El CONICET lamenta el fallecimiento de Roberto Perazzo



Fue investigador independiente del CONICET en el Departamento de Física de la CNEA. Licenciado y doctor en Física por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Docente en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y en la School of Physics and Astronomy de la Universidad de Minnesota. Fue director del programa de Doctorado en ingeniería Informática en el ITBA, investigador invitado en la Universidad Federico II de Nápoles; miembro asociado del ICTP de Trieste, en la Universidad de Sao Paulo, en Saclay y en el Comissariat de Energie Atomique (Grenoble y académico titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas y Naturales).

El académico, investigador, profesor y referente en física nuclear Mario A. J, Mariscotti, colega y amigo de Perazzo lo recuerda con las siguientes palabras:

El 13 de septiembre falleció Roberto, compañero inteligente, vivaz, creativo, divertido y bondadoso. Lo primero que viene a mi memoria es su generosidad de pasar a buscarme a diario con su pintoresco Jeep rojo. Eran los años 1962-63 cuando nos mudamos a Núñez. En el camino también lo recogía a un muy querido y admirado compañero ciego, Norberto Salinas.

Roberto egresó del Nacional Buenos Aires en 1967. Cursamos juntos la licenciatura en Exactas en Perú 222. Tuvimos el privilegio de estudiar en la época dorada del Departamento de Física dirigido por J. J. Giambiagi con excelentes profesores como Bollini, Bes, Roederer. En esos años antes de la hecatombe de 1966, fuimos parte del grupo liderado por Daniel Bes.

Los hechos del 66 provocaron la emigración de muchos de nosotros. Roberto se fue a Minnesota donde estuvo un par de años perfeccionándose, antes de volver a Argentina e incorporarse al incipiente grupo de físicos nucleares teóricos de CNEA emprendido por Emma Pérez Ferreira y Ernesto Maqueda. Tengo un recuerdo simpático de su tránsito hacia Buenos Aires: Roberto pasó una noche en nuestra casa de Long Island.

En ese entonces lucía una frondosa barba. Llegó cuando nuestros hijos ya estaban durmiendo y lo acomodamos al lado del pequeño Alberto. ¡Pobre Alberto, el susto que se llevó al despertar y encontrarse con este barbudo desconocido a su lado!
Los 1970´s fueron años de mucha actividad y productividad científica en el Departamento de Física Nuclear de CNEA. Bes, Dussel y otros habíamos vuelto. Teníamos un tránsito continuo entre el “teoricón” y el “trópico” (lugar de los experimentales). Esos años los vivimos con sentimientos encontrados; por un lado, el entusiasmo de concebir y realizar un proyecto ambicioso como el TANDAR, por otro, la tragedia de la desaparición de gente cercana.

En 1984, restaurada la democracia, Roberto secundó a Manuel Sadovsky en la Secretaría de CyT, y allí desplegó su talento y sabiduría tratando de vencer la burocracia. Él fue el inventor del Juego de la Oca… la agobiante gestión de los expedientes: dos casilleros para adelante, uno para atrás, caricatura que, si bien provocó el enojo de algunas autoridades, también hizo reflexionar a muchos y ayudó a facilitar trámites.

Más tarde fue miembro del Directorio de CNEA. En la década de 1990 fue director del Centro de Estudios Avanzados de la UBA donde impulsó estudios interdisciplinarios. En el ITBA dirigió el departamento de Doctorado; fue asesor de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales; miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Colaboró intensamente con Ciencia Hoy, como fundador y presidente. Internacionalmente se destacó como investigador en el Centro de Física Teórica de Trieste, y en el Organismo de Energía Atómica de Francia; profesor en la Universidad de Nápoles y de Sao Paulo. (*)

Más allá de sus importantes aportes en física nuclear, Roberto completó su carrera científica interesándose por otros temas como lo atestiguan algunos de los libros que publicó: “De cerebros. mentes y máquinas”, “Azar, Ciencia y Sociedad” (con Pablo Jacovkis), “Economía de fronteras abiertas. Exploraciones en sistemas sociales complejos” (con Daniel Heymann y M. Zimmermann) y otro referido a una verdadera epopeya tecnológica, “Crónica de una reparación (im)posible: el incidente de 1988 de la Central Nuclear Atucha I” (con Juan C. Almagro y J.I. Sidelnik).

Guardo un enorme aprecio por Roberto y especial agradecimiento por las muchas cosas que me enseñó, me ayudó y me estimuló. Recuerdo el día que se apareció por casa, preocupado por una situación particular que me afligía, con el propósito de restaurar mi ánimo.

Roberto, ese gesto tuyo tan propio de tu proverbial forma de ser, está presente y me conmueve hasta el día de hoy que me toca despedirte. Gracias, que en paz descanses.

(*) Agradecimiento a Ernesto Maqueda por su ayuda con los datos biográficos de Roberto.