19/08/2016 | CIENCIAS AGRARIAS, DE LA INGENIERÍA Y DE MATERIALES
Innovación, transferencia y autonomía alimentaria en Tierra del Fuego
¿Cómo es la exploración de nuevos métodos y tecnologías para incrementar la producción frutihortícola en la provincia más austral de la Argentina?
En el invernadero para climas extremos del CADIC se probaron diferentes cultivos. Foto: gentileza investigador
Vater brinda un taller para productores en el Campo Experimental del CADIC. Foto: gentileza investigador.

El trabajo de Gustavo Vater, profesional principal del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET) tiene un objetivo central: que Tierra del Fuego empiece a producir sus propios alimentos. Para lograrlo considera esencial desarrollar métodos innovadores que permitan aumentar la productividad agrícola de la región.

“Pese a que en las últimas dos décadas Tierra del Fuego triplicó su población, hoy todavía casi no cuenta con producción agrícola propia. No puede ser que todavía comamos frutas y verduras que vienen desde 3 mil kilómetros, que tienen un alto costo y por lo general no llegan en estado óptimo dado que en el recorrido pierden calidad nutricional”, manifiesta el ingeniero en producción agropecuaria.

A cargo del Laboratorio de Innovación Productiva del CADIC, Vater articula proyectos experimentales que apuntan a adaptar frutas y hortalizas a las particulares condiciones climáticas de la zona y a generar conocimientos que permitan optimizar la propagación de los cultivos.

A lo que se apunta es que tanto las semillas aclimatadas como las técnicas y tecnologías probadas y desarrolladas a través de los ensayos experimentales sean luego trasladadas a productores privados para que sean ellos quienes tomen la posta.

 

Invernaderos para climas extremos

Vater está a actualmente cargo de un proyecto para diseñar y construir quince invernaderos adaptados a climas extremos – bajas temperaturas, abundantes nevadas y fuertes vientos – como el de Tierra del Fuego, repartidos en las ciudades de Ushuaia, Río grande y Tolhuin.

“Son invernaderos modulares y ofrecen la ventaja de que el productor pueda comenzar a cultivar en una escala chica y que cuando lo necesite tenga la posibilidad de aumentar su tamaño de forma sencilla. Además van a estar hechos íntegramente con materiales locales y la gente que los va a construir y montar va residir en la provincia también” afirma Vater.

 

Aumento, diversificación y propagación de productos vegetales

Los primeros invernaderos de la provincia austral diseñados por Vater, incluyendo el que hoy tiene el CADIC en su Campo Experimental, fueron producto de un proyecto anterior titulado, “Diversificación y Aumento de Productos Vegetales a Prestadores de Servicios Turísticos de Tierra del Fuego”. En el marco de este proyecto se experimentó y buscó adaptar al lugar hortalizas como la acelga, el brócoli, los tomates cherry o el zuchini, por poner algunos ejemplos. El éxito de los ensayos fue tal que luego, con aportes de las diferentes intendencias de la provincia, se construyeron veinte invernaderos similares al del CADIC.

“También hicimos cultivos experimentales de frutas finas como variedades de frambuesas, grosellas, corinto, cassis o moras híbridas. Pero estas especies denominadas berries van muy bien en el exterior por lo que no hay que colocarlas adentro del invernadero. A través de la generaciones estas frutas se aclimataron y ahora están fantásticas y listas para ser propagadas en la provincia”, explica Vater.

El Campo Experimental es además escenario de talleres prácticos de los que participa el propio Vater, coordinados en conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), para capacitar a productores en artes como la poda y multiplicación de cultivos a través de diversas técnicas.

 

Vermicultura

“Ahora tenemos un proyecto, que recién está en sus inicios, para producir vermicompuesto a partir del cultivo de lombrices para tratar desechos orgánicos. Es un compostaje que se usa para mejorar suelos, no solamente los hortícolas sino también los erosionados”, cuenta Vater.

El proceso a seguir consiste en mezclar deshechos vegetales de uso domiciliario con otros de la industria maderera y, luego de un tiempo, agregar las lombrices para que se coman la flora bacteriana y de hongos asociada al compuesto y que con sus deposiciones produzcan un material que sirva como abono para mejorar los suelos desde el punto de vista físico, pero también en lo que refiere a la aireación o al ingreso de agua.

Este proyecto Vater lo trabaja junto a Fabián Vanella, investigador adjunto del CONICET en el CADIC, quien planea tomar las lombrices cultivadas para producir harina proteica que se utiliza como alimento balanceado para animales.

Por Miguel Faigón

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