09/06/2014 | IANIGLA
El (hemisferio) sur también existe
Investigadores del CONICET participaron de un estudio internacional sin precedentes que analizó la variabilidad climática entre los dos hemisferios durante el último milenio.
Araucarias en Pampa de Castro, Cuenca del Lago Rucachoroi, Parque Nacional Lanín. Foto: gentileza investigadores

Que el clima mundial sea algo cambiante no es una novedad, sin embargo, la precisión de las predicciones globales podrían estar enfrentando un punto de giro. El científico suizo Raphael Neukom encabezó un estudio del que participaron científicos argentinos y de todo el mundo, con el objetivo de analizar la variabilidad climática entre los dos hemisferios, a la luz de una enorme compilación y comparación de distintos tipos de datos. Los resultados fueron publicados en Nature Climate Change de marzo.

“Las reconstrucciones climáticas hasta la fecha habían presumido la existencia de coherencia en los procesos de circulación atmosféricos entre los dos hemisferios. Ahora con esta investigación internacional se ve, por primera vez, que el hemisferio sur no tiene la misma dinámica interna que el norte, lo que cuestiona el modelo con el que se venía trabajando”, comenta Ignacio Mundo, unos de los investigadores del CONICET que participó del estudio.

Como parte del equipo encargado de aportar los datos del hemisferio sur, Ignacio Mundo y Ricardo Villalba, investigadores del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales en Mendoza (IANIGLA, CONICET), contribuyeron a los más de 300 registros que se utilizaron con series de ancho de anillos de árboles patagónicos.

“Si bien no es la primera vez que se hace una reconstrucción global, sí es la primera que toma una cantidad tan grande de registros para el hemisferio sur. Todas las anteriores estaban basadas en datos y modelados obtenidos en el norte, por lo que históricamente los modelos climáticos de todo el mundo se desarrollaron en función de ese conocimiento relativamente sesgado”, comenta Villalba, quien también es director del IANIGLA.

Además de los datos provistos por el equipo argentino, el estudio vincula registros marinos, sedimentos acumulados en el fondo de lagos, testigos de hielo de la Antártida, arrecifes de coral y documentación histórica, como bitácoras de barcos de la época colonial, entre otros.

Toda esta información permitió a los investigadores tener una mejor interpretación de cómo fue el clima de los últimos mil años en el hemisferio sur y contrastarlo con los modelos predictivos calibrados para el hemisferio norte.

El resultado: un nuevo esquema de variabilidad climática global del último milenio que evidencia que los modelos previos sobrevaloraron la sincronía entre ambos hemisferios al subestimar la influencia de la dinámica océano-atmósfera, un factor determinante en la dinámica interna del hemisferio sur.

Árboles patagónicos, testigos clave

Mundo y Villalba aportaron su conocimiento y experiencia en dendrocronología, es decir proveyeron datos de los anchos de anillos de árboles y arbustos de Patagonia que permiten entender cómo respondieron a distintos factores climáticos y ambientales a lo largo de los siglos, y en función de esto inferir el clima del último milenio.

“Partamos de que los árboles, como todos los seres vivos, responden a las variaciones del ambiente en el que crecen y se desarrollan. El ancho de los anillos de crecimiento nos permite inferir indirectamente cómo fueron las condiciones en las cuales crecieron como por ejemplo, las temperaturas, precipitaciones y a partir de estas series de crecimiento realizar reconstrucciones climáticas, de historia de disturbios e incluso de caudales de ríos”, explica Mundo.

Según el investigador, los árboles crecen más cuando las condiciones ambientales son favorables en función de los requerimientos intrínsecos de la especie, es decir que invierten más de sus productos de la fotosíntesis en madera. En cambio, cuando las condiciones son más adversas, rigurosas o extremas, aportan menos energía al crecimiento radial.

Sincronía creciente

“Comparativamente se observa una mayor sincronía en la variabilidad climática de los hemisferios en el último siglo que en el último milenio. Esta sincronía de los últimos cien años, visible en la marcha de las temperaturas hemisféricas, se relaciona fuertemente con la actividad antrópica”, señala Mundo.

Las variaciones del sistema climático mundial resultan de las interacciones entre la dinámica interna y específica de cada hemisferio, caracterizada por factores como El Niño o la circulación de los océanos, y ‘forzantes’ externos, tales como la radicación solar, las erupciones volcánicas que afectan a ambas mitades del planeta y la emisión de gases invernadero por acción del hombre.

Los investigadores del IANIGLA señalan que dado que en el pasado la influencia antrópica era menor, la variabilidad interna de cada hemisferio era mayor, es decir que a pesar de que somos una sola tierra hay variación entre los patrones de circulación atmosféricos de cada lado del Ecuador.

“En el trabajo concluimos que la variabilidad climática es de origen interno, lo que explicaría la autonomía relativa de cada hemisferio a lo largo del último milenio. Los modelos anteriores sobreestimaron la influencia de los factores externos en la variabilidad climática, lo que repercutió en una capacidad predictiva muy sesgada hacia de la circulación atmosférica general muy reducida a los datos conocidos del norte”, destaca Villalba.

Por su parte, Mundo señala que este trabajo da una imagen de cómo en los últimos 40 años se dio una tendencia de incremento sostenido de la temperatura en ambos hemisferios. Algo que se observa con más detalle ahora, aunque ya desde comienzos del siglo pasado se observa una tendencia marcada en este sentido, relacionada con el proceso de industrialización a escala global.

“Sin duda este trabajo en colaboración es resultado de la apertura que ha tenido la ciencia argentina en los últimos años, lo que ha permitido que vengan científicos de otros países a trabajar en nuestro país y que científicos argentinos vayan al exterior. Es un ejemplo del éxito de fortalecer las relaciones internacionales, no sólo norte-sur sino dentro del mismo hemisferio”, destaca Villalba.

  • Por Lucila Espósito.
  • Sobre investigación:
  • Raphael Neukom. Oeschger Centre for Climate Change Research, Universidad de Berna, Suiza.
  • Ignacio Mundo. Investigador asistente. IANIGLA.
  • Ricardo Villalba. Investigador superior. IANIGLA.