Ciencias Agrarias, Ingeniería y de Materiales

Hilandería Payún Matrú: tejiendo sueños

Investigadores del CONICET combinan en un proyecto el cuidado al medio ambiente y el aporte de valor agregado a la producción de fibra de guanaco.


La hilandería por dentro. Foto: Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable y Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación.

Desde el noroeste de Perú y hasta las australes tierras patagónicas habita uno de los camélidos con mayor distribución territorial en América del Sur: el guanaco. Esta especie es de vital importancia para la región porque ayuda a prevenir el avance de la desertificación del territorio patagónico y a revitalizar sus economías. Ante la presión humana sobre el medio ambiente, que ocasiona procesos de extinción de especies silvestres y degradación de los hábitats, la producción alternativa a partir del uso sustentable de especies de la fauna silvestre como el guanaco se ofrece como una estrategia de conservación. Dada su amplia distribución, su utilización tiene la potencialidad de generar un impacto económico a nivel regional en los ecosistemas áridos de Argentina.

“Es el herbívoro nativo más importante de ambientes áridos y semiáridos y por lo tanto, el principal consumidor de vegetación. Esto hace que mantenga una presión de herbivoría fundamental para el proceso evolutivo de estos ambientes. Además, es la principal presa del mayor carnívoro nativo, el puma, contribuyendo al establecimiento de cadenas tróficas. Desde el punto de vista histórico-cultural, esta especie fue esencial para la supervivencia de diversas culturas originarias como los tehuelches, mapuches y onas”, explica Pablo Carmanchahi, investigador adjunto en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medio Ambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCOMA).

El biólogo junto a Gabriela Lichtenstein, investigadora independiente del CONICET en el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INALP) trabajan desde 2005, cada uno en su especialidad, con la cooperativa de productores de fibra de guanaco Payún Matrú con el objetivo de convertir a esta especie en una alternativa productiva bajo un manejo sustentable. Ambos son integrantes del Grupo de Especialistas en Camélidos Sudamericanos (GECS) de la Comisión de Supervivencia de Especies de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN). “Es importante conservar al guanaco debido a sus roles biológicos, culturales y productivos que le confieren un valor único a esta especie emblemática de nuestro país”, asegura el investigador.

“Carmanchahi trabaja desde la biología en las capturas y el seguimiento de las poblaciones de guanaco en el tiempo y yo desde el lado social analizando cuál es el impacto económico e identificando los componentes necesarios para garantizar la sostenibilidad de la experiencia. Lo interesante del modelo de la cooperativa es que tradicionalmente el manejo de guanacos lo hacían estancieros en Patagonia entonces el beneficio del uso de la especie era usufructuado por el dueño de una estancia y en este caso se distribuye entre los integrantes de la cooperativa que son pequeños productores que tienen una economía de subsistencia. En este proyecto queremos unir la conservación de este recurso natural y el alivio a la pobreza”, comenta Lichtenstein.

Carmanchahi junto a un equipo de investigadores desarrollaron una metodología de arreo y captura de guanacos en silvestría que tiene en cuenta altos estándares de bienestar animal, que se plasmó en un documento que instauró normas de manejo para la especie llamado “Protocolo de Buenas Prácticas de Manejo de Guanacos Silvestres”. Para que esta actividad sea sustentable es imprescindible minimizar el riesgo para los animales durante su manipulación y definir maniobras que reduzcan el riesgo para los operarios.

La cosecha de fibra, como explica el investigador, se realiza en el área de la reserva provincial La Payunia mediante arreos a caballo hacia una estructura de captura en forma de embudo. Allí se toma contacto con los animales, se los encapucha, inmoviliza y recuestan sobre una camilla en la que son transportados hasta las máquinas eléctricas de esquila. Una vez esquilados, los animales son identificados y liberados y la fibra obtenida empieza el circuito de procesamiento hasta alcanzar el hilo.

“Este proyecto fue una oportunidad única de poder crear un modelo distinto, es un cambio de paradigma. Mientras que todos los productores patagónicos vendían la fibra en bruto –y el comprador pagaba los menos posible-, la cooperativa se negó y quiso darle un valor agregado, para ello hacía falta poder avanzar en el procesamiento de la fibra”, asegura Lichtenstein.

El avance sustancial en este proyecto con respecto al procesamiento de la fibra de guanaco se plasmó el 24 de julio después de más de 10 años de aprendizaje y trabajo, con la inauguración en la localidad de La Salinilla -al sur de la ciudad de Malargüe- en Mendoza, de la primera hilandería de este tipo en el país. Esta iniciativa es producto de un consorcio constituido por el CONICET, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, (INTI), la Municipalidad de Malargüe y la Cooperativa Payún Matrú conformada por pequeños productores caprinos de la zona. En el año 2012 presentaron el proyecto en la convocatoria “Fondo de Innovación Tecnológica Sectorial – Desarrollo Social Camélidos” del Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC) de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica y resultaron beneficiados con un subsidio con el objetivo de mejorar la cadena de valor de la fibra de guanacos en el sector de productores de pequeña escala.

