31/08/2012 | CICLO DE ENTREVISTAS CONICET
“Lo subjetivo siempre deja marcas en la superficie de una traducción”
Una investigadora del CONICET cuenta los secretos y curiosidades del trabajo con textos extranjeros y locales

María Laura Spoturno, investigadora asistente del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, es doctora en letras y se especializa en traductología. Explica los alcances de esta disciplina y su relación con la literatura.

La traductología es una ciencia social poco conocida, ¿podría contar de qué se trata?

Es una disciplina relativamente nueva que surgió hace más o menos 60 años y recién le pusieron nombre diez años después. Si bien fue bautizada como Estudios de Traducción en nuestro idioma hay cierta preferencia por utilizar el término Traductología. Analiza no solo la traducción como producto sino también como proceso y tarea. En este sentido nos preocupamos también por las reglas y normas que gobiernan la actividad del traductor y la del intérprete.

¿En qué se diferencia la traducción de textos escritos y orales?

Reservamos la palabra traducción para los textos escritos y la palabra interpretación para los textos orales, y cada una tiene sus propias características,  exigencias y limitaciones. Por lo general el traductor hace su tarea solo, trabaja con un texto escrito que tiene ante sí, sobre el puede volver cuantas veces quiera. En cambio el intérprete tiene otros tiempos, ya que trabaja y produce textos orales. Por ejemplo, un problema específico de la lengua oral que condiciona directamente la interpretación es su carácter efímero.

Su campo de investigación es la traducción literaria, ¿en qué está trabajando actualmente?

En este momento me dedico al estudio de un grupo de escritores de minorías y al análisis de los problemas que conlleva traducir este tipo de literatura. Particularmente estudio dos grupos de autores: los canadienses de origen judío y los chicanos o mexicano-estadounidenses, sobre todo la obra de Sandra Cisneros.

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta al traducir en la traducción de estos autores?

Estos escritores de minorías toman elementos de más de una lengua y una cultura y los funden en una escritura nueva, usando la traducción como estrategia literaria. Entonces surgen preguntas como: “¿qué pasará con este encuentro lingüístico-cultural cuando lo traduzco? ¿Qué estrategias lingüístico-discursivas y literarias tengo que crear para poder verter esta hibridez del texto original?”

¿Dónde se evidencia este carácter híbrido?

En el caso de los canadienses de origen judío, la lengua materna es el ídish y muchas veces lo traducen al inglés para expresar ciertos sentidos, lo que da la segunda lengua un carácter de extrañamiento. En cambio en los autores chicanos el principal contacto de lenguas es entre el inglés y el español. La escritora Sandra Cisneros tiene la particularidad de traducir literalmente expresiones idiomáticas. Por ejemplo, un personaje al hablar de su tía dice “I don’t want to wind up like Tía Perla, embroidering altar cloths and dressing saints”, lo que quiere decir es que esa mujer se quedó para vestir santos, que nunca se casó. Ese sentido se pierde para que el lector anglohablante y monolingüe aun cuando pueda apreciar la presencia de una frase extraña.

¿Y en estos casos, es posible traducir una expresión idiomática?

En cualquier traducción se pone en el tablero la cuestión de la equivalencia entre las lenguas: si hay que acercar lingüística y culturalmente el texto al lector o no, incluso la cuestión de si existe la posibilidad de una igualdad entre obras en dos idiomas distintos. Por eso el traductor literario hace una gran tarea de investigación que implica conocer al autor y toda su obra para comprender la poética que ha armado. De alguna manera podríamos decir que el traductor es un escritor también, y no sólo un instrumento del texto original.

¿Cuánto hay de subjetividad en este trabajo?

Eso es un punto central para la traductología, porque justamente de un mismo texto, sea oral o escrito, puede haber muchas versiones. Lo subjetivo siempre deja marcas en la superficie de una traducción. También sucede que las traducciones de un texto “envejecen”, es decir que hay obras que son objeto de distintas traducciones en distintas épocas y cada una de ellas es distinta. El ejemplo más claro serían los grandes autores como Cervantes o Shakespeare.

¿Qué pasa con las traducciones que realizan los grandes escritores?

Marcas de la subjetividad del traductor encontramos en todas las traducciones. Cuando son grandes autores, como Borges y Cortázar, estas marcas son más conocidas para el lector. Pero para cualquier traductor es imposible dejar de lado la subjetividad, lo cual plantea un problema para definir quién escribe en la traducción realmente. Cuando leemos a Dostoievski, o a cualquier autor que leemos en traducción porque no conocemos la lengua, ¿leemos al autor o la palabra del traductor? Quizás es más lo segundo, aunque nos cueste admitirlo.

 

Formación

María Laura Spoturno es doctora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), donde también obtuvo los grados de Traductora Pública Nacional, profesora en Lengua y Literatura Inglesas y magíster en Lingüística.

En la actualidad es profesora adjunta de Traducción Literaria I en la UNLP e investigadora asistente del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales.

  • Por Lucila Espósito
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  • Sobre Investigación
  • María Laura Spoturno
  • Investigadora asistente
  • Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales – Universidad Nacional de La Plata