23/03/2016 | Vinculación Tecnológica
Los lácteos a la vanguardia del cuidado de la salud
El CONICET participó del cierre de un consorcio asociativo público privado diseñado para la producción y comercialización de alimentos funcionales de base láctea.

La innovación no conoce de límites y si quienes están dispuestos a tomarla como horizonte buscan alianzas estratégicas, el resultado de su gestión no puede ser más que exitoso. Esa fue la fórmula implementada por un grupo de instituciones que conformaron un consorcio asociativo público privado (CAPP) que obtuvieron un subsidio del Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC) proveniente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva a través de la Agencia Nacional de Investigación Científica y Tecnológica. ¿El objetivo? Desarrollar alimentos funcionales de base láctea destinados al tratamiento de afecciones cardíacas producidas por hipertensión e hipercolesterolemia.

Luego de un proceso que demandó cerca de cuatro años el consorcio conformado por el CONICET, a través del Instituto de Lactología Industrial (INLAIN, CONICET-UNL) y el Centro de Referencia para Lactobacilos (CERELA, CONICET), la Universidad Nacional del Litoral (UNL), SanCor Cooperativas Unidas Limitada, La Metalúrgica Industrial  Lampe, Lutz & Cía, y Biochemicial S.A., llegó a la etapa final de un proyecto que intenta llevar a los consumidores un yogur que reduce los niveles de colesterol y un queso bajo en grasas y en sal para hipertensos.

En una reunión, realizada el pasado jueves 10 de marzo, los responsables de llevar adelante el proyecto celebraron su cierre y presentaron los informes de gestión administrativa y financiera, así como los resultados del proceso de investigación.

“En 2012 creamos un consorcio público privado para presentar un proyecto a instancias del FONARSEC. El proyecto fue elegido en primer término y eso abrió la posibilidad de iniciar un proceso interinstitucional de alcance técnico y científico con excelentes resultados, los cuales se alcanzaron gracias a  la  credibilidad y la buena predisposición de todas las partes involucradas”, se señaló desde SanCor.

 

Innovar para el bienestar de la población

Llegar a los productos funcionales fue un proceso que integró diferentes etapas que van desde los aspectos administrativos y financieros hasta el ámbito tecnológico y científico. El desafío incluyó la puesta a punto de un paquete tecnológico a escala piloto e industrial para los diferentes eslabones de la cadena de valor, a partir de la incorporación de probióticos, péptidos antihipertensivos y un aditivo alimentario funcional en polvo. A su vez, la última etapa- la comercial-, está en vías de desarrollo y será la que coronará el proceso con los alimentos en las góndolas.

“Cuando comenzamos a fundamentar el proyecto tuvimos en cuenta  la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo que realiza el Ministerio de Salud de la Nación; allí observamos varios factores de riesgo en la población. Nosotros nos enfocamos en los alimentos funcionales que pueden favorecer el sistema cardiovascular y disminuir la hipertensión dando así soporte al sistema inmunológico”, explicaron directivos de SanCor al tiempo que resaltaron la coordinación del Dr. Horacio González en los estudios clínicos llevados a cabo en el Instituto de Investigaciones Pediátricas (IDIP) y en la  Unidad de Hipertensión y Metabolismo, del Servicio de Clínica Médica del Hospital General Interzonal de Agudos “Gral San Martín”, ambos de La Plata.

La escala del proyecto no sólo se basó en los dos productos funcionales diseñados, sino que también permitió el desarrollo nacional de cultivos anaeróbicos lácticos, de una propuesta biotecnológica innovadora en el territorio, de un aditivo funcional en polvo y la convergencia de una cadena interinstitucional.

Juan Soria, Director de Vinculación Tecnológica del CONICET, destacó la envergadura del proceso y afirmó: “Somos conscientes que este tipo de proyectos conllevan riesgos y desafíos, pero innovar es una apuesta y vale la pena, como quedó demostrado con este CAAP. La integración de varios socios estratégicos fue la clave. Hoy tenemos la oportunidad de mejorar la calidad de vida de las personas a través de estos alimentos y estamos muy conformes”.

En el mismo sentido, se manifestó Daniel Scacchi, Secretario de Vinculación Tecnológica y Desarrollo Productivo de la UNL: “Es una cadena institucional que se diseñó para que esto funcione: dos institutos de investigación, dos PyMEs, una empresa cooperativa nacional grande, el CONICET y una Universidad. Desde el punto de vista de la articulación es un caso extraordinario del que todos aprendimos”. Cabe destacar que desde el Área de Asesoramiento a Empresas dependiente del Centro para la Transferencia de los Resultados de la Investigación (CETRI-Litoral) se dio soporte en la gestión técnica y financiera durante todo el proyecto.

Por último, Ricardo Cravero, asesor del proyecto, hizo un reconocimiento al CERELA y el INLAIN por su trabajo científico-tecnológico, al CETRI-Litoral por su soporte en la documentación técnica y contable, y a las empresas Biochemical S.A. y La Metalúrgica Lampe Lutz & Cía. “Cuando uno trabaja con gente seria las cosas se pueden llevar adelante. Se respeta la palabra y eso contribuye a construir lazos de confianza”, manifestó.

 

Alimentos funcionales clínicamente comprobados

Para comprobar la eficacia de los alimentos en el tratamiento de las enfermedades se hicieron ensayos clínicos en personas previamente seleccionadas que debían cumplir con ciertas características. Asimismo, personal técnico del CERELA visitó las  plantas de SanCor para el desarrollo conjunto de los alimentos funcionales prototipos, controlar la estabilidad y permanencia de las cepas funcionales en los productos y poner a punto la tecnología.

“En el caso del colesterol, se aplicó un protocolo aleatorizado y controlado con placebo de tipo cruzado (crossover) que llevó aproximadamente 10 meses de ensayo con resultados muy alentadores. Se vio una clara tendencia en la reducción de colesterol total en  los pacientes que consumieron el yogur con probiótico respecto a aquellos que consumieron un yogur placebo, con una significativa disminución en  los niveles de  LDL-colesterol”, explicó María Pía Taranto, investigadora independiente en el CERELA.

“Con respecto al queso, en la primera etapa lo que se midió fue la hipertensión tanto diurna como nocturna, y la sistólica como la diastólica. Se vio una tendencia en la disminución de la presión arterial  nocturna. En la segunda etapa, se aumentó el tamaño muestral de pacientes y la tendencia en la disminución de la hipertensión  fue importante y estadísticamente significativa”, continuó explicando Taranto.

Por su parte, Gabriel Vinderola, investigador independiente en el INLAIN, expresó que “aprendimos mucho y se avanzó en todos los aspectos. Fue el proyecto más grande que hemos tenido en el instituto en más de 20 años por lo que el balance es más que positivo”.