13/04/2015 | CIENCIAS AGRARIAS, DE LA INGENIERÍA Y DE MATERIALES
Los efectos de la luz en el comportamiento humano
Desde la Psicología Ambiental se estudia la influencia del ambiente externo sobre nuestros relojes biológicos para entender la conducta humana.
Tubos

Por Graciela Tonello*

El reloj biológico, o ritmo circadiano, influye en las fluctuaciones en la atención y la conducta, la producción de hormonas, la temperatura corporal, el metabolismo y, lo más evidente, en el ciclo de sueño/vigilia.

La luz es el principal estímulo ambiental que interviene en la sincronización del ritmo circadiano: los ciclos de luz y oscuridad enviados por la retina influyen en la actividad neural de los núcleos cerebrales supraquiasmáticos (considerados el reloj biológico central de los mamíferos), y activan la producción rítmica de melatonina desde la glándula pineal: durante la noche aumentan los niveles y durante el día llega a los niveles más bajos.

El descubrimiento de un fotorreceptor circadiano en la retina que transmite información no visual fue el punto de partida para investigaciones que buscan entender cómo el nivel de iluminación y su composición espectral influyen sobre la secreción hormonal.

Desde el año 2010, en el Instituto de Investigación en Luz, Ambiente y Visión (ILAV, CONICET-UNT), junto al Instituto de Biología de la Altura (INBIAL, UNJu), y al principio con la colaboración del Instituto Superior de Investigaciones Biológicas (INSIBIO, CONICET-UNT), investigamos con un grupo interdisciplinario la relaciones entre la sensibilidad y exposición a la luz, la producción de melatonina y cortisol, y las fluctuaciones en los estados de ánimo en muestras poblacionales no clínicas.

La secreción de ambas hormonas muestra un marcado patrón circadiano complementario: el cortisol alcanza su pico máximo alrededor de las 8 de la mañana, y la melatonina alrededor de las 2 de la mañana, un patrón que puede variar en forma estacional y con la latitud. La amplitud de estos ritmos puede diferir según el cronotipo de las personas y ciertos desordenes mentales (por el ejemplo el Trastorno Afectivo Estacional o SAD).

Nuestros organismos parecen estar genéticamente preparados para funcionar en un ciclo de 24 horas. La repetición de estos ciclos es lo que provocó que los organismos desarrollasen el ritmo circadiano para anticiparse a los cambios cíclicos ambientales y adaptar su fisiología para el aprovechamiento de recursos.

Para funcionar de un modo adaptativo, totalmente sincronizados con este ciclo, idealmente deberíamos exponernos a la luz natural durante el día y a la oscuridad total durante la noche, lo cual ocurre poco en nuestra moderna sociedad industrializada. Nuestro cerebro evolucionó bajo este patrón ambiental de luz y oscuridad. Mediante la iluminación logramos “extender el día”, pero esta luz artificialmente producida trajo un costo no sólo económico sino que impactó sobre el ambiente y sobre nuestra salud psico-física y bienestar como consecuencia de sistemáticas reducciones en la cantidad o amplitud cíclica en la producción total de melatonina.

La neurociencia desarrolló técnicas mediante las cuales comenzamos a entender la neurofisiología que subyace a las actitudes y preferencias ambientales. También estudiamos los efectos de diferentes niveles y espectros de luz a nivel cortical y cardíaca, debido a que existen evidencias de que el sistema circadiano podría no ser el único camino asociado con la luz como inductora del estado de alerta, por ejemplo. El objetivo es contribuir con recomendaciones de tiempo de exposición, niveles y distribución espectral de fuentes de luz que resulten eficientes energéticamente y biológicamente activas, como así también identificar valores particulares para personas con vulnerabilidad afectiva.

Los datos y resultados de investigaciones en esta área también contribuyen a aliviar sintomatologías asociadas al jet lag, trabajos nocturnos o rotativos, o a identificar los horarios más adecuados de ingreso a la escuela para niños y adolescentes.

*Graciela Tonello es investigadora adjunta del Instituto de Investigación en Luz, Ambiente y Visión (ILAV, CONICET-UNT). Además es profesora en el Departamento de Luminotecnia, Luz y Visión de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología (FACET) y en la Facultad de Psicología, de la Universidad Nacional de Tucumán.