24/09/2015 | CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
Huellas en el mar
Fernanda Bravo Herrera, investigadora de CONICET, estudia el impacto cultural de la emigración italiana a la Argentina en las dos orillas.
Inmigrantes italianos. Siglo XX. Foto: archivo privado.

El fenómeno de las migraciones externas tiene dos caras: la emigratoria, que implica el abandono del país natal y el consiguiente alejamiento de familiares, amigos y vecinos; y la inmigratoria, que es mucho más visible en la historia Argentina y está vinculada a la integración de contingentes extranjeros a una nueva cultura. Los impactos de este proceso, cuando revisten carácter masivo, resultan múltiples y variados y se hacen carne no sólo en aquellos que protagonizan los desplazamientos, sino también en los que permanecen en los territorios de origen y en quienes, repentinamente, tienen que comenzar a convivir con un montón de caras nuevas.

Fernanda Bravo Herrera, investigadora asistente del CONICET en el Instituto de Literatura Argentina “Ricardo Rojas” de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y especialista en estos temas, se pregunta en su libro Huellas y recorridos de una utopía por la emigración italiana en la Argentina y su impacto en el imaginario social italiano, a través del recorrido de un corpus compuesto por textos fundamentalmente -aunque no únicamente- literarios.

 

En Huellas y recorridos de una utopía se focaliza más en el fenómeno emigratorio que en el inmigratorio. ¿Por qué?

A partir de una serie de razones que tienen que ver con mi biografía académica, pero también personal, llegué a darme cuánto faltaba conocer en nuestro país de las otras voces, de la mirada desde la otra orilla, acerca de algo que era muy cercano a nuestra realidad, como la inmigración italiana en la Argentina. Un inmigrante era, antes que nada, un emigrante que había dejado su país, que era observado por sus paisanos como alguien que se iba. Me interesaba también esa otra mirada, la de aquel que había dejado un lugar natal y la de aquellos que veían que el pueblo se iba despoblando.

 

¿Cuál fue el rol de la emigración en la configuración de una identidad nacional italiana? 

Muchos italianos se descubrieron tales en el exterior, comenzaron a construir una idea de nación estando lejos del propio país. Ampliaron una identidad que hasta ese momento tenía bases locales y entraron en contacto con otros italianos. Muchos tuvieron que aprender el español y el italiano y dejar de manejarse solamente con los dialectos locales; se podría decir que se estratificó la identidad. Las segundas y terceras generaciones también adhirieron a la cultura argentina. Son identidades caleidoscópicas las que se han construido, ni siquiera bifrontes, es sumamente complejo el fenómeno.

Fernanda Bravo Herrera, investigadora del CONICET. Foto: CONICET Fotografía.

¿Qué ocurrió allá con la literatura de emigración?

Los estudios literarios en Italia marginaron las cuestiones vinculadas con la emigración durante mucho tiempo, hasta que estudiosos como Emilio Franzina o Sebastiano Martelli las rescataron del olvido. Esta indiferencia inicial tuvo que ver, sobre todo, con la formación de un canon literario y con la construcción de un proyecto de nación. Dicha problemática no podía responder a ninguno de estos dos principios. Si bien algunos textos vinculados con la temática fueron muy populares cuando se publicaron, luego no tuvieron incidencia. Respecto de la construcción de la nación, la emigración implicaba el fracaso del proyecto de la unificación de Italia (el Risorgimento) que se ponía en duda con el éxodo masivo y la mostración de las desigualdades. Gramsci señaló cómo los intelectuales de su país tampoco se ocuparon de aquellos que emigraron antes de que se marcharan. Existió una especie de elitismo en el ámbito cultural, centrado en un proyecto completamente diferente de la realidad migratoria.

 

¿Cuáles son las diferentes miradas o posicionamientos respecto de la emigración que encontraste en el corpus que analizaste?

Hay dos posiciones netamente enfrentadas, una antiemigracionista y otra proemigracionista. La mayor parte de los antiemigracionistas eran quienes tenían intereses en el campo, que veían que con los éxodos masivos se perdía la economía del país. Los proemigracionistas, en cambio, veían la emigración como una válvula de escape para evitar los conflictos sociales que estaban explotando en ese momento en Italia, como los movilizados por el anarquismo. Luego hay una postura, propia del ámbito socialista, que denuncia los dramas de la emigración inclusive antes de la partida. Otra, más optimista, aquella para la cual el emigrante dejaba de ser visto como tal para transformarse en un colono o en un conquistador, portador de los grandes principios de la cultura y la civilización italiana. Finalmente, hay una posición que reconstruye el viaje como una búsqueda individual hacia lo ignoto, más allá del fenómeno migratorio, que siempre se presenta como un fenómeno social y colectivo.

 

¿Cuáles son las preguntas básicas que animan su proyecto de investigación sobre el impacto de la cultura italiana en el imaginario argentino? 

La propuesta es estudiar cómo se establecen las relaciones entre la mismidad y la alteridad, en el largo proceso de construcción de las identidades nacionales, a través del fenómeno de la inmigración italiana en la Argentina. La idea es indagar cómo se va construyendo una identidad, ya sea la italiana o la argentina, en este fenómeno de desplazamientos y de encuentros o desencuentros entre distintas culturas y realidades sociales y analizar cómo aparece representado especialmente en la literatura, considerando a ésta como un discurso social complejo que recoge las voces sociales. De todas maneras, no trabajo solamente con textos literarios, también me interesa ver cómo se inscriben estos fenómenos en las canciones, las obras pictóricas, las caricaturas, el cine, los discursos políticos, los ensayos y la literatura de viaje.

Fernanda Bravo Herrera es investigadora asistente de CONICET y trabaja en el Instituto de Literatura Argentina “Ricardo Rojas” de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es Doctora de Investigación en Literatura Comparada.

Además es Magíster en Conservación y Gestión de Bienes Culturales y tiene un Master en Literatura Comparada y Traducción del Texto Literario. Fue becada por la Regione Toscana y en dos oportunidades por el Gobierno Italiano, a través del Istituto Italiano di Cultura a Buenos Aires, para realizar estudios de posgrado en la Universidad de Siena, Italia.

  • Por Miguel Faigón.