceso de trastrocamiento del poder político. En él se encierra una figura seductora, un personaje que libra todas las batallas políticas habidas y por haber. El libro busca situar a Moreno en una escena política compleja y su contexto de época, y se pregunta por qué dijo lo que dijo, escribió lo que escribió e hizo lo que hizo.

 

En ese contexto, ¿qué es Moreno para la revolución?

Primero, Moreno es un secretario de la Junta y alguien que documenta una experiencia de poder. A diferencia del secretario borbónico, que es un escriba del rey, él lo hace para la institución de un nuevo orden político y lo hace inclusive en tercera persona. Pero no sólo escribe para el nuevo orden, asediado por la guerra y la fragmentación, sino que intenta inventar y, al mismo tiempo reforzar, la representación del pueblo. En sus cartas a Chiclana, Saavedra lo acusaba de ser jacobino, tribuno de la plebe, dictador, un demonio del infierno. Pero Moreno es un miembro de una élite innovadora que disputa el poder político, que quiere consolidarlo e instalarlo y, para ello, intenta desarrollar una propuesta política.

 

¿Cómo se dirimió el balance de poder en el interior de la Primera Junta?

Las diferencias aparecen en temas prácticos y cotidianos: qué hacer con Liniers, que era el héroe de la reconquista; qué hacer cuando en una fiesta un soldado borracho le pone una corona de azúcar a Saavedra en la cabeza; o cómo se organiza el poder revolucionario. En el primero caso Moreno dijo de no traerlo a Buenos Aires y juzgarlo en Córdoba. En el segundo escribe un gran documento republicano, el Decreto de Supresión de Honores, donde lo primero que dice es que el presidente es igual a todos los vocales y no tiene que tener privilegios porque el consenso y reconocimiento provienen de la comunidad. Y es justamente en el tercer caso donde Moreno le incorpora una radicalidad importante a la situación.

 

¿Cómo reaccionó Saavedra?

En las cartas a Chiclana se queja que le haya hecho firmar la orden de fusilamiento de Liniers y del Decreto de Supresión de Honores, que entre otras cosas le saca la escolta al presidente y sus lugares de privilegio en el teatro. Son cosas banales para nosotros pero en la época suponían el lugar que poseía el Virrey. Y después entre Moreno y Saavedra estuvo el debate sobre el Congreso Constituyente.

 

¿Qué se discutió?

Moreno quería organizar un Congreso Constituyente, convocar a las ciudades del interior y luego establecer un poder común y superior a esos territorios. Esa es la radicalidad de Moreno: negar la tradición política de la época, donde las ciudades interiores buscaban un reconocimiento como iguales frente a la soberanía de Buenos Aires. Moreno proponía que estos territorios elijan a sus diputados, pero después constituir un poder mayor que erosione la representación que exigían esas soberanías. Saavedra rápidamente se da cuenta y, con el apoyo de las elites locales transforma al Congreso Constituyente en una junta de ciudades: la Junta Grande. Este es el mejor ejemplo de la derrota política de Moreno.

 

¿Qué era para Moreno el pueblo?

Ese término y su concepción hablan de las tradiciones políticas que atraviesan a la elite revolucionaria y también a Moreno. Cuando hablan de pueblo se refieren a comunidad, el término para ellos tiene que ver con algo jurisdiccional. No es el mismo concepto que tenemos hoy, sino que es una identidad asociada a las ciudades y sus habitantes, que eligen sus propios representantes. Pero después aparecen dos discusiones: cómo crear un poder revolucionario que cohesione el territorio del ex virreinato y cómo hacerlo efectivo frente a la guerra que se viene. Entonces aparecen dos grandes figuras que tendrán un peso relevante en este proceso: el centralismo y, por otro, la figura de los pueblos. La revolución carga con esa tensión hasta 1816: ¿Qué hacer con esa soberanía, con esos pueblos?

 

En términos políticos, ¿cómo evoluciona el pensamiento de Moreno durante la revolución?

Tiene como dos grandes momentos: el de la fundamentación del poder de la junta, y luego el del ’acto de gobierno’. Al no estar más el rey, sus derechos se retrovierten sobre la ciudad de Buenos Aires. Los habitantes que tenían algún tipo de intervención en la vida pública decidieron representar a esa comunidad y constituir una junta. El problema es que después para gobernar aparece la fragmentación, porque de ahora en más todos los pueblos dicen que los derechos se retrovirtieron sobre ellos. Entonces si bien Buenos Aires era la cabecera del virreinato y va a exigir liderar la revolución, se encuentra con un problema, que es que hay otros actores que consideran legítima su soberanía. El problema es que Moreno se muere. Él pierde esta batalla política con la concepción Saavedriana de cómo organizar el poder y es enviado como diputado a Inglaterra. Lo sacan de juego.

 

¿Cómo resumiría el accionar político del pensamiento de Mariano Moreno?

Hubo un proceso revolucionario donde se desataron soberanías y pasiones, donde no solamente hubo que gobernar territorios, sino además gobernar las palabras. La disputa de la palabra es la disputa del poder. Con Belgrano y Castelli fuera de Buenos Aires, en campañas militares, Moreno está solo, intenta gobernar las palabras, poner los términos del nuevo orden y representar a esa comunidad. Y por eso es un tipo seductor, una figura que a la Argentina le gusta: es la del letrado haciendo política, como Echeverría, Sarmiento o Mitre.

Esteban De Gori es sociólogo e investigador asistente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Gino Germani.

Tiene además un doctorado en Ciencias Sociales (UBA) y es profesor adjunto en la Universidad Nacional de San Martín.

  • Por Ana Belluscio.