04/02/2013 | CICLO DE ENTREVISTAS CONICET
Libros de texto: “Implican un posicionamiento ideológico”
Una investigadora del CONICET analiza la construcción de la identidad nacional en los manuales educativos de ciencias sociales.

Suele decirse que la escuela es como un segundo hogar para los chicos, que lo aprendido en la juventud modela sus futuras ideas, opiniones y acciones. Pero, ¿cómo sucede esto?, ¿qué contenidos son los que prefiguran los imaginarios de las nuevas generaciones? Beatriz Taboada, lingüista e investigadora del CONICET, estudia qué conceptos de identidad nacional se construyen en los libros de texto de ciencias sociales con los que se enseña a los jóvenes de tercer año del polimodal.

 

¿Cómo se acercó desde su disciplina a este objeto, más típico de la historia o la sociología?

Soy como una intrusa en el campo, porque vengo de la lingüística. Lo que hago es observar las tensiones que aparecen dentro del discurso de los libros de ciencias sociales. Trabajo desde algo que se conoce como enfoque histórico del discurso y lo que más me interesa es analizar la forma en que se nombra a los sujetos, objetos, hechos, lo que se dice sobre ellos, y el posicionamiento que se toma al elegir hablar de una cosa de cierto modo y no de otro. El lenguaje humano es fuertemente ideológico, entonces cuando uno elige nombrar una cosa de un determinado modo, está argumentando.

 

¿En qué sentido es “argumentativo”?

Las palabras crean realidad, entonces lo que los libros de texto hacen no es sólo poner a circular conocimientos incoloros, inodoros e insípidos de distintas disciplinas sino que implican un posicionamiento ideológico. Hace varios años que trabajo en el análisis de libros de texto, anteriormente estudié las representaciones de los territorios que presentan los libros, en particular de la Capital y el interior. Durante ese recorrido me llamó la atención ver que cuando se hablaba de nuestro país, lo que se enunciaba como identidad nacional, que explicaba el “los argentinos somos…”, dejaba a muchos afuera.

 

¿Podría dar algún ejemplo?

Recuerdo que uno de los libros de texto para referirse a nuestros antepasados decía que alguien había acuñado la frase “los argentinos descendemos de los barcos”. La actividad que acompañaba esto les pedía a los estudiantes que buscaran confirmaciones de esta afirmación. Entonces no ponía en discusión la idea de que “los argentinos descendemos de los barcos”, que implica un borramiento de los pobladores originarios, sino que intentaba fortalecer esta imagen sesgada.

 

¿Qué elementos del libro observa para hacer su análisis?

La ideología se cuela en las imágenes, en los textos en general, pero donde más se nota es en las consignas. Normalmente es allí donde los libros tienen la oportunidad de poner en discusión algo que está instituido y naturalizado, pero sin embargo en muchos de los casos que estudié funcionan como fundamento de esos mismos estereotipos. Hay una especie de doble discurso, que uno lee como conflicto o contradicción, entre lo que el libro propone pedagógicamente y lo que realmente son sus contenidos.

 

¿Cómo funciona la construcción de la identidad?

La identidad nacional es algo dinámico y fuertemente influenciado por el contexto, intervienen múltiples estrategias de construcción de sentidos – lingüísticas, políticas, psicológicas – y es a través de los discursos que se configura esa identidad. En este sentido las naciones aparecen como comunidades imaginadas, construcciones mentales que las personas perciben como entidades políticas delimitadas. Desde estas construcciones, una propuesta educativa debería promover la mirada crítica, el ejercicio democrático, el respeto y la pluralidad para una convivencia más plena.

 

Entonces, ¿qué imagen de identidad nacional construyen estas representaciones?

A modo de ejemplo, algunos libros narran la historia argentina solamente como periodización, sin mostrar conflictos ni procesos, a pesar de que la epistemología de la disciplina y diversas investigaciones lo cuestionan fuertemente. Hablan como si los pobladores originarios hoy no existieran. Por ejemplo, un libro marcaba “el periodo de la Argentina indígena” hasta la llegada de Colón. También sucede con las nuevas inmigraciones, que son tratadas desde lo más folclórico, y con la situación de pobreza, que son ilustradas con imágenes de personas solas y sin ninguna actividad productiva. En este marco, lo que se muestra como identidad excluye muchas realidades de nuestro país, espacios, prácticas, sujetos, y se aleja de objetivos de equidad, de respeto por la diversidad que nos constituye.

 

¿Qué rol tienen los libros de texto? ¿Por qué importa preguntarnos qué contenidos difunden?

Los libros circulan de una forma realmente potente: además de ser un recurso didáctico aparecen como herramientas de difusión del currículum prescripto para los docentes, es decir que reinterpretan los contenidos mínimos planificados por el Ministerio de Educación y las distintas jurisdicciones de nuestro país, y que son el lineamiento básico para la materia. Pero por otro lado nos sirven a nosotros para ver qué está pasando dentro de las aulas en cuanto a estas dimensiones de lo discursivo y lo ideológico. A mí me interesa que mi trabajo impacte, en mayor o menor medida, en los docentes, porque hay muchos que con malos materiales pero buenas ideas pueden hacer maravillas en el aula.

Beatriz Taboada es lingüista. Obtuvo su doctorado en la Universidad Nacional de Rosario. Desde 2011 se desempeña como investigadora asistente del CONICET en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Además es docente en la Universidad Autónoma de la misma provincia y autora de Nombrar el país: imágenes del interior y de la capital en libros de texto de Lengua y Ciencias Sociales, Paraná, La Hendija.

  • Por Lucila Espósito