29/10/2015 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Hormonas que coordinan el crecimiento
Un estudio reciente explica cómo se comunican las anomalías del crecimiento de los tejidos durante el desarrollo de un organismo.
El receptor Lgr3 se expresa en neuronas bilaterales en el cerebro de Drosophila melanogaster, que controlan el momento en que las larvas se transforman en pupa. (Verde: Lgr3. Violeta:núcleos de las neuronas). Imagen: gentileza investigador.

Por Andrés Garelli*

Un estudio que publicamos recientemente en Nature Communications junto con colegas de Portugal, Suiza y España describe el mecanismo mediante el cual el cerebro detecta las anomalías del crecimiento y coordina una respuesta sistémica.

En la mosca Drosophila melanogaster diferentes tipos de alteraciones del crecimiento de los tejidos periféricos, como los tumores o la muerte celular, conducen a la producción y secreción de una hormona de la familia de la insulina-relaxina, llamada Dilp8, que retrasa el desarrollo para permitir la reparación de los tejidos.

Recientemente nuestro grupo de trabajo en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB, CONICET-UNS) y el del Dr. Alisson Gontijo (CEDOC, Portugal) encontró que esta señal de estrés es detectada en el sistema nervioso central antes de ser transmitida a los centros endócrinos que controlan la maduración de Drosophila. También demostramos que la detección de la señal de Dilp8 requiere de la presencia de un receptor acoplado a proteína G, Lgr3, en un par de interneuronas en una región del cerebro de Drosophila que presenta similitudes funcionales con el hipotálamo de vertebrados.

Las transiciones del desarrollo en vertebrados también pueden verse afectadas por factores externos e internos, como enfermedades inflamatorias o alteraciones nutricionales que retrasan el inicio de la pubertad. Estos hallazgos revelan una inesperada y sorprendente similitud entre las vías de Dilp8-Lgr3 de insectos y la señalización de relaxinas en el hipotálamo de vertebrados y apuntan a la existencia de un mecanismo de señalización ancestral sensible al estrés que coordina el crecimiento del organismo.

El trabajo publicado en la revista Nature Communications pone en evidencia una vez más las ventajas que presentan los modelos invertebrados en la investigación de los mecanismos básicos que gobiernan los procesos biológicos conservados en la evolución.

* Andrés Garelli es investigador asistente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB, CONICET-UNS). Es Bioquimico por la Universidad Nacional del Sur (UNS), donde además obtuvo su doctorado en Bioquímica. Realizó su posdoctorado en el Instituto de Neurociencias de Alicante, España.