El CONICET lamenta el fallecimiento de Silvina Jensen
Fue investigadora principal del Consejo en el Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur (UNS). Especialista en Historia y docente en Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y en la UNS. Formó parte de proyectos de investigación en universidades argentinas y españolas ligados a los estudios de las dictaduras y los exilios.
La investigadora del CONICET jubilada y ex directora de la Unidad Ejecutora en Red del Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales (UER IDEHESI), Beatriz Figallo la recuerda con las siguientes palabras:
Hace 25 años atrás, un colega con quien compartíamos proyecto de investigación, me aviso que recorriendo las estanterías abiertas de la Biblioteca Robarts de la Universidad de Toronto, le había llamado la atención un original libro titulado La huida del horror no fue olvido. El exilio político argentino en Cataluña (1973-1983), publicado en 1998 por Silvina Jensen. Desde la Universidad Nacional del Sur, Silvina había llegado a Barcelona, y al poco tema ganó sus enormes energías de historiadora, lo que en sus palabras era entonces la “memoria silenciada” del exilio argentino en Catalunya.
En Barcelona, las becas y los amigos le permitieron vivir e investigar -que, en ella, eran casi una misma pasión-. En 1997 obtuvo el magister y en 2004 se doctoró en la Universitat Autònoma de Barcelona. Recorrió archivos, registró documentos y publicaciones, pero su intelecto y su corazón se llenó de casi el centenar de testimonios de argentinos que vivieron las consecuencias de la represión desatada en la patria que nos pertenecía a todos, siendo desterrados.
En 2007 apareció su libro La provincia flotante. El exilio argentino en Cataluña (1976-2006), publicado por el sello editorial Km 13.774 –la distancia máxima que separa América Latina, desde la isla de Pascua, de Cataluña y la Casa América Catalunya-. De ahí en más, su trabajo, sus libros y publicaciones, participación en proyectos, dictado de seminarios, organización y concurrencia a congresos, la llevaron a convertirse en una experta internacional sobre exilios.
Ya investigadora principal del CONICET, no descuidaba sus cátedras de Historia de la historiografía y de Metodología de la Investigación Histórica en la UNS, y a sus alumnos, sus ayudantes, sus discípulos, los protegía y los impulsaba con generosidad, en ocasiones, más allá de límites razonables. Los últimos años colaboró con su habitual entusiasmo en la Comisión de la Memoria del CONICET y en la Reparación de legajos de víctimas de la persecución política en la UNS.
Su entrega ha sido total: a veces coincidíamos en encuentros en ambientes académicos, ella con su mochila negra a cuestas. Me decía, la tengo siempre lista para el próximo viaje, cuando la mayoría de las veces, le tocaba trasladarse en ómnibus desde Bahía Blanca y mal dormir a bordo porque no había distancia que la asustara. Lo mismo con los aviones.
Era una persona buena y profundamente humana, sin que rivalidades profesionales y de egos hayan ensombrecido su carácter alegre, aunque las sufriera. En lo que compartimos, nos ayudamos lo más que pudimos, a veces ella dirigía proyectos sobre temas comunes, a veces los dirigía yo, con absoluta confianza. Me acercó sus amigos y yo los míos, sin importar más que fueran buenas personas. Fue una hija amorosa; cuando llegaban los veranos, los primeros días de vacaciones eran para su mamá, la que murió hace poco tiempo.
Silvina participaba de numerosos círculos de investigadores que tanto o más pueden decir sobre sus aportes como historiadora y como compañera, pero ella hacía sentir a cada uno, especial. Hace algo más de dos años comenzaron sus graves problemas de salud. Luchó incansablemente, mientras sus amigos de Bahía Blanca y más allá, la ayudaron con entrega y ternura, no exentos de coraje. No quería hablar mucho del tema -charlemos de otra cosa, repetía-, pero siempre fue sincera. En los momentos que se sentía mejor, escribía artículos, cerraba informes, completaba y editaba libros. Hace solo un par de días atrás, respondió un correo electrónico colectivo recordándonos la entrega de artículos, con un “la semana próxima”.
La historiografía pierde con la muerte de Silvina Jensen mucho, cuando su joven madurez permitía esperar tanto más de una obra que es ya clásica, necesaria e innovadora. Nos deja a los que la conocimos un vacío que se irá llenando poco a poco del recuerdo de las charlas, de los viajes, de los encuentros festivos, de tantos esfuerzos que nos regaló. Saliendo de un café, fuimos caminando del brazo y charlando por la rosarina calle Entre Ríos. Te dejé en la puerta de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Rosario. Hasta la próxima.