La iniciativa incluye cinco módulos: la producción primaria de la fibra teniendo en cuenta altos estándares de bienestar animal, el desarrollo textil de la fibra que comienza con la inauguración de la hilandería, la comercialización de los productos, el fortalecimiento institucional y finalmente la difusión y transferencia de la experiencia. La inauguración de esta planta, asegura Lichtenstein, es un hito dentro de este proyecto que fue posible gracias al rol de las numerosas instituciones, tanto las del consorcio como las que se fueron sumando (Ministerio de Trabajo de la Nación, la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (SADYS) y el Ministerio de Tierras, Ambiente y Recursos Naturales de la Provincia de Mendoza), que participan del proyecto y que a través de sus apoyos fortalecen la gestión de la hilandería.

El primer módulo contempla la obtención de la fibra bajo los estándares propuestos por Carmanchahi y con los cuales se capacitó a los productores. Para la segunda instancia se importó de Canadá maquinaria semi-industrial con bajos requerimientos energéticos.

“El consorcio apostó a instalar la planta en el medio rural para poder generar fuentes de trabajo en el campo y posibilidades de arraigo para la gente local, especialmente para los jóvenes. Un capacitador de la empresa canadiense ayudó a instalar las máquinas y entrenar a la cooperativa en el uso. El entrenamiento fue muy rico para la cooperativa y los técnicos del proyecto porque es la primera vez que esta maquinaria se usa para fibra de guanaco. Apuntamos a obtener productos de excelente calidad pero para esto hace falta ‘quemar fibra’. No hay camino previo hecho”, afirma la investigadora.

Por su parte, Carmanchahi destaca que la potencialidad que tienen la cooperativa y los productores de tener ingresos es muy alta porque la fibra de guanaco está incluida dentro de las fibras preciosas animales. Debido a que es muy fina, su grosor ronda entre los 14 y 16 micrones, tiene cualidades térmicas y suavidad únicas y por lo tanto es muy atractiva para la industria textil. Se estima que un kilo de hilo de este tipo puede valer entre 800 y 1000 dólares.

Dado que es la primera vez que se procesa este tipo de fibra en los equipos –Mini Mills-, actualmente el Centro de Investigación y Desarrollo Textil del INTI, realiza ensayos textiles para producir distintos tipos de mezclas de fibras gracias a las posibilidades que ofrece la versatilidad de la maquinaria. En este sentido, los investigadores explican que la idea es que la planta brinde servicios a terceros tales como lavado, hilado o productos intermedios y que los equipos puedan ser utilizados por los productores de Patagonia que no pertenecen a la cooperativa para procesar sus fibras, ya sea de guanaco, llama, cabras, vicuña, chivas, ovejas u otras especies de la zona, y así venderlas a más valor.

Lichtenstein explica que todo el aprendizaje generado es sumamente rico porque a partir de este proyecto podrían inspirar otras iniciativas en la región. “Ya recibimos varias preguntas de comuneros de Perú y Bolivia que ven esto como una alternativa para poder mejorar sus ingresos. El nivel de inversión que está haciendo el Estado Nacional en investigación sobre camélidos y en el desarrollo de la cadena de valor es muy superior a los países vecinos, y esperamos a partir de todos estos desarrollos poder colaborar con a nuestros países hermanos”, dice.

Uno de los desafíos del módulo de comercialización es dar a conocer la fibra a nivel internacional y posicionarla como un producto argentino, y a la vez generar alternativas textiles ricas para los diseñadores nacionales. La idea es no sólo vender el hilo sino la historia, un desarrollo muy cuidado desde la conservación del guanaco y la obtención y producción de la fibra hasta el producto final, con el fin de alcanzar certificaciones que den más valor al hilo y que esto pueda ser reconocido en el precio, como un paradigma de comercio justo.

Finalmente, los científicos agregan que permanentemente están pensando cómo hacer para maximizar el efecto derrame de este proyecto. “La idea de instalar la planta en Salinillas era darle luz a la zona. Para nosotros la inauguración es el inicio de una nueva etapa, es juntarnos a celebrar la concreción de un sueño y por otro lado agradecer a las instituciones. Aprendimos mucho en la forma de trabajar de forma interdisciplinaria, sumar los saberes y crear un modelo nuevo. Como investigadores del CONICET, que esta institución que nos apoyó tanto, llegue hasta un lugar tan lejano con beneficios concretos para la gente es un orgullo. Tener la posibilidad de transformar realidades es un privilegio”, concluye Lichtenstein.

 

  • Por Cecilia Leone