03/03/2017 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
La sífilis en la actualidad
La mayoría de las cepas de la bacteria que causa la enfermedad presentan resistencia a la azitromicina, el antibiótico más usado después de la penicilina.
María Pando. Foto: CONICET Fotografía.

La sífilis es una enfermedad de trasmisión sexual causada por la bacteria Treponema pallidum subespecie pallidum (TPA). Hacia finales del siglo XV desató una pandemia en Europa que la convirtió en una de las enfermedades más temidas en la historia humana. Recién hacia mediados del siglo XX, con el hallazgo de la penicilina como un antibiótico efectivo contra este microorganismo, se pudo controlar la expansión de la patología y disminuir notoriamente su prevalencia. No obstante, la sífilis volvió a emerger en el mundo en las últimas décadas al punto que un documento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) del año 2008 estimó la existencia de más de 10 millones de casos.

El resurgimiento de la sífilis como problema de salud a nivel global responde a la mayor circulación de variantes de Treponema pallidum resistentes al algunos de los antibióticos usualmente utilizados. Si bien estas variantes no han mostrado aun ser resistentes a la penicilina si lo son a la azitromicina, la cual suele aplicarse a pacientes que por distintos motivos no pueden ser tratados con la primera. La alergia a la penicilina o la imposibilidad de recibir antibióticos de forma inyectable son alguna de las razones por las que en ocasiones se deben buscar terapias alternativas.

En consideración de esta problemática, un grupo de investigadores de diferentes lugares mundo del que formó parte María Pando, investigadora adjunta del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS, CONICET-UBA), secuenció el genoma completo de 70 muestras de TPA obtenidas en 13 países diferentes, 52 de las cuales fueron tomadas directamente de pacientes con sífilis entre de 2012 y 2013, mientras las otras fueron colectadas de conejos de laboratorio. El objetivo central fue obtener un perfil de resistencia de las cepas de TPA que circulan en la actualidad alrededor del mundo. Los resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Nature Microbiology.

“Lo que se pudo ver en el estudio es que existe una alta frecuencia a nivel global de variantes de TPA que tienen mutaciones de resistencia a algunos de los antibióticos que se usan contra la sífilis actualmente. Se trata de un típico caso de presión de selección: si vos tenés una población diversa y aplicás algo que mata a algunos, aquellas variaciones que muestran capacidad de resistencia al antibiótico van a comenzar a aparecer con mayor frecuencia”, señala Pando.

Las variantes de TPA que con mayor frecuencia y dispersión geográfica presentan mutaciones de resistencia corresponden al linaje SS14 que, según pudieron determinar los mismos investigadores a partir de una reconstrucción filogenética, divergió del linaje Nichols, que causó miles de casos de sífilis alrededor de 1744.

“Mucho más adelante, a partir de la expansión de los antibióticos a mediados del siglo XX y la consecuente reducción de la incidencia de las enfermedad, se habría producido una gran divergencia interna al interior del linaje SS14, dentro del cual el 90 por ciento de las muestras analizadas presentaron mutaciones asociadas a resistencia a los antibióticos”.

La conclusión del trabajo fue que el grupo de cepas que hoy presentan resistencia a la azitromicina surgió a mediados del siglo XX ante la presión de selección que ejerció justamente la presencia de este antibiótico.

 

La sífilis en Argentina

Algunas de las muestras cuyo genoma completo fue secuenciado corresponden a pacientes de Argentina, lo que motivó que algunos de los científicos locales que participaron de la investigación como la propia Pando y Lucía Gallo Vaulet y Marcelo Ródriguez Femepín, ambos de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, se preocuparan específicamente por caracterizar el perfil de resistencia de las cepas de TPA circulantes en este país.

En contraposición al diagnóstico a nivel global, en Argentina la frecuencia de linaje Nichols es relativamente alta -aproximadamente un 30 por ciento de los casos- lo que implica que haya menor presencia de variaciones de la bacteria que causa la sífilis con mutaciones de resistencia a los antibióticos. “Esto se debe seguramente a que en nuestro país el uso a la azitromicina para tratar la enfermedad es menos frecuente que en Europa”, afirma Pando.

Según señala la investigadora, si bien en Argentina los casos de sífilis suelen ser tratados con penicilina existen situaciones, además de la presencia de alergia,  en las que podría no ser conveniente aplicar dicho antibiótico, por ejemplo los individuos que presenten lesiones o transformaciones del cuerpo que impidan la aplicación por vía inyectable. Esta situación es común de observar en las mujeres trans que se han colocado siliconas Este no es un dato de menor importancia si se tiene en cuenta que más de la mitad de las mujeres trans presentan un diagnóstico compatible con sífilis”, comenta la investigadora.

De esta manera, el estudio a nivel molecular de las cepas del TPA circulantes en la actualidad se vuelve relevante clínicamente tanto a nivel internacional como local.

 

Miguel Faigón