01/03/2013 | CICLO DE ENTREVISTAS CONICET
“La búsqueda de identidades puras no reconoce la historia de mestizaje”
Lucas Palladino, geógrafo y becario de CONICET estudia cómo vive un pueblo originario cordobés en Barrio Alberdi, a pocos minutos del centro.

El Pueblo de la Toma fue un asentamiento que albergó a miles de Comechingones a lo largo de los siglos, con epicentro en lo que hoy se conoce como Barrio Alberdi y zonas aledañas. Con el correr de la historia esta comunidad fue silenciada y desplazada, pero en 2008 se conformaron nuevamente como un colectivo que reclama por el reconocimiento de sus derechos.

 

¿Qué es el Pueblo de La Toma?

Es una comunidad originaria de la ciudad de Córdoba, la única del país que se proclama nativa de una urbe. Los Comechingones están allí desde tiempos anteriores a la colonia. Existe un archivo en el que, a través de una carta escrita por un curaca –cacique-, se reconoce que los Comechingones donaron tierras a la ciudad para el emplazamiento de uno de los principales cementerios, el San Jerónimo. El territorio que ocupaban era muy extenso, superando los límites de lo que hoy se conoce como ciudad de Córdoba. No obstante, con los años fueron expulsados y silenciados, pero muchos permanecieron en la zona.

 

¿Mantuvieron sus lazos desde entonces?

No, la historia y los mestizajes provocaron que los habitantes de La Toma se fueran desplazando, de manera muy atomizada, pero permanecieron en barrios aledaños. En el 2008 el Instituto de Culturas Aborígenes realizó una investigación que buscaba descendientes de Comechingones, y como resultado ocho familias se reconocieron como tales y constituyeron una comunidad. En total suman trescientas veinte personas, de las cuales militan sólo veinte o treinta.

 

¿Qué quiere decir que constituyeron una comunidad?

Esto significa que existen lazos, porque tienen el proyecto común de lograr el reconocimiento como aborígenes frente al Estado. Además este proceso de comunalización –término acuñado por el antropólogo James Brow- implica la construcción política de un grupo, reforzada por un sentimiento de pertenencia que, a su vez, se sostiene a través de representaciones y prácticas. El sentimiento de primordialización significa concebir que las relaciones de parentesco vienen de tiempos inmemoriales pero que, por otro lado, conlleva una reinvención de la tradición que fortalezca ese sentimiento.

 

¿Qué elementos rescatan estas familias para proclamarse Comechingones?

Los comuneros, por un lado, reclaman la filiación de la sangre mediante algún antepasado Comechingón, mientras que por otro aseguran que estos familiares han vivido en el Pueblo de La Toma. Esto se puede confirmar, por ejemplo, en los libros de bautismo. Por último, recuperan ciertos elementos que ellos consideran como aborígenes, como el respeto por la naturaleza y lo espiritual.

 

¿Mantienen costumbres ancestrales, típicas de los Comechingones?

Las tradiciones pueden verse en comidas como el patai, en casamientos arreglados luego del ritual de la primera menstruación y en actividades relacionadas a la cestería y a la cerámica, donde el significado de lo Comechingón está muy vivo y se resignifica constantemente. No obstante, en gran medida, las costumbres de esta comunidad tienen que ver con reconstrucciones en base a estudios científicos acerca de los Comechingones y atiende a un discurso global donde se asocia lo aborigen con lo natural, ligado a prácticas ecológicas. Se da una hibridación entre lo que viene por tradición familiar y lo que se supone que un Comechingón debe ser, como una negociación para ser reconocidos.

 

¿Cómo es la actitud, por parte de la sociedad, frente a estas identidades reconstruidas?

La disputa de fondo es si se concibe a la identidad en términos biológicos o como una memoria compartida y un sentimiento actualizado en el presente. Si bien estas identidades son históricas y tienen un anclaje territorial, son siempre negociaciones. Se van reactivando y el hecho de ser cambiantes e híbridas no las invalida como identidades. Esto contradice un poco el imaginario según el cual el pueblo argentino desciende de los barcos y el aborigen está enclavado en el pasado y en un contexto rural, que está en la base de la construcción de Estado nacional. Esta búsqueda de identidades puras no reconoce la historia de mestizaje, colonial, de la que estos pueblos fueron y son parte.

 

¿Cómo se relaciona la comunidad con Barrio Alberdi?

Están muy integrados y tienen una participación activa. Están trabajando en red con la agrupación “Defendamos Alberdi” que milita para defender el patrimonio barrial y, para hacerlo, se apoya fuertemente en el legado comechingón. A su vez la comunidad se apoya en estos grupos para salir del contexto de invisibilización en el que están inmersos.

 

¿Qué te motivó a estudiar esto?

Vivir en Brasil, donde veía negros y aborígenes, en la ciudad y en la universidad, despertó en mí la pregunta ¿qué pasó con otros pueblos, por ejemplo el Comechingón? A nivel físico, fenotípico, acá no se ve esa diversidad. Y, por otro lado, me interesaba pensar el territorio desde una noción no estatal. El Estado moderno se funda en concebir el territorio como un área donde se asienta la población. Quería pensar, a partir de estas identidades, formas de territorialidad que no implican necesariamente la conformación de áreas, que tienen otra relación con la naturaleza, con el espacio.

 

¿Qué queda por ver?

Ahora estoy estudiando la construcción de la identidad aborigen en toda la provincia de Córdoba, comparando un ámbito rural, San Marcos Sierras, con otro urbano, el Pueblo de La Toma. La pregunta central sería acerca del papel de lo rural y lo urbano, como territorio, en la construcción política de identidad.

Formación

Lucas Palladino es becario doctoral del CONICET en el Centro de Investigaciones “María Saleme Burnichón” de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), donde además realiza el doctorado en Antropología.
Obtuvo su licenciatura en Geografía en la UNC y se especializó en el área de geografía cultural.

  • Por Mariela López Cordero. CCT Córdoba.